Tomas Bradanovic

NULLA DIES SINE LINEA. Filosofía barata, historias, historietas, moralejas, chamullos, relatos absurdos, la vida de un vago, cosas de Arica, literatura, música, pornografía, política, física, cocina regional, minas, copete y cosas por el estilo. The awesome, absurd and often bored adventures of our Man of Mistery in Arica, from the trenches, in the Northern Front. Sacar a mil, sacar a mil. Streams of brilliance often springs from boredom. "Be yourself, but bigger"

El corte de pelo

martes, 23 de enero de 2018

Una de las pocas ventajas que me ha traído la paternidad es que tengo quien me acompañe a cortarme el pelo. Durante muchos años para mí fue un trauma ir a la peluquería, especialmente ir solo era algo que me complicaba casi tanto como tener que hablar por teléfono. pasaba por afuera de las peluquerías y no me animaba a entrar, cuando finalmente entraba empezaba a transpirar de puro nervioso.

¿De donde salió esta absurda fobia al peluquero? Ni idea, tal vez de cuando chico, cuando tradicionalmente me cortaba el pelo en Viña del Mar donde un peluquero chino de Recreo Alto, que de puro mirarlo daba susto, el chino era amigo de mi tía Berti y cada vez que salía de la peluquería andaba avergonzado hasta que el aborrecible "corte colegial" empezaba a desaparecer.

Más tarde en Santiago iba con mi mamá a una peluquería en una galería de calle Ahumada, mientras devoraba las revistas Playboy mi mamá decía que me estaba convirtiendo en un pequeño pervertido. Tal vez por eso me cambió a una peluquería que estaba en el segundo piso de la Casa Colorada, que hoy es museo, pero entonces estaba lleno de pequeñas tiendas de zurcidos invisibles, reparación de medias y entremedio una peluquería. Allí me estaban cortando el pelo un día y me encontré con la gran sorpresa que entró don Lucho Galecio, que era el rector del Liceo Valentín Letelier, donde yo estudiaba.

Desde esos años perdí la memoria peluquera, no recuerdo absolutamente ninguna vez que me haya cortado el pelo en Arica, en 1969, ni tampoco en Chiloé, entre 1970 y 1973, es muy extraño porque me jacto de tener memoria de elefante, pero no puedo recordar ningún corte de pelo esos años. Tal vez tuve alguna mala experiencia que me borró la memoria y me dejó con fobia a la peluquería, quien sabe, no recuerdo nada.

Cuando volví a Arica, en 1974, por alguna extraña razón un día andaba con plata en el bolsillo y pensé que me iba a dar un gusto: iría a cortarme el pelo a la peluquería del jet-set, que estaba en los bajos del casino de la ciudad. Pasé como seis veces antes de animarme a entrar y cuando entré me dijeron que había que pedir hora antes, me dieron hora para el día siguiente y conseguí el primer corte de pelo que no me avergonzaba en muchos años. Los peluqueros eran dos: uno de apellido Baez y don Silvio, que llegó a ser el peluquero más antiguo de Arica y que me cortó el pelo por última vez el año 2012, a los 82 años, obviamente le dediqué esta entrada en el blog. Al poco tiempo le vino el alzheimer y no pudo seguir trabajando, hoy está jubilado en su casa.

Todos los años que siguieron, entre 1975 y 2012 pasé dando bote por casi todas las peluquerías de Arica. La verdad es que resulta muy inconfortable no tener un peluquero fijo, pero cuando entré a la universidad, en 1978, mi compañero "el Matute", que tenía un montón de ideas raras en la cabeza, me empezó a conversar que todas las peluqueras son buenas en la cama y que el siempre trataba de engrupirlas para saber si era cierto.

Así fue como pasé muchos años rondando las peluquerías porque -créanlo o no- el Matute me convenció de su ridícula teoría, y siempre iba buscando alguna peluquera más o menos apta para lo que ya saben y trataba de hacerme el simpático. Peiné todo el Edificio Richard, que está lleno de peluquerías y después seguí con peluquerías de barrio, fueron muchos años de joteo pero -siendo francos- nunca pude agarrar nada. Me quedé con las ganas de comprobar la absurda teoría, aunque anduve cerca un par de veces.

