Páginas

11 abril 2026

Refrito: los hijos de los hippies

(Publicado originalmente el 30 de agosto de 2011)
Los fanáticos de los Simpsons deben recordar el capítulo ese donde Ned Flanders no soporta más la estupidez y los abusos de Homero y explota destrozando todo lo que encuentra a su paso. Cuando lo llevan al psiquiatra, él recuerda en una regresión a sus padres hippies que le decían a un consejero: "Hemos intentado no hacer nada y ya no sabemos qué hacer".

La generación de hijos y nietos de los hippies es uno de esos cambios silenciosos de los que vemos los efectos, pero rara vez la reconocemos como causa. Los hippies hoy tienen más o menos entre 75 y 85 años, sus hijos entre 45 y 55 y los nietos entre 20 y 30; son generaciones fácilmente reconocibles.

Los hippies fueron en su mayoría padres involuntarios, por accidente, gente que odia cualquier clase de responsabilidad, dedicados a perseguir la felicidad personal igual que los niños, para tener todo lo bueno sin pagar el costo de nada. 

Aunque muchos hippies pagaron costos enormes, friendo sus neuronas con el abuso de drogas o el hígado con el alcohol. Pasarlo bien sin frenos ni responsabilidad era la consigna en la revolución de las flores, y los que se quedaron pegados en eso terminaron muy mal.

Todavía quedan viejos hippies, pegados en los setentas con pelo largo y canoso, si es que les queda. Conozco a varios que criaron a sus hijos como "amigos" y hasta se fumaban un joint con ellos de vez en cuando. Si algo se les nota es la ansiedad con que la mayoría enfrentan el proceso de envejecimiento. Otros viejos hippies se asimilaron y andan camuflados como personas normales, pero no se engañen.

Padres consentidores, con una alta opinión acerca de sí mismos y más alta todavía de sus hijos —están convencidos que tienen puros hijos índigo— ¿qué salió de todo eso? Los hijos de los hippies, consentidores al cuadrado, rápidos para casarse y más rápidos para separarse, se mueven entre sus varias familias que "conviven en buena onda".

Convencidos por sus padres que eran unos genios, solo que nadie se los reconoce, que los profesores no los comprendieron y por eso los botaron de la universidad. Convencidos por papá hippie que se lo merecen todo, viven endeudados hasta el cuello por culpa de los siniestros bancos, que los engañaron diciéndoles que podían tener todo lo que quisieran sin necesidad de pagar.

Y la cosa termina con la tercera generación: los nietos de los hippies. Con papás y abuelos que son amigos buena onda, que se endeudan a ojos cerrados porque "la sonrisa de su hijo vale más que cualquier cosa", viven comprando su cariño con regalos. Los nietos de los hippies empiezan a manejar a los 14 y pierden la virginidad a una edad cada vez más temprana.

Entonces los vicios de padres y abuelos se multiplican al cubo. Pequeños petulantes, sabelotodos convencidos que tienen claro todo lo que se necesita para "tener éxito en la vida", piensan que sus profesores valen hongo, y son apoyados incondicionalmente por los padres contra el profe que les tiene mala. 

Viven exigiendo sus imaginarios derechos que adquirieron por el solo hecho de haber nacido. Esos son los niños que hoy se toman los colegios y universidades si son de clase media o alta, o los delincuentes que salen a hacer destrozos si son de clase baja.

Las tres generaciones son cobardes y bravuconas, se juntan en patotas y viven resentidos porque siempre encuentran a alguien a quien echarle la culpa de las consecuencias de su estupidez. 

Los criaron convencidos que eran unos Einstein, pero como no lo pueden demostrarlo ni mucho menos, entonces alguien debe tener la culpa. Siempre encuentran culpables: las empresas, los capitalistas, los políticos o quien sea. Sufren mucho.

Ni se les pasa por la mente que los verdaderos y únicos culpables son ellos mismos, eso es impensable para tipos que crecieron convencidos de ser genios incomprendidos, Esos son los que vemos gritando, vandalizando y exigiendo sus derechos por todos lados: los hijos y nietos de los hippies.

3 comentarios:

  1. Hace un par de años pasé por Capilla del Monte, un pueblo platillista en Córdoba. Sufrió hace décadas una invasión de esotéricos de Buenos Aires porque, supuestamente, los alienígenas aterrizan por allí cada tanto. Los hippies aparecieron pronto tras estos, tienen locales donde venden aceite de cannabis - y huelen a que además del aceite se fuman cada tanto un porro - y tratan de venderte piedras con energías extrañas o colecciones de revistas de los 70. Algunos hacen de guías para mostrarte las luces misteriosas que vagan entre los cerros a la noche (supongo que ellos mismos las ven tras algunas inspiraciones) Uls

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Si Ulschmit, que pasen drogados, se vistan estrafalario y hablen puras tonteras no es cosa grave, acá en el Valle del Elqui y otros lugares supuestamente esotéricos siempre se juntan de esos, vda loco con su tema.

      EL problema son las generaciones de estúpidos y petulantes que han criado como hijos y netos. Eso son generaciones.

      Borrar
  2. Recuerdo esos tiempos cuando a finales del 99 y principios del 2000, con toda esta volada del "cambio de milenio", el /Y2K, y toda esa onda mística al rededor, aparecieron los "niños indigo". ¡¡que manera de haber weonaje diciendo "mi hijo es niño indigo"!!

    Como si eso les fuera catalogar de "especial" y exigiendo un trato muy distinto al resto (onda no pueden siquiera ser tocados ni con el pétalo de una rosa), moda que así como llegó, se fué.

    Sobre lo ocurrido con la Ministra, esta es una generación idiotizada por los corruptócratas y sus "programas" para manipular sus mentes y crear una especie de carne de cañón para sus nefastos planes.

    ResponderBorrar

"Send me a postcard, drop me a line
Stating point of view
Indicate precisely what you mean to say
Yours sincerely, wasting away
Give me your answer, fill in a form
Mine for evermore
Will you still need me, will you still feed me
When I'm sixty-four"