Recuerdo que en los años del primer gobierno de Alan García, cuando estaban sobrepasados por el terrorismo y la economía estaba en el peor momento de su historia, todos decían: ¡Pobre Perú!. Si mal no recuerdo, hubo una portada en la revista Caretas con esa frase.
Ahora leo que el Congreso acaba de destituir al presidente interino José Jeri, que no alcanzó a durar cinco meses en el cargo. Pobre Perú, los regulares de este Templo del Ocio saben cuánto quiero a ese país, donde hasta trabajé como funcionario público, algo que en Chile no haría ni muerto.
Conozco la costa, el ande y la selva; he andado metido por todos lados y de sus ciudades principales conozco Lima, Arequipa, Juliaca, Puno y para qué hablar de Tacna, que es como mi segunda casa. No llevo cuenta de cuántos amigos tengo allá y hasta tengo unos primos peruanos en Lima.
Esto lo digo antes que todo para descargar mi responsabilidad por algunas cosas que voy a poner para tratar de explicar la tragedia silenciosa que viene arrastrando ese país y que se remonta a tiempos de la Independencia.
Mis recuerdos más lejanos hacia atrás son de los años setenta, del desastroso gobierno de Velasco Alvarado. Lo siguió el arquitecto Belaúnde en su segundo período (antes había sido derrocado por Velasco) y luego Alan García, que en su mandato como caballo loco dejó una debacle espantosa.
Si mal no recuerdo, siguió Fujimori por dos períodos y medio, Valentín Paniagua, Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala, PPK, Vizcarra, Merino, Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte y José Jeri, recién destituido.
De todos esos gobiernos la mayoría fueron basura, no solo corruptos, sino que hundieron al país en crisis económicas y morales. Solo los dos primeros gobiernos de Fujimori y el segundo de Alan García trajeron orden y prosperidad al país, aunque ambos terminaron con problemas graves de corrupción.
Eso es más o menos la historia política del Perú: se puede resumir en caudillos corruptos, sedición, anarquía, una clase política muy mala y una clase dominante egoísta y abusiva, atrincherada en sus privilegios que vienen desde el virreinato y se las han arreglado para consolidarlos a lo largo de los siglos.
No sé de ni un solo millonario peruano que haya dedicado su fortuna a la filantropía; si existió alguno, me avisan y me corrigen. Mientras tanto, acá en Chile casi todas las grandes fortunas han sido también grandes filántropos. Creo que eso explica mucho de los problemas del Perú y su cultura del abuso.
La mala clase dominante es una de las claves de los problemas, el profundo racismo es el otro. Ser indio en Perú hasta hace no muchos años era una especie de delito. Sin embargo, eso ha cambiado mucho por la cantidad de indios que, calladitos, se han ido haciendo millonarios, especialmente aimaras.
Es un lugar común decir que el sur del Perú es como un país aparte por el enorme peso de la cultura aimara y sus consecuencias. Se trata de una cultura que conozco bastante bien porque tengo no solo lazos de amistad, sino también con mi familia más cercana. Los admiro enormemente.
Pero no soy ciego a los defectos de los judíos del Perú, como les dicen a veces. Sus virtudes de inteligencia superior, voluntad de trabajo duro, ambición ilimitada y varias otras son contrapesadas por algunos defectos bastante feos, que son comunes entre ellos.
Mis mejores alumnos cuando hacía clases eran normalmente los más cholos de los cholos: entusiastas, aperrados y ambiciosos, hambrientos de aprender; daba gusto hacerles clases. Pero también hay una gran masa de aimaras ignorantes, fáciles de manipular, que han sido la carne de cañón de todos los demagogos del Perú.
Algo curioso es que en Perú se lee mucho, pero hay muchos sobacos ilustrados, inclusive los profesionales, incapaces de pensar críticamente, recitadores de clichés y muy fanáticos. En Cusco hay muchísimos abogados muy leídos, pero se ponen a hablar y dan vergüenza.
En eso los aimaras de Perú y Bolivia son muy parecidos. Perú también tiene el problema de las comunidades aisladas que fomentan los caudillismos. En mi entrada Por qué Bolivia es Pobre, explico muchos problemas parecidos que también ocurren en Perú, aunque en menor medida. Leo en Gemini:
Perú ha vivido una década de inestabilidad crónica, sumando siete jefes de Estado en solo diez años. Este fenómeno se debe a una confrontación constante entre el Poder Ejecutivo y el Congreso, impulsada por figuras legales como la vacancia por incapacidad moral y la cuestión de confianza.
El Congreso peruano es un zoológico de personajes impresentables que representan muy bien el caudillismo y la demagogia característica de un electorado mayoritariamente inculto.
Que existan chantas como César Acuña o Kenji, el hijo de Fujimori, por nombrar solo dos, explica los problemas de la política peruana. No son ellos el problema, sino la gente que vota por ellos. Además, no son casos aislados; casi todos los demás son así.
El periodismo amarillo también es la norma en Perú. El racismo, especialmente de la sociedad limeña, hace que mediocres o estúpidos con apellidos europeos puedan venderse como verdaderos gurús. César Hildebrandt, por mencionar uno solo de estos pobres diablos.
En fin, la cosa es que el próximo 12 de abril será la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Los candidatos con más chance son Keiko Fujimori por el fujimorismo, Rafael López Aliaga (Porky) por la derecha empresarial y César Acuña por los chantas y demagogos.
En el fondo, aunque existen en Perú más de 36 partidos inscritos, solo dos tendencias son las que realmente importan para las elecciones: el fujimorismo y el antifujimorismo.
Hasta ahora siempre se ha impuesto el antifujimorismo. Keiko se ha presentado como cuatro veces y siempre ha perdido porque en segunda vuelta los grupúsculos se unen en un todos contra Fujimori y así han resultado elegidos verdaderos estúpidos y corruptos como Pedro Castillo.
Aunque tengo mis dudas con Keiko Fujimori y con el fujimorismo en general, creo que siempre han sido la corriente de opinión mayoritaria en Perú desde hace muchos años, pero el resentimiento de los antifujimoristas es tan enorme que prefieren unirse tras un baboso con tal de que Keiko no llegue a ser presidenta.
En fin, esta atomización del voto, producto de la ignorancia y estupidez de la mayoría de la masa electoral, es un problema al que no se le ve solución a corto plazo. Espero equivocarme.
En todo caso hay un cambio importante que podría traer estabilidad al sistema, como leo en Gemini: A partir de julio de 2026, el Poder Legislativo dejará de ser una sola asamblea para dividirse en dos cámaras: Senadores (60 miembros) y Diputados (130 miembros).
Eso podría terminar con la rotativa ridícula de presidentes, que terminó por convertirse en una ópera bufa donde los corruptos acusan y encarcelan a otros corruptos. Creo que es hora de que termine esa hipocresía.