El año 2012, el Tomás Jr. me convenció a ir donde don Luis, de la peluquería "Cristian" que es el peluquero de toda su vida, no más entrar y me encuentro con don Silvio, a quien no veía hace décadas. Desde entonces ya tenía una peluquería estable y alguien con quien ir a raparme, maté dos pájaros de un tiro.

Se trata de la peluquería más tradicional de la ciudad, donde van todos los ariqueños antiguos, desde jueces y doctores hasta vagos y borrachines como yo,  y como tal me precio de tener un calendario con chica ligera de ropas, miren
La relación de peluquero y cliente transpasa generaciones, excepto para los traumados como yo, sin embargo creo que a estas alturas ya tengo mi peluquería definitiva porque perdí las esperanzas de engruir a alguna linda peluquera para comprobar la teoría matutesca, ¿será cierto? Seguramente me voy a morir con la duda y la bala pasada. Igual, cada vez que veo a una peluquera no puedo dejar de sonreir y pensar "¡ahh.. picarona!", total, los pecados de pensamiento no valen.

La tradición de las peluquerías antiguas existe porque peluqueros y clientes se van heredando a veces de padres a hijos. La peluquería tradicional más famosa de Chile, desde luego es la "Peluquería Francesa", fundada por don Emilio Lavaud Lamothe el año 1896, donde toda la sociedad de caballeros se cortaba el pelo durante el Siglo XX, esta peluquería pasó al hijo de don Emilio, quien al retirarse la vendió a don Manuel Cerda, uno de sus peluqueros, no hace muchos años el nieto de Emilio Lavaud volvió a comprar la peluquería y la transformó en un boulevard con restaurant, almacén, bar y "barbería".

Resulta que don Manuel Cerda, luego de vender la peluquería se vino a Arica, donde vive actualmente, siendo probablemente el último gran peluquero tradicional de Santiago, es buen amigo de mi peluquero, don Luis Gómez, quien me mostró este calendario de la Peluquería Francesa antes que se convirtiera en un boulevard, antro de snobs y hipster. Se me olvidó sacar la foto al reverso del calendario
En fin, peluquerías, tradiciones y teorías sexuales. Todavía me pregunto si será cierta la teoría del Matute y espero no morir sin haber salido de dudas, solo en interés de la ciencia, claro.

20 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Usted tiene tema con todo, eso es lo que me admira.
Mi primer peluquero, Don Zapata, cada vez que me cortaba me vaticinaba una calvicie plena antes de los 25 años. No me hacía ninguna gracia (y se equivocó). Empezó a ver un pájaro blanco y corría por el pueblo señalándolo y gritándole a la gente, "vean el pájaro blanco" y nadie lo veía. Más o menos en esa época contrajo deudas impagables y su familia se excusó con los acreedores diciendo que estaba loco. O quizás empezó a ver el pájaro blanco después de tomar las deudas, siempre estuvimos en duda.
Después, en algún momento, empezó a cortarme el pelo mi novia de la Universidad, las primeras veces me hizo agujeros en el pelo. Creo que arruinó mis escasas posibilidades con otras señoritas así que me casé con ella y me sigue cortando. Mejoró el corte, o en todo caso ya no me imagino con otro corte que el que ella me hace. Ulschmidt (es la única peluquera con la que me acosté pero... es mi mujer, no sirve para la estadística !)

22 de enero de 2018, 21:55

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

jajaja, que buena Ulschmidt, primero un peluquero loco y después la señora te corta el pelo ¡genial! Después del loco que veía pajaritos blancos era como para quedar más traumado que yo.

Yo preferiría raparme antes que dejar que la Pilar me corte el pelo, ¡ahí si que se desquitaría de unas pocas travesuras que he hecho en mi vida! Mejor no corro ese riesgo

22 de enero de 2018, 22:12

 
Blogger Oscar Cabello said...

