Tomas Bradanovic

NULLA DIES SINE LINEA. Filosofía barata, historias, historietas, mecánica, moralejas, chamullos, relatos absurdos, la vida de un vago, cosas de Arica, literatura, música, pornografía, política, física, cocina regional, minas, copete y cosas por el estilo. The awesome, absurd and often bored adventures of our Man of Mistery in Arica, from the trenches, in the Northern Front. Sacar a mil, sacar a mil. Streams of brilliance often springs from boredom. Atendido por su propio dueño, dentre nomás.

Dress for sucess

miércoles, 21 de abril de 2010


Con tal que luzcas bien exteriormente, todo te irá de las mil maravillas, algo así eran los consejos que daba Mefistófeles a los estudiantes de Fausto. ¡Que diablo más simpático! casanova, atrevido y confundido cuando las cosas no le resultaban, porque no por ser Mefisto todo le salía bien, es el mejor retrato del diablo que he conocido. Ese Goethe si que escribió un buen libro, claro que el Fausto es lo único que he leído de él, algún día le hincaré el diente a los demás.

Como ingeniero machote siempre he pensado que preocuparse por la apariencia es cosa de afeminados, conozco a muy pocos ingenieros vanidosos, somos optimizadores por vocación y doctrina, nuestros modelos son nerds, genios locos mal vestidos, tartamudos, feos, sobre todo mal vestidos, eso de "bien vestido bien recibido" no se escribió para los que estudiaron ingeniería. Para mi un tipo que tiene que usar corbata es digno de lástima y siempre he tenido feas sospechas de tipos como Marco Enriquez Ominami que no se saca el terno ni para ducharse.

Si algún tipo se preocupa por su apariencia -en mi opinión- es un pobre diablo que no confía en lo que vale y cree que tiene que disfrazarse para impresionar a los demás, ah y también tengo mis dudas sobre su hombría, en el sentido más amplio de la palabra. Todo esto lo escribo mientras miro la corbata que me tendré que poner este fin de semana. Bah, que me importa, supongo que es como ir a una fiesta de disfraces y si me da problemas disfrazarme entonces sería un vanidoso. Los ingenieros machotes no conocemos la vanidad por la apariencia. aunque de las otras mejor ni hablar, nunca he conocido a un ingeniero que no esté íntimamente convencido de ser superdotado, un John Holmes del intelecto, es la deformación profesional más característica. Y los más humildes son los peores, tienen los egos más exagerados.

A propósito una anécdota que parece que no he contado acá. Cuando me invitaron a Tokio en 1983, mis jefes me dijeron que obligadamente debería ir vestido de terno y corbata, de otro modo no me iban a recibir, así es que nos fuimos a la tienda de ropa de los Machiavello a comprar un blazer azul con botones dorados, pantalón gris y una corbata en tonos de azul y celeste: dress for sucess, ni que decir que me sentí muy incómodo sobretodo por los zapatos: toda mi vida había usado zapatillas.

La mañana que llegué al Cuartel General de la Casio Computer Corp. (pisos 39 y 40 del Edificio Sumitomo) con mi maletín James Bond lleno de las mentiras que había escrito durante el viaje, me encuentro con un argentino que andaba en lo mismo que yo, ¡pero el tipo iba en bermudas, camisa afuera y zapatillas! siempre he admirado el desparpajo de los porteños pero esa vez mi admiración tocó el cielo, el tipo andaba feliz como si estuviese vestido de gala. Claro que era comprador y millonario. eso puede ayudar un poco.

La cosa es que la semana que pasé en Tokio me hice muy amigo de los japs que eran gerentes y subgerentes de área, medios pollos igual que yo y al terminar el trabajo salíamos al barrio de Shinjuku que está repleto de callejones con bares minúsculos, y nos metíamos a uno donde eran clientes frecuentes y hasta donde yo recuerdo, no pasó una noche sin que nos emborracháramos.

Pasábamos todo el día peleando y presionando, me tocaba tomar el pedido del mes que era casi un millón de dólares, ellos tenían órdenes de colocarme la mayor cantidad posible de basura, modelos que no se vendían ni regalados y yo tenía la misión de llevar todos los caramelos que pudiera -que soltaban con cuentagotas- Era un asunto agotador y colocaban a cinco contra mi, en el día se iban turnando.

Pero al salir del trabajo todo cambiaba, íbamos a emborracharnos y hablar mal de nuestros respectivos patrones, esa era la parte más divertida de mi visita porque después de muchas cervezas las diferencias culturales y de protocolo desaparecen y empezábamos a hablar en confianza.

En esos años -no se si todavía será igual- los jefes no tenían oficina privada, todos trabajaban juntos en escritorios iguales en medio de un desorden gigantesco con perchas de ropa, cafeteras y marañas de cables por el suelo, y a mi se me ocurrió preguntarles como se diferenciaban los jefes del resto del populacho, mis amigos Satoh, Itoh y Tanifuji se miraban entre ellos y se reían, hasta que al final me lo explicaron.

Se diferenciaban solo por el terno: el gerente de división, una especie de capo di tutti capi a nivel local, usaba ternos oscuros con rayas muy finas. Los gerentes de área, o sea medios pollos, usaban colores negro o azul pizarra, los oficinistas del montón usaban terno gris o azul marino... y los mensajeros o trainees, lo más bajo de la escala, ¡usaban chaqueta azul y pantalón gris, tal como llegue yo vestido!, al día siguiente me los mostraron y me di cuenta que era cierto, no era una broma.

