Un par de años atrás conversaba con mi buen amigo Ian Thomson mientras pasábamos manejando camino a su casa sobre lo fea que es Arica como ciudad. Veía hace poco el video de un turista argentino donde decía más o menos lo mismo.
Claro que habría que ver con qué estamos comparando, porque Arica en bonita comparada con otras cidades de Chile, Perú y Bolivia, pero no es ni la sombra de bonita y pintoresca como Puerto Varas o incluso La Serenna, por poner dos ejemplos.
Y es que los ariqueños hemos sido casi siempre medio pobres, no hay miseria acá pero si hay una enorme clase media baja desde hace algunas décadas.
Claro que no siempre fue así. Urbansticamente somos todavía una de las ciudades mejor planeadas de Chle, especialmente en el gran trazado que diseñó y construyó la Junta de Adelanto de Arica, principalmente en las décadas del sesenta a setenta.
En esas dos décadas estuvo la mayor prosperidad y avance de la ciudad, primero con el puerto libre y después con las industrias de sustitución de importaciones, cuando fuimos El Silicon Valley Chileno. que tuve la suerte de conocer.
Cuando todas esas industrias finalmente colapsaron, porque nunca fueron económicamente sustentables, vino una de las depresiones económicas tan características en la historia de nuestra ciudad.
Pero la salvación vino de donde menos los esperábamos. En el año 1985 un joven llamado Alan García fue elegido presidente del Perú y su atolondrada gestión causó un descalanro económico gigantesco. Allí empezaron los años dorados del contrabando, que en Arica duraron casi una década.
Y la ciudad de operarios en fábricas de los setentas se transformó en la ciudad de comerciantes y contrabandistas en los ochentas. Cuando estuve en Hong Kong en 1983 me llenó de asombro el parecido entre ambas ciudades: allá me sentía como en mi casa.
Todo eso se desplomó alrededor de 1995, cuando Fujimori ordenó la economía en el Perú que volvió a ser próspero y a importar directamente, ya no necesitaban nuestros contrabandistas.
Nueva caída en la miseria, de la que nos salvó en algo un corto auge pesquero y luego un repunte importante del turismo.
En toda esta montaña rusa de auges y caídas economicas fue cuando la ciudad se empezó a deteriorar. A mediado de los años noventa llegó la alegría a nuestro país -es decir los políticos- y todo empezó a ir de mal en peor.
Creo que todo lo que describí recién ya lo había contado antes, pero es solo una introducción de lo que quería escribir hoy, que fue la única inversión de alto impacto que ha tenido la ciudad en los últimos 30 años.
Anoche estába con mis amigos comiendo una parrillada cuando salió el tema a la conversación: el desarrollo de la Costanera Norte de la ciudad, que durante años fue un peladero baldío, feo y sin vida que para lo único que servía era para ir de noche en el auto a hacer el delicioso.
Le llamábamos el "hotel mil estrellas" porque el trámite se hacía en la arena bajo la luz de las estrellas. El problema era que esa arena se movía con el viento y a las pocas horas el auto estaba enterrado hasta los ejes.
Me tocó varias veces ir al día siguiente a sacar el auto de algún amigo con mi escarabajo -que tenía ruedas aro 15- mientras los que se bañaban en la playa hacían coro para festinar y burlarse del maldito accidente.
Es cierto que había mucha naturaleza y una playa virgen de varios kilómetros que llegaba casi hasta el límite con Perú, pero también recuerdo que era un lugar bastante sucio y abandonado.
Resulta que mi amigo Daniel Viera, director de Cordenor que hizo ese proyecto, nos contó la historia completa y fideligna de como se convirtió en un gigantesco sitio eriazo en la costanera con dos de las playas más lindas de la ciudad. Así era ese lugar en 1990
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