De la alta política, las finanzas, la música, los ferrocarriles, la filosofía y la historia, has agregado el necesario pero muchas veces olvidado tema de los peluqueros, ¿Aparecerá un día un peluquero automático, que se convierta en el Uber de este rubro? A propósito, creo que también deberías tratar más seguido el tema del bictoin y de las criptodivisas en general, que en mi opinión va a terminar siendo el Uber de los bancos. Pero muy entretenida tu entrada de hoy.

23 de enero de 2018, 01:35

 
Blogger Javier Gomez said...

Para mí los cortes de pelo fueron durante una época lo más traumático de todos los meses. Por mi patología le tengo miedo a los ruidos fuertes, y cada vez que alguien se me acercaba con una maquinilla era el infierno. De modo que todo lo tenían que cortar con tijera. En Roma tenía una peluquería muy buena, a dos pasos de casa, donde también empecé a rasurarme. Me daban el punto exacto que yo quería. Y ahora, en España, cada vez que voy a una peluquería aprovecho para hacerme el tratamiento completo con lavado incluido. Eso sí, no soporto que aún haya peluqueros que pasen navaja.

23 de enero de 2018, 07:28

 
Anonymous Anónimo said...

Tengo un trauma parecido con los peluqueros y la visita que estiro todo lo que puedo. También los mismos recuerdos de galerías del centro donde iba a leer la revista del mes. Ahora tengo peluquero fijo de hace unos 20 años, el que comentaba ayer acerca del caso Karadima, y me dice que sus compañeras de profesión son todas un cacho. Pero si me da hora entre clientes bien potables para tirar el anzuelo. Uff, tuve una repentina pérdida de memoria.

23 de enero de 2018, 08:52

 
Blogger Alberto Garfias said...

Para mi era tremendo cuanfo mi papá me llevaba al peluquero y decia: regular corto.
Eso significaba que sería marerial para el weveo por un par de días.
Lo unico bueno es que podia leer todas las revistas que alcanzara, durante la espera y el procedimiento: tarzan, superman, batman, flash, logan as del jet, doctor mortis, etc.

23 de enero de 2018, 09:21

 
Blogger Jose Cornejo said...

Los peluqueros, cuando niño mi mamá nos solia llevar a un peluquero que le decian "el verdugo", un viejito añoso pero manejaba las trasquiladoras manuales con una habilidad suprema. en menos de 20 minutos nos dejaba con ese corte "militar" que se transformó en mi sello hasta el día de hoy. era la tortura de muchos incluso jóvenes, en una época donde el glam, la laca y los aderezos para el pelo eran "grosso". una especie de "castigo" incluso para mi hermano mayor que ya en carabineros por obligatoriedad adoptó el mismo corte.

Después que me cambié de casa, conoci a otro peluquero. era wekereke declarado pero decente. no era de esas locas de patio sino que respetaba y era respetado y se ganó la confianza de todos en la villa. vivía con su mamá y dicen que un dia cerró el local y desapareció. Años después supe que lo habían encontrado muerto junto con su madre.

Ahora ya en el norte de santiago, encontré una peluquera que supo mantener mi tradicion: el corte de "caballero, regular, militar" que a dia de hoy conservo. Ella le corta el pelo a los carabineros de la comisaría de la comuna.

23 de enero de 2018, 09:50

 
Blogger Jose Cornejo said...

Ultimo minuto: confirmada la muerte del antipoeta Nicanor Parra!

Un salú en su honor!

23 de enero de 2018, 10:15

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Que sorpresa, pensé que la fobia al peluquero era una rareza mía nada más, pero leo que varios también la comparten. Estaba pensando cuales pueden ser las causas y se me ocurren dos a partir de los comentarios:

(i) Como dice Javier puede haber una especie de miedo a las máquinas ruidosas, especialmente las cortadoras eléctricas que antes que eran mucho más ruidosas que las actuales, un efecto parecido a los terroríficos taladros del dentista, los antiguos sobre todo. Yo también a veces me imaginado que me arrancaban un pedazo con esas máquinas antiguas
https://http2.mlstatic.com/antigua-cortadora-de-pelo-de-peluqueria-D_NQ_NP_13623-MLA3300039199_102012-F.jpg

O que me sacan una lonja con la navaja, puede ser una causa.

