21 mayo 2006

Arturo Prat Chacón en el país de las maravillas


21 de mayo es un día de culto nacional, desde niños nos hemos acostumbrado a toda la iconografía de Arturo Prat, el Mes del Mar, el Combate Naval de Iquique, el desfile en un encapotado Valparaíso y el soporífero discurso presidencial, donde la farándula política espera los anuncios que normalmente no significan gran cosa para nadie, aunque igual la expectación y la esperanza nunca se pierden.

Los marinos tienen todo un mes de desfiles y celebraciones, en fin, todos los años más o menos lo mismo incluídas las acostumbradas protestas estudiantiles, palos, destrozos y bombas lacrimógenas.

Como ya es costumbre, la Presidenta anunció una nueva reforma y esta vez le tocó al sistema de previsión. Sin duda será otro enorme fracaso tal como la reforma a la justicia o la reforma a la educación ¡por favor, déjense de hacer reformas!, los políticos todavía no se dan cuenta de lo incapaces que son y siguen jugando con los sistemas igual como un niño que trata de reparar su reloj con cortaplumas y un martillo. Y nosotros solo podemos mirar, desde la galería como la manganada de tontos juegan a reformar al país y llenarse de privilegios con la plata de nuestros impuestos. Que diablos.

Me cae bien la figura de Arturo Prat y creo que ocupa un lugar muy merecido en el billete de 10 lucas, nada que ver con el macuco O´Higgins que mandaba asesinar a los que le hacían sombra. Mientras Prat era marino sacó su carrera de abogado y sirvieron juntos con Miguel Grau en la guerra contra España, eran buenos amigos pero en el combate de Iquique se enfrentaron y el resto es historia. El combate está muy bien documentado y muchas de las cosas que se dijeron entonces pasaron a la historia, desde el lúgubre "humos al norte" (sentencia de rendición o muerte para los chilenos) hasta la criolla pregunta de Prat antes de empezar el combate "¿almorzó toda la gente?", es decir, guatita llena, corazón contento. El discurso que Prat le dio a su gente antes del combate también es un modelo, corto, preciso y dejó sus intenciones bien claras:

"Muchachos, la contienda es desigual, pero, ánimo y valor. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y espero que esta no sea la ocasión de hacerlo. Mientras yo viva, esa bandera flameará en su lugar, y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber"

Así de precisos y claros debieran ser los discursos del 21 de mayo, pero como estamos gobernados por una raza de pomposos mongoles, que cruza desde la derecha a la izquierda, cada año en esta fecha debemos soportar su pavoneo ante las cámaras hablando puras tonteras. Que hacer, es lo que hay nomás.

13 comentarios:

  1. Una cosa es mentir, otra es creerte tus mentiras yo creo que los politicos se han autoconvencido que lo estan haciendo la raja. Chile se esta perdiendo unja oportunidad unica de cambiar rapido, se esta estancando.

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  2. Yo me imagino que pasará por la cabeza de tipos que vienen desde los años sesenta pasándose por ministerios, embajadas, parlamento, ONGs y Secretarías de la Juventudo, viviendo los "años malos" de la solidaridad internacional ¡jamás se han ganado la vida de manera decente! y luego ponen a los hijos, hermanos, cuñados, yernos todos repartiéndose privilegios. Y se hacen elegir una y otra vez mientras repiten discursos tontos y vaciós para tratar de conseguir un poquito más de poder o acceso al billete fiscal.

    Respeto más a un ladrón o un cogotero, por o menos esos corren algún riesgo con su manera de ganarse la vida.

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  3. Tomas,hay que diferenciar lo que es "arenga" y lo que es "discurso"
    Segun un programa de TVN , en el comb. naval de Iquique murieron alrededor de 35 marinos chilenos de menos de QUINCE ANHOS...!!!
    Para terminar nunca en estas fechas se recuerda como DEBE DE SER
    la astucia y profesinalismo sagacidad de Carlos Condell y el combate de Pta. de Angamos.

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  4. Tu punto de vista es el de los que pierden las guerras, porque en una guerra no se trata solo de ganar combates ni de astucia ni habilidad, sino de quebrar la voluntad del enemigo. Por eso es que no se hace gran celebración de Condell a pesar de su desempeño técnicamente perfecto, el sacrificio de la Esmeralda tuvo un valor estratégico muchísimo mayor.

