Tomas Bradanovic

NULLA DIES SINE LINEA. Filosofía barata, historias, historietas, mecánica, moralejas, chamullos, relatos absurdos, la vida de un vago, cosas de Arica, literatura, música, pornografía, política, física, cocina regional, minas, copete y cosas por el estilo. The awesome, absurd and often bored adventures of our Man of Mistery in Arica, from the trenches, in the Northern Front. Sacar a mil, sacar a mil. Streams of brilliance often springs from boredom. Atendido por su propio dueño, dentre nomás.

El precio económico de la igualdad

martes, 10 de julio de 2012


Cuando estaba haciendo la tesis para el magister, me encontré con un libro que me pareció -todavía me parece- extraordinario, se llama Economía del Sector Público de Joseph Stiglitz, donde hace un análisis muy pedagógico de los problemas que enfrenta el estado como regulador monopolista en muchos asuntos económicos y la justificación de esas intervenciones, basada en lo que Stiglitz llamó "las imperfecciones del mercado", un argumento del que se ha abusado desde entonces por los igualitaristas amparados en una interpretación burda y el hecho que Stiglitz ganó el Nobel de economía (el año 2001 si no me equivoco).

Cuando Hayek ganó su premio Nobel fue de los primeros en darse cuenta que ese honor podía ser peligroso para la sociedad, porque daba tribuna privilegiada a algunas personas en una disciplina que está muy lejos de obtener los resultados de las ciencias exactas. Y sobre todo, intimamente cercanos a la política, es decir al poder social y económico. Lo más curioso es que de la misma opinión fue Gunnar Myrdall, que compartió el Nobel con Hayek y dijo que el premio debería ser abolido porque se lo habían dado a un "reaccionario" como Hayek.

Hoy es el caso de Stiglitz y Krugman, como antes fue con Samuelson, Keynes y tantos otros, que respaldaron con el prestigio que les dio el premio, políticas públicas que han resultado desastrosas para millones de personas.

Todos han sido economistas brillantes en su área: Samuelson quería terminar con los "opinólogos" de la economía y transformarla en una disciplina basada en la optimización matemática del bienestar material, un programa brillante pero con resultados horribles. Con esa idea se han formado generaciones de opinólogos matemáticos, que ocultan su ideología con fórmulas y demostraciones pero nunca han producido otra cosa ciclos crecientes de auge y depresión.

El excelente libro de Krugman del que hablaba -un resumen cortito del primer capítulo lo pueden leer aquí- tiene en su portada el mecanismo de un reloj, metáfora de como Krugman y muchos otros ven la economía: una maquinaria determinista, perfectamente ajustada siempre y cuando exista el relojero con habilidad suficiente para arreglarla cuando se sale del normal equilibrio.

El reloj de Krugman es una buena imagen de los mercados en equilibrio perfecto y también de la otra idea que hizo a Krugman tan popular entre los políticos: la de las fallas de mercado que justificarían la intervención del estado. El problema es que estas ideas se fundamentan en los principios de un modelo matemático que ha tenido pésimos resultados como predictor.

En fin, la última novedad de Stiglitz es un libro llamado El Precio Económico de la Desigualdad, una reseña la pueden leer aquí, donde insiste en la idea que la desigualdad es provocada y a la vez provoca las llamadas "fallas de mercado". Si yo fuera economista, tuviese un premio Nobel o algo así, me encantaría escribir un libro llamado El Precio Económico de la Igualdad, donde analizaría lo que ha pasado en cada sociedad donde se ha tratado de "corregir las fallas" que provoca inevitablemente la libertad.

Hay tantos ejemplos, mucho más claros que las especulaciones de Stiglitz, que muestran para donde va la cosa: la historia de la URSS; de Cuba; Corea del Norte; la China de Mao y el Pol Pot de Cambodia han sido todas implementaciones prácticas de la idea que la desigualdades deben ser "corregidas". O el fracaso de intentos más tibios como la decadencia económica de USA y de casi todos los estados de bienestar, excepto los que se dieron cuenta a tiempo y han ido liberalizando sus economías. Que fácil sería escribir ese libro sin necesidad de meter la política, bastaría con colocar las cifras, lado a lado. Resultaría un libro estupendo porque comparar los costos es una actividad fundamental en economía y en la vida

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