Lo que me quedó dando vuelta es que mis jefes habían viajado a Japón durante años, dos o tres veces por año y jamás se habían dado cuenta de eso, naturalmente nadie se los había dicho porque nunca habían tenido el minuto de confianza. En fin, lo del argentino en bermudas y mi terno de mensajero me quedó dando vueltas en la memoria durante muchos años.

En fin, Vanitas vanitatum omnia vanitas, vanidad de vanidades, todo es vanidad, en latín la palabra significa "vacío" cosa que parece bastante apropiada. Y como soy un gran vanidoso mejor me voy a dormir para disfrutar de mis sueños de grandeza, ya llegarán, el día menos pensado.

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9 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Parece que a todos nos pasa lo mismo. En una oportunidad tuve que ir a una reunión con "el señor Mauricio", que es un millonario colombiano dueño de una naviera. El tipo me citó en Cartagena y para allá tuve que partir, ya que el trabajo sucio no lo hace el jefe pero si sus leales esclavos. Partí con mi mejor terno y mi mejor corbata. Aterrizando en Bogotá la cosa estaba perfecta. No hacía frío ni calor. Clima ideal, como Santiago en algunos días primaverales. Después de una corta conexión a la famosa ciudad amurallada, al abrir la puerta el avión sentí el primer golpe de calor. En el taxi sentí el segundo y al llegar a la oficina ya sudaba hasta por poros que ni siquiera tenía conciencia de su existencia. Cuando llego a la oficina y me atiende "el señor Mauricio", que resultó ser un tipo de mi edad o incluso más joven, vestido con short, polera y chalas, lo primero que me dice es "pero que es esa ropa, si quieres vas a tu hotel y te cambias. Así nadie puede trabajar". Así nadie puede trabajar, toda la razón. El entiende cosas fundamentales que todavía están fuera de mi alcance.

22 de abril de 2010, 12:00

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Es un asunto muy curioso lo del terno y corbata que todavía tiene acérrimos defensores. En una reunión de profesores acá en la ESUN una académica se quejaba amargamente de la "mala presentación personal" de los alumnos y decía que debería ser obligados a vestirse "formalmente", muchos opinaban que eso debería ser parte de la formación.

Los dress codes son lo más curioso que existe, y la gente medio miope no se da cuenta que dependen absolutamente del contexto y eso puede cambiar con gran facilidad. En algunas firmas de Europa y USA se ha prohibido el terno y la corbata por argumentos ambientales: obliga a usar más aire acondicionado. Los operadores de bolsa que antes eran obligados a usar terno ahora llevan una especie de guardapolvo.

Recuerdo que cuando era chico los presidentes y ministros debían vestir de "frac" para las ceremonias, esos trajes similares a los de un pinguino, Allende causó gran polémica cuando juró al cargo vistiendo un terno simple, creo no equivocarme si pronostico que viviré para ver un cambio de mando con jeans y polera.

Creo que el terno es funcionalmente malo, se arruga con facilidad, hace transpirar ¿quien no ha visto a los tipos en reuniones con las camisas empapadas?, en fin, tiene varios inconvenientes y se está batiendo en retirada en muchos lugares de trabajo del mundo.

22 de abril de 2010, 12:12

 
Blogger JORGE said...

Ah tu GRAN Filistino!
El de vestirse apropiadamente tiene mucho que ver con la cultura y desde luego el clima en el cual la persona vive.
Por ejemplo los Ingleses en la India adaptaron una vestimenta muy adeacuada al clima de aquella zone. Sin embargo no hicieron lo mismo en el norte de Chile.Insistiendo en usar el terno de siete dias!!Siendo este fenomeno ,en algo responsable del fenomeno Chileno de ser muy aparentado y arrivista!!

22 de abril de 2010, 12:51

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Cierto Jorge que los códigos de vestuario deben ser adaptados al clima y al estilo de vida.

En Chile hay mucho culto a las apariencias y arribismo como dices, pero lo más frecuente que yo veo es el provincialismo, es increíble que incluso gente que ha viajado bastante siguen pensando como provincianos aferrados a un montón de prejuicios absurdos y costumbres arcaicas

22 de abril de 2010, 13:05

 
Blogger JORGE said...

Hblando de cultura. De donde nacio la idea que los Chilenos eran los Ingleses de Sur America?

23 de abril de 2010, 08:43

 
Blogger Momo said...

Ja, ja, siempre tan divertido leerte Tomas. Gracias.

24 de abril de 2010, 00:04

 
Blogger Leus said...

Bah, hace poco estuve en un funeral y anduve con traje negro, camisa blanca y corbata negra.

Me veo increíblemente guapo así que no le veo nada de malo :-)

24 de abril de 2010, 14:30

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Jorge, lo de los "ingleses de América del Sur" probablemente viene de los siglos 18-19 cuando llegó gran cantidad de ingleses a Chile, especialmente a Valparaíso y hubo un boom de empresas chilenas de propiedad de ingleses expatriados (caso más típico Thomas North)

Momo, me hubieras visto ayer vestiod de "frac" ahi si que te habrías reído

Laus, estás poniendo en duda la reputación de los igenieros ¿que te pasa hombre? ;D

24 de abril de 2010, 19:22

 
Anonymous Anónimo said...

Estoy en el octavo semestre de la ingeniería en informática y nos quieren enseñar el valor de la imagen pública, a pesar de que algún maestro de ingeniería dice que no imparte la materia de sastrería, los profesores administradores y humanistas quieren que lo entendamos. ¿Será que les duele no tener la capacidad de sumar 2+2? ¿Será que esas personas que no nos importa lo que opinen de nosotros son tambien clientes, empleados o accionistas?... francamente no lo se y prefiero quedarme con la frase de Victor Gordoa: "la imagen siempre es relativa"

13 de agosto de 2010, 15:25

 

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