    Podría decirse que Chile ganó la Guerra del Pacífico a partir del 21 de Mayo porque tuvo un efecto psicológico enorme tanto en Chile como en Perú.

    La opinión pública chilena se enardeció con el combate y los cuarteles se repletaron de voluntarios, el Huascar dejó de ser el terror del pacícico y se convirtió en una presa codiciada de la marina chilena, el efecto psicológico del Combate Naval de Iquique fue enorme tanto en Chile como en Perú de la época.

    Una derrota gloriosa puede ser estratégicamente mucho más importante que una victoria militar, por eso los ingleses celebran la retirada de Dunkerke y para los peruanos su fecha más heroica es el 7 de junio, cuando murieron cientos defendiendo el Morro. Las guerras no solo se pelean en el campo de batalla sino principalmente en el corazón y la cabeza de las personas.

    Y los jóvenes marineros muertos para eso estaban, para eso fueron y hicieron lo que debían hacer de manera honorable, la guerra se trata de eso: de matar gente y morir, no es un baile ni nada de eso.

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  5. Buena respuesta Tomas!

    Puedes ganar todas las batallas y perder la guerra!

    Eso es justamente lo que le esta pasando a EEUU en Irak

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  6. Hablando de los discursos y las "nuevas estrategias" para combatir los problemas de Chile, me quedó dando vuelta un análisis que aparece en el libro Freakonomic, donde se revela la verdadera razón para la disminución de la delincuencia (sobre todo juvenil) en EEUU. Estarían los políticos chilenos dispuestos a implementar algo similar?. No lo creo.

