Un buen comentario de Momo me pone a pensar en nuestra extraña, y algo esquizofrenica, relación con los animales. De partida nosotros mismos somos animales, dudo que alguien pueda negar una cosa tan obvia, aparte de todos los apellidos que le pongamos somos esencialmente animales, nuestra diferencia con ellos es -en mi opinión- solo de grado y no de substancia.
¿Quien puede desconocer el sentimiento al mirar a los ojos a un perro? cuando me como mi pan con mantequilla y el Beppy se sienta pacientemente a esaperar que le convide un pedazo, su mirada es más elocuente que si me lo estuviera pidiendo con palabras. Y cuando le digo en voz muy baja "fuera" para que deje de molestarme, mientras sale despacio solo le faltan las lágrimas porque su desilusión es evidente.
Los animales son nuestros parientes, no tengo ninguna duda, pero también los comemos y los más cercanos, como el chanchito que mencionaba Momo suelen ser los más sabrosos ¿no es eso ser antropófago?, bueno, tal vez un poco, pero no tiene nada de raro, lo raro es que nos dé pena comerlos. Porque muchísimos animales se comen entre sí, es lo más común "el pez grande se como al más chico" y luego tal vez es comido por una ballena que la cazan unos japs para a su vez comérsela. Sería extraño que al zorro le diera pena cazar liebres o al leon le dé pena comerse a las cebras, algo completamente fuera del orden normal que conocemos.
Es imposible que un ser humano viva sin matar ni un animal en su vida, claro que puede negarse a comer el cadaver de un primo chanchito o de una prima vaca, pero no hay ninguna razón natural o lógica tras esto, es solo un escrúpulo. Y los escrúpulos que todos tenemos son irracionales, no necesitan ser explicados, simplemente los tenemos, normalmente por razones culturales, religiosas o morales. Muy pocos de nosotros, tal vez nadie, comería un ratón o una cucaracha, aunque hayan sido criados en un ambiente muy limpio, a muchos nos parece asqueroso comer a un perro (aunque yo no creo que tendría problemas con eso, al menos gatos he comido), ¿por qué son los escrúpulos? no hay ninguna razón muy lógica, son como el miedo o la verguenza o muchas otras cosas que nos caen mal sin razón aparente.
Yo por ejemplo le tengo miedo a las alturas, desde my chico, ni muerto me acercaría al borde del Morro sin protección. Sin embargo cuando me quedé colgando en la camioneta no alcancé a sentir miedo, estaba demasiado ocupado pensando que hacer. Tampoco siento ningún miedo en mirar desde la ventanilla de un avión, ni desde la gran ventana del piso 75 del Empire State, donde tenía su oficina el señor Wilcheck, sin embargo nunca me he atrevido a tirarme a la piscina desde un trampolín, ni siquiera desde el de 1 metro, que cosa más extraña.
Hay gente que le tiene asco a las palomas, las ratas del aire le dicen, yo felíz me comería unas palomitas doradas en la parrilla, ni un problema, en cambio le tengo asco al pan mojado. Uno de los peores recuerdos de mi vida es cuando ví en Chiloé a un viejito que desmigaba un pan dentro de una taza de café con leche y hacía una especie de budín con la cuchara, de solo escribirlo me siento un poco enfermo, que cosa más asquerosa. SIn embargo la sopa de cebolla, con pedazos de pan de molde tostado flotando entre tiritas de tocino me parece sublime ¿quien entiende el asco?.
Anoche fuimos con Daniel a comer donde Don Floro invitados por Prati y su señora, íbamos a comer parrillada pero no habían chunchules (tripas de vaca, cocinadas en olla a presión, arrebozadas en harina tostada, linaza, huevo y luego fritas) ¿que es una parrillada sin chucnhules? Es como un barco sin timón, como toro sin su tora, como pelota sin aire. En fin, cada uno pidió su plato entonces y yo pedí riñones que hace tiempo no comía.
Los riñones son el filtro donde el animal purifica su orina y por más que los preparen siempre conservan un olor muy fuerte que puede ser desagradable para algunos, cuando llegó mi plato noté el olor y pensé que tal vez me había equivocado en pedirlos, venían con papas fritas cortadas en grandes trozos, arroz y sobre una salsa de vino muy espesa. Cuando le dí el primer mordisco al riñón.. uhhhh, tenía una textura casi dura, como un loco, pero en el punto justo. Una explosión de sabores del riñon y la salsa, que cosa más rica por la flauta. Mucha gente escrupulosa no come interiores, para mi gusto al menos tienen un sabor mejor que el más fino filete.
Y a propósito de otro comentario de Ulschmidt de filosofar a la manera griega, me puse a revisar el asunto ese de los simposios o reuniones de bebedores, resulta que tengo muchas cosas en común con los griegos, excepto que -afortunadamente- no se me ha dado vuelta el paraguas, hay muchas otras costumbres interesantes. Resulta que para hablar de filosofía los griegos no se iban a una aburrida sala de clases como hacen ahora sino que organizaban un banquete. Y no comían en mesas y sillas sino que en lechos, comían recostados o completamente acostados, mientras se emborrachaban con vino para hacer fluir mejor las ideas. No es de extrañar que así hayan nacido las mayores joyas de la filosofía ¿como no van a surgir grandes ideas mientras estamos comiendo, chupando y conversando?.
Todo griego tenía formación musical durante la infancia así es que llegaban a los simposios con sus flautas, liras o el instrumento que tocaran. Venían hetairas (chicas alegres, de pago) a entretener a la concurrencia así como músicos, siempre tenía que haber alguien tocando el oboe, leo en Wikipedia que el que se portaba mal era obligado a bailar desnudo y que a menudo los banquetes terminaban en medio de la embriaguez general, y las pinturas de los vasos muestran a mujeres que sostienen y llevan con dificultad a sus casas a los bebedores en estado lamentable.
Pasan los siglos y todo sigue más o menos igual, anoche terminamos todos medio cufifos discutiendo asuntos tan filosóficos como inútiles, como siempre, muy felices para la casa "en estado lamentable". Será hasta el próximo simposio, hasta mañana.
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