24 mayo 2026

Ucrania revolucionó la guerra

Nadie creía en Ucrania
Creo que va a pasar mucho tiempo antes que nos podamos valorar claramente lo que ha sido la guerra entre Rusia y Ucrania. Cuando partió la invasión rusa yo -como casi todo el mundo- pensé que Ucrania caería en un par de semanas y Putin instalaría allí su gobierno títere.

Pero en menos de dos semanas Rusia había perdido la guerra. No fue rendida militarmente y probablemente nunca lo será, ya que su enorme territorio hace imposible una ocupación y el volumen de sus fuerzas armadas y su industria militar la protegen de ser aniquilada.

No solo le pasó a Rusia
Sin embargo Rusia perdió la guerra en el mismo sentido que Estados Unidos perdió la guerra en Corea, Vietnam y Afganistán. Y la propia Unión Soviética ya sufrió una derrota similar en Afganistán algunas décadas atrás.

Una guerra se pierde cuando no hay posibilidades de alcanzar los objetivos estratégicos, la guerra está perdida sin necesidad de rendiciones ni aniquilación. Es el caso de Rusia que al invadir no alcanzó ninguno de sus objetivos y está hoy en una situación mucho peor de cuando comenzó.

Lis hicieron picadillo
Recuerdo la columna blindada de cerca de 50 kilómetros que avanzó sobre Kiev, los múltiples frentes simultáneos que abrió Rusia y las oleadas de aviones y helicópteros que trataron de establecer su base en el aeropuerto de Hostomel.

Todo falló. La columna blindada estiró sus líneas de suministro y al no poder avanzar con la rapidez suficiente quedó empantanada en la carretera convertida en patos del tiro al blanco. Los misiles Javelin lanzados por un solo soldado mostraron las debilidades del diseño de los tanques rusos.

A pocos kilómetros de Kiev tuvieron que empezar la retirada y buena parte de la enorme columna blindada quedo incendiada en el camino. El fracaso de ese primer ataque marcó la derrota militar de Rusia, buena parte de lo que ha pasado en los 4 años siguientes ha sido más de lo mismo.

Apuesta arriesgada y dalla desastrosa
Cuando se apuesta fuerte o se gana muchísimo o se pierde todo: en la apuesta de Putin lo está perdiendo todo. Cuando empezó la invasión todos teníamos la idea que Rusia era una potencia militar enorme y que Ucrania tenía un ejército de juguete, con puros borrachos indisciplinados.

El propio Putin ya había adelantado su apuesta antes al invadir Crimea y el resultado para él había sido espectacular. Prácticamente fue un paseo, la población invadida no opuso resistencia y los demás países se limitaron a protestar tibiamente.

En el fondo todos aceptaban -de manera explicita o implícita- que Ucrania debería estar bajo el espacio de influencia de Rusia y por eso miraron para el lado cuando soldados sin distintivo de tomaron la península y un plebiscito arreglado declaró la separación de Ucrania.

Por qué todo salió mal
¿Qué pasó entonces? ¿Qué cambió para que los ucranianos presentaran tan feroz resistencia esta segunda vez? Yo creo que fueron varias cosas que la Inteligencia Rusa fue incapaz de valorar en su momento.

El factor Zelenski
Primero que todo que el presidente ya no era el pro ruso Yanucovich ni el billonario Poroshenko, sino un humorista, un tipo que se había hecho muy popular con la serie de sátira política "El servidor del pueblo", que pasó de ficción a realidad de un día para otro.

Volodimir Zelenski, el humorista, resultó ser un líder extraordinario desde el primer día de la invasión, creo que es una de las cosas que explican el fracaso de Rusia y que la Inteligencia no fue capaz de evaluar en su momento. El humorista levantó y mantiene al país en guerra.

Mal cálculo con Alemania y Europa
Putin también tenía confianza en que Alemania no se atrevería a ir en su contra, basado en que había intimidado eficazmente a la ex canciller Merkel y uno de sus aliados era también el ex canciller Gerhard Schröder, que era presidente de Nord Stream AG, que operaba el gaseoducto entre Rusia y Alemania.

En el primer año de la invasión Putin bromeó muy confiado sobre el duro invierno que esperaba a los alemanes sin el gas ruso, tremendo error porque esa amenaza enfureció no solo a la opinión en Alemania sino al resto de Europa, que se alinearon decididos a negar la sal y el agua a Rusia.

La brutalidad no da frutos, la eficacia si
Otro error gravísimo fue el intento de presentar a sus soldados como un ejército feroz y cruel, con el Grupo Wagner que mandó a pelear a gente reclutada en la cárcel y a los chechenos, que supuestamente eran guerreros muy feroces. 

Las atrocidades cometidas en Bucha multiplicaron el aislamiento internacional de Rusia. Resulta que ni los Wagner ni los chechenos resultaron tener mucho valor militar porque no tenían lo mínimo que se espera de los soldados: cohesión, disciplina y eficacia. Eran solo bandas de criminales y campesinos armados.

Tal vez la inteligencia no se equivocó, sino Putin
La guerra se ve como un fracaso monumental de la inteligencia rusa, aunque tal vez no fracasó tanto porque un día antes de la invasión, Putin hizo una teatral reunión televisada, donde cada miembro de su Gabi tente lo apoyaba, hasta que llego al jefe de inteligencia exterior (SVR) Sergei Narishkin.

