Mis aventuras en la silla eléctrica
Parece que el doctor que me controla en el consultorio no se termina de convencer de que yo estoy sano. Cuando revisó los exámenes —que salieron bastante bien— me miró con cara dudosa, me hizo algunas preguntas capciosas como:
¿Bebe alcohol? Muy poquito (ja-ja).
¿Drogas? Hace muchos años, perdí la cuenta...
Y cosas por el estilo. La cosa es que me mandó a hacer un electrocardiograma y otra batería de exámenes, a partir de otra muestra de sangre y orina. ¿Hasta cuándo me van a chupar la sangre, vampiros? Otro episodio de terror por mi fobia a las agujas; aunque sé que no duele nada, igual me aterroriza la idea.
Bueno, la cosa es que el vampirismo me toca el 16 de este mes y el electrocardiograma me tocó el pasado viernes. Iba bastante asustado, y más cuando empecé a ver la máquina con electrodos.
La chica que lo tomó se dio cuenta y me preguntó si me lo había hecho antes. Le dije que estas eran las primeras veces en mi vida que voy a un consultorio; me dijo: "tranquilo, le prometo que no lo voy a electrocutar".
Dicho esto, me tendió en una camilla, me dijo "relájese" (ja-ja), me echó un poco de gel y me conectó los electrodos en el pecho y los tobillos. "¡Esto es una silla eléctrica y ni siquiera me han ofrecido la última cena!", le dije. En fin, no me dolió nada, pero la enfermera se rió mucho con mi susto.
De puro flojo no pasé a renovar la provisión de pastillas de Losartán; estuve una semana sin tomarlas y la presión se me mantuvo igual de baja, aunque subía un poco en la noche. Tal vez ni necesito las malditas pastillas.
Cada vez que entro al consultorio veo con grandes letras doradas el nombre de los arquitectos: Gunther Suhrke y Marco Antonio Díaz Meza. Me dan ganas de subirme a una silla y gritar: "¡Atención! Este es mi amigo el arquitorto que diseñó este consultorio", pero me contengo. Arica es un pañuelo.
Pobre merluzo
Muchos se preguntan por qué toda América Latina está eligiendo presidentes de derecha; yo lo comprendo perfectamente viendo cómo gobernó la socialdemocracia acá en Chile.
Porque todos los gobiernos han sido socialdemócratas. Los despistados hablan del marxismo y del Partido Comunista; andan más perdidos que un mormón en un topless. Todos han sido socialdemócratas practicantes, desde Ricardo Lagos hasta el merluzo, pasando por Piñera.
Los merluzos del Frente Amplio, al final, fueron una culminación de una seguidilla de gobiernos extraordinariamente incompetentes y ladrones. Sobre todo ladrones.
No tienen ninguna otra ideología que robar y acumular dinero para ellos, sus familias y amigos. En eso terminó la ideología socialdemócrata que —según Lagos— nos iba a traer "crecimiento con igualdad", ja-ja.
Que a nadie le extrañe; eso era algo evidente que estaba pasando frente a nuestras narices, pero nadie se daba cuenta. La gente está tan idiotizada con la mentalidad de rebaño y los "relatos" políticos, que simplemente siguen ciegamente a la masa sin darse cuenta de nada.
A mí siempre me dio cierta pena Boric, el merluzo. Siempre fuera de lugar, incómodo, tratando de hacer su papel de presidente que le quedaba enorme; en cierto modo empatizo con él. Lo he dicho antes: si yo fuese presidente me portaría igual de ridículo que el merluzo, lo entiendo perfectamente.
No es el único culpable de que hayamos tenido un presidente drogadicto, borracho, infantilista y profundamente estúpido, que tiene que actuar como un niño para que le perdones sus muchas cagadas. Es el niño poeta.
Pero yo lo he dicho muchas veces: no es su culpa. La culpa es de los que levantaron su candidatura y de los imbéciles que votaron por él creyendo que podría resultar un buen presidente. Cuando Calígula puso a un caballo como cónsul, la culpa no fue del caballo. Como dice la canción: "qué culpa tiene el tomate".
En fin, afortunadamente eso ya pasó y hoy es solo un mal recuerdo. Y viendo el vaso medio lleno, los merluzos aceleraron un cambio en la mentalidad del electorado que era inevitable, pero se estaba demorando demasiado.
Los jueces ya no son impunes: gracias WhatsApp
¿Han visto los escándalos en el sistema de justicia últimamente? Es impresionante. No sé cuántos supremos terminarán en la calle cuando se terminen de destapar todos estos casos de soborno, negociaciones incompatibles y mil cuchufletas por el estilo.
Aunque, para ser francos, esa situación viene desde hace décadas. Cuando yo pituteaba en los tribunales era amigo de jueces y funcionarios; además, dedicaba mis muchos ratos de ocio a leer expedientes con secreto de sumario.
Todos los años venía un supremo a hacer la visita inspectiva y a cada ministro de la Suprema le sabían su debilidad. A alguno lo llevaban a pasear a un "Tacna feliz" con jovencitas estudiantes, a otro le pasaban un regalo que todos sabían que apreciaba, a algún otro lo llevaban a un sauna a vitrinear de incógnito.
Lo más divertido es que hasta los funcionarios de más bajo nivel conocían las debilidades de jueces y ministros; los rumores corrían a la velocidad de la luz. Y, como en todas partes, no eran todos, pero sí una cantidad bien alta.
A medida que el Poder Judicial se politizó, los jueces se fueron haciendo cada vez más inmunes —"independientes" decían ellos— lo que les permitía aceptar sobornos y abusar mucho más libremente cada vez. Ahora eso está explotando.
Los rumores —que antes quedaban entre las paredes de los tribunales— se empezaron a propagar y con el tiempo, el uso imprudente del WhatsApp y otros por el estilo los ha ido cocinando, uno por uno.
También empatizo con esos; si yo fuese juez me robaría hasta el gato, claro que no sería abusador y miserable contra los débiles como han sido muchas de estas lacras. Afortunadamente, gracias a su propia torpeza y sentimiento de impunidad, han ido cayendo, uno a uno.
Claro que si yo fuese juez, fiscal o ministro, simplemente no tendría teléfono celular. Ni me acercaría a esas máquinas infernales; la gente que no es técnica ni se imagina la facilidad con que pueden espiarlos, especialmente por parte del gobierno y la policía.
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