    C&P
    EL LADO OCULTO DE TODAS LAS COSAS

    A cualquiera que haya vivido en Estados Unidos a principios
    de los noventa y prestase una pizca de atención a las noticias de la
    noche o al periódico de cada día se le perdonaría el haberse muerto
    de miedo.
    El culpable era el crimen. Había ido aumentando implacablemente
    —una gráfica que trazara el índice de criminalidad en cualquier
    ciudad norteamericana durante las últimas décadas semejaba
    una pista de esquí de perfil— y parecía anunciar el fin del mundo
    tal y como lo conocíamos. La muerte por arma de fuego, intencionada
    o no, se había convertido en algo corriente, al igual que el
    asalto y el robo de coches, el atraco y la violación. El crimen violento
    era un compañero horripilante y cotidiano. Y las cosas iban
    a peor. Así lo afirmaban todos los expertos.
    La causa era el denominado «superdepredador». Durante un
    tiempo estuvo omnipresente: fulminando con la mirada desde la
    portada de los semanarios, abriéndose paso con arrogancia entre los
    informes gubernamentales de treinta centímetros de grosor. Era un
    adolescente canijo de la gran ciudad con una pistola barata en la
    mano y nada en el corazón salvo crueldad. Había miles como él ahí
    fuera, nos decían, una generación de asesinos a punto de sumir al
    país en el más profundo caos.
    En 1995, el criminólogo James Alan Fox redactó un informe
    para la oficina del fiscal general del Estado que detallaba con gravedad
    el pico de asesinatos perpetrados por adolescentes que se
    avecinaba. Fox proponía un escenario optimista y otro pesimista.
    En el escenario optimista, creía que la tasa de homicidios cometi—
    dos por adolescentes se incrementaría en otro 15% en la década
    siguiente; en el escenario pesimista, sería más del doble. «La próxima
    oleada criminal será de tal envergadura —declaró—, que hará
    que 1995 se recuerde como los buenos tiempos.»
    Otros criminólogos, politólogos y doctos analistas plantearon
    el mismo futuro horrible, como lo hizo el presidente Clinton. «Sabemos
    que tenemos alrededor de seis años para solucionar el problema
    de la delincuencia juvenil —declaró—, o nuestro país se verá
    inmerso en el caos y mis sucesores no pronunciarán discursos acerca
    de las maravillosas oportunidades de la economía global, sino
    que tratarán de que la gente consiga sobrevivir en las calles de
    nuestras ciudades.» El dinero de los inversores inteligentes se encontraba
    claramente en el crimen.
    Y entonces, en lugar de seguir aumentando la criminalidad
    comenzó a descender. A descender y descender y descender aún
    más. La caída resultó sorprendente en varios sentidos: era omnipresente,
    las actividades criminales, en todas sus categorías, disminuían
    a lo largo y ancho del país; era constante, con descensos cada vez
    mayores año tras año; y completamente imprevista, sobre todo
    para los grandes expertos que venían prediciendo lo contrario.
    La magnitud del cambio resultaba increíble. El índice de asesinato
    adolescente, en lugar de aumentar el 100% o incluso el 15%
    como había advertido James Alan Fox, cayó más del 50% en cinco
    años. En 2000, el índice de asesinatos en Estados Unidos había
    descendido al menor nivel en treinta y cinco años. También lo hicieron
    los índices de todos los tipos de actos criminales restantes,
    desde las agresiones hasta los robos de coches.
    Aun cuando los expertos no habían anticipado el descenso de la
    criminalidad —que, de hecho, ya se estaba produciendo cuando realizaron
    sus espeluznantes predicciones—, ahora se apresuraban a
    explicarla. La mayor parte de sus teorías resultaban perfectamente
    lógicas. La economía emergente de los noventa, argumentaban, ayudó
    a hacer retroceder el crimen. Fue la proliferación de las leyes para
    el control de las armas, decían. Era el tipo de estrategias policiales
    innovadoras que se aplicaron en la ciudad de Nueva York, donde los
    asesinatos descendieron de 2.245 en 1990 a 596 en 2003.
    Estas teorías no sólo eran lógicas, sino que además resultaban
    alentadoras, porque atribuían el descenso de la criminalidad a ini—
    ciativas humanas específicas y recientes. Si lo que había acabado
    con el crimen era el control de armas y las estrategias policiales
    inteligentes, bueno, entonces el poder de detener a los criminales
    siempre se había hallado a nuestro alcance. Como lo haría la siguiente
    vez, Dios nos libre, que el crimen se agravara de semejante
    forma.
    Estas teorías se abrieron paso, al parecer sin cuestionamiento
    alguno, desde las bocas de los expertos a los oídos de los periodistas
    y a la opinión pública. En breve pasaron a formar parte de la sabiduría
    convencional.
    Sólo presentaban un problema: que no eran ciertas.
    Entretanto, existía otro factor que había contribuido enormemente
    al extraordinario descenso de la criminalidad en los noventa.
    Había tomado forma veinte años antes e implicaba a una joven
    de Dallas llamada Norma McCorvey.
    Como la mariposa del proverbio que bate sus alas en un continente
    y finalmente provoca un huracán en otro, Norma McCorvey
    alteró de forma espectacular el curso de los acontecimientos sin
    pretender hacerlo. Lo único que ella quería era abortar. Era una
    mujer de veintiún años, pobre, sin educación, no cualificada, alcohólica
    y consumidora de drogas, que ya había entregado a dos hijos
    en adopción y ahora, en 1970, se encontraba de nuevo embarazada.
    Pero en Texas, como en casi todos los estados del país en
    esa época, el aborto era ilegal. La causa de McCorvey fue adoptada
    por gente mucho más poderosa que ella. La convirtieron en la
    litigante principal en una demanda colectiva por la legalización del
    aborto. El demandado era Henry Wade, fiscal del distrito del Condado
    de Dallas. El caso llegó finalmente al Tribunal Supremo de
    Estados Unidos; para entonces, el nombre de McCorvey había sido
    disfrazado como Jane Roe. El 2 de enero de 1973, el tribunal falló
    a favor de la señorita Roe, permitiendo así el aborto legalizado
    en todo el país. Aunque entonces ya era demasiado tarde para que
    la señorita McCorvey/Roe abortase: había dado a luz y entregado
    al niño en adopción. (Años más tarde renunciaría a la causa de la
    legalización del aborto y se convertiría en una activista pro vida.)
    En lo que respecta al crimen, resulta que no todos los niños
    nacen iguales. Ni mucho menos. Décadas de estudios han demostrado
    que un niño que nace en un entorno familiar adverso tiene
    muchas más probabilidades de convertirse en un delincuente. Y los
    millones de mujeres con mayores probabilidades de abortar tras el
    caso «Roe contra Wade» —madres pobres, solteras, adolescentes
    para quienes el aborto ilegal resultaba excesivamente costoso o
    inaccesible— con frecuencia constituían ese modelo de adversidad.
    Eran esas mujeres cuyos hijos, en caso de nacer, tendrían muchas
    más probabilidades que la media de convertirse en delincuentes.
    Pero como consecuencia del caso «Roe contra Wade», esos niños
    no nacían. Esta causa poderosa tendría un efecto tan drástico como
    lejano: años más tarde, justo cuando esos niños que no nacieron
    habrían alcanzado la edad de convertirse en delincuentes, el índice
    de criminalidad comenzó a caer en picado.
    No fue el control de armas o un fuerte crecimiento económico
    o las nuevas estrategias policiales lo que finalmente atemperó la
    ola de crimen en Estados Unidos. Fue, entre otros factores, el hecho
    de que la fuente de criminales potenciales se había visto reducida
    de forma drástica.
    Ahora bien, cuando los expertos en la caída de la criminalidad
    (antiguos catastrofistas) relataban sus teorías a los medios de comunicación,
    ¿cuántas veces citaron la legalización del aborto como una
    causa?
    Ninguna.