(ii) La otra razón obvia del miedo es que uno se sienta ridículo después de un mal corte de pelo, ¡eso a mi me pasaba siempre! Pasaron años antes que me acostumbrara a salir a la calle recién rapado, antes era una tortura. Es el mismo miedo que me impide raparme completamente, aunque se que algún día, en el corto plazo, lo tendré que hacer.

Oscar, a un peluquero automático o mecánico no me sometería ni muerto, ya me veo con la tijera enterrada en los ojos o la navaja en el cuello por culpa de un bug de programación jaja

Anónimo, los peluqueros homosexuales son una moda que -si mal no recuerdo- aparecio en los años setenta, antes de eso no conocí a ni uno solo, con el tiempo creo que Gonzalo Cáceres hizo mucho por popularizarlos, era muy querido en la telkevisión y le dieron horas y horas de pantalla, sdespués de eso salieron muchos del closet como peluqueros. Me parece bien que tengan un nicho laboral ahí. ¿La peluquería es buen lugar para jotear? No se me había ocurrido, excepto a la peluquera, claro.

Alberto, José, el "corte colegial, militar o regular corto" es un clásico acá en Chile. Tengo un amigo que su papá es peluquero y me dice que se forra cortando el pelo a carabineros, militares y escolares, es el único corte que hace y jamás le faltan clientes. A mi me aterrorizaba cuando chico, ahora no podría hacérmelo porque deja una especie de mini-copete adelante, yo no tengo pelo para eso!!!

23 de enero de 2018, 10:44

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Es Olvido
Juro que no recuerdo ni su nombre,
mas moriré llamándola María,
no por simple capricho de poeta:
por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
supe de la su muerte inmerecida,
nueva que me causó tal desengaño
que derramé una lágrima al oírla.
Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!,
y eso que soy persona de energía.
Si he de conceder crédito a lo dicho
por la gente que trajo la noticia
debo creer, sin vacilar un punto,
que murió con mi nombre en las pupilas,
hecho que me sorprende, porque nunca
fue para mí otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
relaciones de estricta cortesía,
nada más que palabras y palabras
y una que otra mención de golondrinas.
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
sólo queda un puñado de cenizas),
pero jamás vi en ella otro destino
que el de una joven triste y pensativa.
Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
con el celeste nombre de María,
circunstancia que prueba claramente
la exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,
¡quién es el que no besa a sus amigas!,
pero tened presente que lo hice
sin darme cuenta bien de lo que hacía.
No negaré, eso sí, que me gustaba
su inmaterial y vaga compañía
que era como el espíritu sereno
que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
la importancia que tuvo su sonrisa
ni desvirtuar el favorable influjo
que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aún, que de la noche
fueron sus ojos fuente fidedigna.
Mas, a pesar de todo, es necesario
que comprendan que yo no la quería
sino con ese vago sentimiento
con que a un pariente enfermo se designa.
Sin embargo sucede, sin embargo,
lo que a esta fecha aún me maravilla,
ese inaudito y singular ejemplo
de morir con mi nombre en las pupilas,
ella, múltiple rosa inmaculada,
ella que era una lámpara legítima.
Tiene razón, mucha razón, la gente
que se pasa quejando noche y día
de que el mundo traidor en que vivimos
vale menos que rueda detenida:
mucho más honorable es una tumba,
vale más una hoja enmohecida,
nada es verdad, aquí nada perdura,
ni el color del cristal con que se mira.

Hoy es un día azul de primavera,
creo que moriré de poesía,
de esa famosa joven melancólica
no recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo
como una paloma fugitiva:
la olvidé sin quererlo, lentamente,
como todas las cosas de la vida.

23 de enero de 2018, 10:44

 
Blogger Frx said...

Y esto me recuerda que debo ir a la peluquería esta semana. Pasando a otra cosa, supe que murió Nicanor Parra y lo más increíble es que me habían preguntado si seguía vivo hace un par de días.

23 de enero de 2018, 13:32

 
Blogger Pablo said...

