31 agosto 2025

La fuerza del lucro (o: por la plata baila el mono)

Un par de años atrás conversaba con mi buen amigo Ian Thomson mientras pasábamos manejando camino a su casa sobre lo fea que es Arica como ciudad. Veía hace poco el video de un turista argentino donde decía más o menos lo mismo.

Claro que habría que ver con qué estamos comparando, porque Arica en bonita comparada con otras cidades de Chile, Perú y Bolivia, pero no es ni la sombra de bonita y pintoresca como Puerto Varas o incluso La Serenna, por poner dos ejemplos.

Y es que los ariqueños hemos sido casi siempre medio pobres, no hay miseria acá pero si hay una enorme clase media baja desde hace algunas décadas.

Claro que no siempre fue así. Urbansticamente somos todavía una de las ciudades mejor planeadas de Chle, especialmente en el gran trazado que diseñó y construyó la Junta de Adelanto de Arica, principalmente en las décadas del sesenta a setenta.

En esas dos décadas estuvo la mayor prosperidad y avance de la ciudad, primero con el puerto libre y después con las industrias de sustitución de importaciones, cuando fuimos El Silicon Valley Chileno. que tuve la suerte de conocer.

Cuando todas esas industrias finalmente colapsaron, porque nunca fueron económicamente sustentables, vino una de las depresiones económicas tan características en la historia de nuestra ciudad.

Pero la salvación vino de donde menos los esperábamos. En el año 1985 un joven llamado Alan García fue elegido presidente del Perú y su atolondrada gestión causó un descalanro económico gigantesco. Allí empezaron los años dorados del contrabando, que en Arica duraron casi una década.

Y la ciudad de operarios en fábricas de los setentas se transformó en la ciudad de comerciantes y contrabandistas en los ochentas. Cuando estuve en Hong Kong en 1983 me llenó de asombro el parecido entre ambas ciudades: allá me sentía como en mi casa.

Todo eso se desplomó alrededor de 1995, cuando Fujimori ordenó la economía en el Perú que volvió a ser próspero y a importar directamente, ya no necesitaban nuestros contrabandistas.

Nueva caída en la miseria, de la que nos salvó en algo un corto auge pesquero y luego un repunte importante del turismo. 

En toda esta montaña rusa de auges y caídas economicas fue cuando la ciudad se empezó a deteriorar. A mediado de los años noventa llegó la alegría a nuestro país -es decir los políticos- y todo empezó a ir de mal en peor.

Creo que todo lo que describí recién ya lo había contado antes, pero es solo una introducción de lo que quería escribir hoy, que fue la única inversión de alto impacto que ha tenido la ciudad en los últimos 30 años.

Anoche estába con mis amigos comiendo una parrillada cuando salió el tema a la conversación: el desarrollo de la Costanera Norte de la ciudad, que durante años fue un peladero baldío, feo y sin vida que para lo único que servía era para ir de noche en el auto a hacer el delicioso

Le llamábamos el "hotel mil estrellas" porque el trámite se hacía en la arena bajo la luz de las estrellas. El problema era que esa arena se movía con el viento y a las pocas horas el auto estaba enterrado hasta los ejes. 

Me tocó varias veces ir al día siguiente a sacar el auto de algún amigo con mi escarabajo -que tenía ruedas aro 15- mientras los que se bañaban en la playa hacían coro para festinar y burlarse del maldito accidente.

Es cierto que había mucha naturaleza y una playa virgen de varios kilómetros que llegaba casi hasta el límite con Perú, pero también recuerdo que era un lugar bastante sucio y abandonado.

Resulta que mi amigo Daniel Viera, director de Cordenor que hizo ese proyecto, nos contó la historia completa y fideligna de como se convirtió en un gigantesco sitio eriazo en la costanera con dos de las playas más lindas de la ciudad. Así era ese lugar en 1990

Se trataba de terrenos fiscales a nombre del Servicio de Vivienda y Urbanismo (SERVIU) que tenía planeado hacer viviendas sociales en ese lugar, arruinando las mejores playas de la ciudad y construyendo viviendas bajo la cota de inundación en caso de tsunami.

Por esos años el presidente de Cordenor era don Paco Melús, ya muerto y a quien tuve el gusto de conocer. Era un personaje extraordinario, español refugiado de la Guerra Civil, llegó en el Winnipeg y se quedó acá en la primera escala que hizo el barco en Chile.

Don Paco tenía fama de loco, pero su entusiasmo y poder de convencimiento eran inparables. Al saber de lo que pensaba hacer SERVIU, tuvo la visión de una costanera full equipada al estilo Palm Beach, con marinas, áreas de deportes, edificios y parques al borde del mar.

Pero CORDENOR no tenía un peso en caja, eso no fue impedimento, porque este caballero se fue para Santiago y removió cielo y tierra hasta que consiguió un ¡banco que le sirviera de aval para pedir prestados los millones de dólares que costaría la urbanización.

La maqueta era espectacular con áreas de restaurantes, edificios, ancas avenidas, parques y todo eso ¡y consiguió la plata! CORDENOR hizo una sociedad con SERVIU, donde este último ponía los terrenos baldíos y CORDENOR ponía la plata para urbanizar.

Una vez urbanizados los terrenos alrededor de la larga línea de costa -deben ser unos 10 kilómetros- se lotearon en terrenos de media y de una hectárea, con esa plata se pagó el préstamo sin problemas.

Una vez vendidos esos terrenos vino la transformación más espectacular que ha visto la ciudad desde los años dorados de la Junta de Adelanto. 

Todo lo que soñó don Paco se cumplió con creces, la maqueta se convirtió en realidad y hoy es uno de los lugares más valiosos y lindos de esta ciudad que no se caracteriza por su belleza. 

Con este proyecto Arica selló su identidad como ciudad playera. Años atrás escribí la entrada Hay que Cuidar a los Locos, pensando en don Paco me encuentro toda la razón.

Claro que la historia era demasiado buena para terminar bien. Un diputado de esos años -no diré su nombre porque es buen amigo mío- tuvo la pésima idea de perseguir a la sociedad entre CORDENOR y SERVIU alegando que era ilegal que un servicio público haga sociedad con una corporación privada.

¿Fue ilegal? Probablemente si, ¿había motivo para perseguirlos hasta conseguir su disolución? Claro que no, fue -en mi opinión un acto tremendamente mezquino movido más que nada por la envidia. 

Imaginen si esa sociedad se hubiese mantenido en el hecho, bajo otra figura legal ¡cómo habría cambiado nuestra ciudad! 

El Serviu tiene terrenos baldíos por todas partes y cada vez que ha invertido lo ha hecho con obras de pésima calidad y descaradamente sobrepreciadas, se han robado hasta el gato cada vez que han podido, esa es la tragedia de Chile y toda América Latina.

Obviamente ese fue el único proyecto que ha valido la pena en los últimos cincuenta años en la ciudad. ¿Y saben por qué? Porque estuvo motivado por el lucro, pero no el lucro de las coimas sino en el lucro legítimo.

Muchos que participaron en ese proyecto ganaron comisión sobre la venta de los lotes, eso explica que se sacaro el lomo vendiendo terrenos en los que al principio nadie creía. Sin ese incentivo toda la actual Costanera Norte seguiría siendo un peladero sucio y abandonado.

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