    Extracto del libro: Freaknomics
    http://www.antartica.cl/antartica/servlet/LibroServlet?action=fichaLibro&id_libro=48416

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  7. Tomas - me gusto mucho tu ultima respuesta ... es tan cierto "puedes ganar todas las batalles y perder la guerra". Con verguenza tengo que admitir que no se nada de esa parte de la historia de Chile, los detalles de las batallas pre-gerra del Pacifico. Un amigo viene a visitarme pronto desde Chile y me gustaria encargarle unos buenos libros en el tema para ponerme al dia ... tienes alguna recomendacion?
    Que estes super bien,
    Lilian

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  8. Anonimous, Lilian, el factor psicológico poco se toma en cuenta y al final es lo que decide los conflictos, no solo las guerras sino los problemas diplomáticos y de todo tipo. La Esmeralda se hundió como si estuviera de fiesta, miren esta crónica del diario peruano, El Comercio de Iquique, que publicó un artículo el 22 de mayo de 1879, o sea el articulista fue testigo presencial del combate:

    - "Al habla ambos buques, el Comandante Grau intimó rendición a la "Esmeralda", pero el jefe de la corbeta chilena se negó a arriar su bandera".

    - "Era preciso que se diese fin a un drama tan sangriento y que no reconoce ejemplo en la historia del mundo".

    - "En efecto, la "Esmeralda" se inclinó hacia estribor que fue por donde el ariete la cortó y segundos después se hundió siempre de proa.
    El pabellón chileno fue el último que halló tumba en el mar".

    - "Al hundirse la "Esmeralda", un cañón de popa por el lado del estribor hizo el último disparo, dando la tripulación vivas a Chile".

    - "Después de la catástrofe, que apagó los gritos de entusiasmo con que desde el principio eran saludados los tiros del "Huáscar" por el pueblo y el ejército, siguió el estupor y silencio de todos.

    La impresión que en los habitantes produjo el hundimiento del buque enemigo, pudo más que la alegría y la apagó. Tremendos misterios del corazón humano!.

    "Lo último que desaparece en las aguas es el pabellón chileno; no se oye el más leve grito, ni clamor alguno de socorro; ni siquiera resuenan vítores... a todos nos tiene anonadados el horror de aquella tremenda escena".

    Lilian, yo me pegué la lata con la historia de Encina, que es medio monotemático pero la escribe bien entretenido. Claro que la edición económica tiene como cuarenta y tantos tomos...lo mejor es ir leyéndolos saltados y al final leer todo en secuencia.

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  9. Demian, que ni te lea el cura Medina porque vendría a perseguirte desde el Vaticano y se pelaría la punta del zapato!!

    El aborto podría ser una solución en los grandes números, quien sabe, pero también quien sabe lo que nos podríamos perder. Ronald Reagan fue un hijo de padre alcohólico y gano -el solito- la guerra fría, sin mayor currículum de nada. A mi no me preocupa tanto la delincuencia, que va a existir siempre como la impunidad, me da rabia que no nos podamos tomar venganza contra los malandras, solo eso.

    Para mi es un puro asunto de satisfacción de mi sed de venganza, ni me importa si los presos se reforman o salen peores, total, este va a ser siempre un mundo peligroso, pero lo que me saca pica es que el gobierno, con nuestra plata se dedique a protegerlos en lugar de darles duro. Mal que mal, en mi opinión, para lo único que se justifica tener un gobierno es para reprimir a los malandras y defendernos -eventualmente- de los vecinos.