Interesante la Teoría Matute, pero yo tampoco la he podido someter a prueba, porque soy fiel al Señor Martel, clásico peluquero de mi barrio, que le corta a todos, y fácilmente puede tener a 5 generaciones de una familia como clientes.

23 de enero de 2018, 13:59

 
Anonymous Anónimo said...

Tomás no te ves pelao con el corte.
En realidad la clientela se forma con el temor de que si van a otro lugar, terminarían como mamarrachos y por eso se acostumbran al mismo peluquero. Tras asistir 13 años a la misma peluquería, corte de pelo nunca quedaba como pensaba. Cuando era pequeño, probé el corte pelela y jamás me volvi a cortar asi. Siempre queria tener el pelo como Clark Gable, pero siempre quedaba con la apariencia militar. Obviamente en la universidad lo cortaba cada 10 meses, para mimetizarme.
Al fin, tengo el pelo como me gusta. Saludos.

23 de enero de 2018, 14:22

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Frx así es, finó don Nica. Tengo tema para mi entrada de mañana, los temas me llegan solos.

Pablo yo tampoco he podido comprobar la maldita teoría, pero la esperanza es lo último que se pierde...

Anónimo, ese es el artificio del peluquero, de lejos la pelada no se nota pero te acercas o en un dia de sol ¡se me ve todo el casco! Es impresionante jaja.

Yo creo que lo mejor es raparse y se termina todo el problema, siempre me ha complicado la pelada y cuando al fin llegue a raparme, después del shock inicial, creo que va a ser un gran alivio para mí

23 de enero de 2018, 14:38

 
Blogger Pablo said...

De la Peluquería Francesa me acuerdo de un "comercial" que salía en un raro disco de Mauricio Redolés: Bailables de Cueto Road, que simulaba un programa de una radio antigua del barrio Yungay.....decía algo así como "córtese el pelo en libertad, pero con compañía", ya que la peluquería está precisamente en la esquina de las calles Libertad y Compañía....
"Parra al Nobel....Redoles ídem"....decían cuando comenzaban a tocar la musicalización de "El Poeta y La Muerte", en el mismo disco. Atingente a la muerte de Parra, que entra como titular al equipo de fútbol de los Poetas Muertos, partido que es relatado en el mismo disco, y que gana por goleada a los Poetas Vivos.

23 de enero de 2018, 17:27

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

jajaj Redoles! lo estoy escuchando ahora en
https://www.youtube.com/watch?v=VLRGs7UP4gg

23 de enero de 2018, 18:23

 
Anonymous Anónimo said...

Yo tengo las mismas fobias: Al teléfono y a cortarme el pelo.
Eso si las peluqueras mujeres tienen un atractivo interesante: Entre peligrosas y cariñosas.
Una vez estuve a punto de engrupir a una pero después me entere que estaba casada con un carabinero....

23 de enero de 2018, 19:23

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

The smell of danger! jajajaja. En mi muy lejana juventud el amigo de un amigo tuvo la punta de un cuchillo en el cogotito, zafó por poco, el Templo del Ocio jamás habría visto la luz

HAy un dicho muy sabio "ni en la cocina, ni en la oficina, ni con la vecina" ¿habría que agregar "ni con la peluquera"? Sería una tragedia

23 de enero de 2018, 20:49

 
Anonymous Wilson said...

Santiago es un pañuelo. En la casa vecina a la peluqueria, hoy parte del restaurant, vivia una belleza, filete de primer corte, se rumoreaba hija del peluquero, no me consta. Solo para mirarla en su puerta, (en esa epoca las minas solian "asomarse" a la calle), nada de nada, y no solo un servidor, sino todo el glorioso Amunategui, y los pendex de la Av. Portales y de la plaza Yungay. Era asunto de grandes, universitarios por lo menos. Todo un barrio frustrado, imagino que ahora sera una vetusta matrona llena de nietos. :-)

23 de enero de 2018, 21:34

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Ah, no digas eso, que me ha tocado demasiadas veces ver antiguos bom-bones, jaja

23 de enero de 2018, 21:56

 

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