"Narishkin se puso visiblemente nervioso, tartamudeó e intentó sugerir dar un margen de negociación a Occidente. Putin lo interrumpió y lo presionó de forma tajante hasta que el jefe de espías, descolocado, llegó a decir que apoyaba la "anexión" de esos territorios a Rusia, algo que ni siquiera estaba sobre la mesa en ese minuto del guion.

Transcripción del careo entre Putin y Narishkin

Vladímir Putin: (...) Hable con claridad, ¿apoya usted el reconocimiento de la independencia?
Serguéi Narishkin: Yo... yo apoyaré...
Putin: ¿Apoyará o apoya? Hable directo, Serguéi Yevguénievich.
Narishkin: Yo apoyo la propuesta del reconocimiento de...
Putin: Entonces diga: "Sí o no".
Narishkin: Sí, yo apoyo la propuesta de incorporar las repúblicas de Donetsk y Luhansk a la Federación de Rusia.
Putin: No estamos hablando de eso. No estamos discutiendo eso. Estamos hablando de reconocer su independencia o no.
Narishkin: Ah... sí. Yo apoyo la propuesta de reconocer su independencia.
Putin: Bien. Por favor, tome asiento. Gracias"
.

Creo que esa fue una de las conversaciones más reveladoras en la historia de esta guerra, que muestra como Putin solo pedía apoyo incondicional y público, pese a las dudas que tenía el jefe del  SVR.

Curiosamente Serguéi Narishkin sigue firmemente en su puesto hasta el día de hoy, lo que muestra que Putin entiende perfectamente que las dudas que tenía su director de inteligencia eran acertadas.

A Trump le pasó lo mismo
Cuando un presidente confía más en su instinto que en los análisis de inteligencia pasan estos desastres. Trump se aburría escuchando el briefing diario que le daba la CIA y se dice que lo pidió en formato de video, al estilo de Fox News. Además lo que menos buscaba era el consejo de otros.

Le pasa lo mismo que a Putin y esa es la explicación de su seguidilla de fracasos y las innumerables veces que ha tenido que echar pié atrás y comerse sus palabras. La inteligencia se puede equivocar, pero al menos abre los ojos y permite tomar decisiones informadas, mucho peor es ir dando palos de ciego y confiar en los instintos.

La grandeza y la humillación de Rusia
Todos los rusos han vivido en un entorno de verdades oficiales y propaganda masiva. Esto es algo que viene desde tiempos inmemoriales, inclusive antes de la Revolución Bolchevique Rusia ha manejado a su gente con cuentos de hadas sobre su grandeza.

Pedro el Grande, Carolina la Grande, Iván el Terrible, Stalin "el que es de acero", han sido formas de glorificar la fuerza y el poderío. Durante la Unión Soviética esta propaganda llegó al paroxismo y Putin no es solo un chiflado más, sino que continúa una línea que sueña con la mitológica "grandeza de Rusia".

Pero Rusia -como país- ha sido humillada muchas veces. Cuando un país es humillado -especialmente en guerras- busca crear una épica de "puñaladas por la espalda" y acciones heroicas inventadas para compensarlo. Eso es casi tan malo como vivir lloriqueando y menospreciándose a si mismo, como pasó a los españoles después de perder el Imperio.

Ahora los tienen acogotados, otra vez
Rusia ha perdido mucho con la invasión, y sigue perdiendo. Un país incomparablemente más chico y con muchos menos recursos les está dando guaraca. Eso no dice mucho del país, porque los resultados de la guerra son siempre inciertos, pero si que debe estar afectando al ego nacional.

Antes, el discurso oficial decía que la poderosa Rusia se estaba enfrentando sola contra todo el perverso mundo occidental: la pureza de la Madre Rusia contra un degenerado Occidente, ese es el discurso de Alexander Dugin, el chiflado.

Con Trump se terminó la ayuda militar a Ucrania y ni falta que les ha hecho. Gracias a eso han desarrollado un a extraordinaria industria propia y han cambiado las leyes de la guerra. Junto con la Alemania hitlerista, Rusia de Putin debe haber sido el gobierno que ha recibido las peores humillaciones 

¿Y qué queda?
Solamente que se vaya Putin. Si no puede aceptar su fracaso -y parece claro que no puede- solo le queda seguir desangrándose lentamente. A estas alturas, ni siquiera el uso de armas nucleares tácticas lo puede salvar. Putin sigue haciendo lo único que puede: estirar el chicle.

Y cuando se vaya lo único que le quedará a Rusia será tragarse el sapo, terminar con la guerra estéril donde ya no tiene nada que ganar y recomponer vínculos por fin con Europa y el resto del mundo. 

Cuando se terminen los delirios de grandeza de Putin, que ya no tienen de donde sostenerse, un nuevo gobierno Ruso tendrá que despertar a su realidad y darse cuenta que su destino es integrarse a Europa, ya no como un hegemón, sino como un país más, con sus puntos débiles y fuertes, como cualquier otro país europeo.

Creo que delirio de la grandeza de Rusia ya se está extinguiendo -menos mal- es un delirio que ha durado demasiado, se ha mostrado que es ridículo y ha hecho daño a buena parte del mundo. Mientras antes despierten de este mal sueño, mejor. 

Y ojo, porque a China le puede pasar exactamente lo mismo. Incluso al propio Estados Unidos si es que no paran al anciano demente de Donald Trump. No son buenos tiempos para los caudillos.

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