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  10. Tomas, Yo postee el punto sobre C. Condell solo que me olvide de firmarlo. En lo referido a que es mejor perder algunas batallas...que cosas estas diciendo hombre o acaso no haz leido a Von Clauswitz en tiempos
    de guerra la
    premisa principal es AVASALLAR al enemigo, aniquilarlo, en otras palabras borrarlo del mapa
    Con lo que acabas de escribir seguro que tienes ganado un puesto en alguna principal academia de militar alrededor del mundo.
    Tu dices que mi punto de vista es de los que pierden las guerras...
    Osea que desde hoy en adelante
    no hay que celebrar ninguna
    batalla ganada ni siquiera nombrar al hombreq estubo acargo de ese triunfo...?
    Meparece que Chile Ya tenia ganada la Guerra del Pacifico mucho antes del 21 de Mayo.
    Despues en Chile andamos celebrandos triunfos morales.
    Sobre el conocimiento que tenemos de la Guerra del Pacifico te digo:
    "...la Historia la escriben los vencedores.."

    Fco. Jurado
    Houston, Texas

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  11. Hay innumerables contraejemplos para lo que escribes, si bastara con avasallar militarmente al enemigo entonces habría sido facilísimo para USA tener el control total del mundo porque no hay país que bélicamente le haga el peso.

    Y es raro que menciones a Clauswitz porque, junto con Tsun Zu (o como se escriba) fueron los que con más fuerza apoyaron la idea que el objetivo de las guerras era quebrantar la voluntad del enemigo, mucho más importante que aniquilarlo físicamente. Mira lo que escribió el propio Clauswitz sobre el papel que juegan las emociones en una guerra:

    "Truth in itself is rarely sufficient to make men act. Hence the step is always long from cognition to volition, from knowledge to ability. The most powerful springs of action in man lie in his emotions. He derives his most vigorous support, if we may use the term, from that blend of brains and temperament which we have learned to recognize in the qualities of determination, firmness, staunchness, and strength of character."

    Por eso Chile no se pudo adueñar de todo el Perú a pesar de tenerlo militarmente sometido, un caso similar es lo que vemos hoy en Iraq. No basta con ganar batallas que pueden ser victorias tácticas sino que lo importante es quebrar la voluntad de lucha y eso es algo en lo que las batallas solo forman una parte.

    Lo curioso es que la voluntad de lucha se puede quebrar incluso desde el propio bando, por desmoralización , tal como pasó en Corea y Vietnam o como pasa ahora cuando las voces "progresistas" le tiran salvavidas de fierro a los compatriotas que se están jugando el pellejo. En la guerra del Pacífico también tuvimos de esos, el más notable desmoralizador fue Benjamín Vicuña Mackena que bajo un barniz de patriotismo desde su escritorio se dedicaba a torpedear a los que realmente estaban jugándose el destino del país. Por eso el componente psicológico y los actos de heroismo son tan importantes en una guerra.

    A propósito en
    http://www.bradanovic.cl/3stpral.htm
    Tengo publicado "El Arte de la Guerra" de Sun Tzu

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  12. ¿Y los cabros chicos que particiapron en el combate?. Entiendo que algunos no tenían más de 10 años cumplidos...
    ...¿Cómo diablos llegaron ahí?

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  13. Hay un libro extraordinario escrito por Arturo Benavides Santos, se llama "Seis Años de Vacaciones" y cuenta como a los 13 o 14 años, falsificando su edad se enroló en el ejército y participó con el Buin en cada una de las grnades batallas de la guerra.

    Hubo muchos niños que se enrolaron falseando la edad y otros que se fueron asimilando a medida que pasaban las tropas, generalmente formaban la banda de guerra que era la que iba en primera línea a las cargas animando a los soldados, el corneta acompañaba al que llevaba la bandera y ambos eran los blancos más codiciados en las batallas.

    En el museo del Morro hay fotos, pequeñas botas y uniformes de esos niños que pelearon.

    En http://www.laguerradelpacifico.cl/articulos/ninos.htm
    hay un buen relato sobre el papel de los niños en la guerra

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"Send me a postcard, drop me a line
Stating point of view
Indicate precisely what you mean to say
Yours sincerely, wasting away
Give me your answer, fill in a form
Mine for evermore
Will you still need me, will you still feed me
When I'm sixty-four"