06 marzo 2026

Refrito: Chile y Estados Unidos,: the long and winding road

(Publicado originalmente el 25 de septiembre de 2016)
Históricamente Chile fue independiente y hasta rival de Estados Unidos hasta la Segunda Guerra Mundial, más o menos.

En los años de Portales a Manuel Montt, Chile competía por la supremacía comercial en el Pacífico y, para la fiebre del oro en California, fue un importante proveedor de alimentos y exploradores en una zona donde la presencia de Estados Unidos no estaba completamente consolidada. Las relaciones entre ambos países han seguido un largo y tortuoso camino.

Buque chileno los desaloja de Panamá
En la crisis de Panamá en 1885, Estados Unidos intentó anexar Panamá, que entonces era parte de Colombia. El gobierno chileno envió al crucero protegido Esmeralda, que era el barco más poderoso del Pacífico Sur en esa época, y tomó tierra en Panamá desalojando a los norteamericanos. Allí fue cuando empezó una larga cadena de rencores y revanchas.

Amigos de Balmaceda
Para la Revolución de 1891, Estados Unidos apoyó a Balmaceda y, cuando este fue derrotado, las relaciones con el gobierno de Jorge Montt se pusieron aún peores.

Poco tiempo después se produce el incidente del Baltimore, cuando dos marineros norteamericanos de ese barco fueron asesinados en una riña común en Valparaíso. El gobierno de Estados Unidos dio un ultimátum al chileno, exigiendo disculpas y el desconocimiento de la sentencia de nuestra Corte Suprema.

Las hostilidades verbales entre Estados empezaron a escalar y llegó a Chile la noticia de que los Estados Unidos pensaban declarar la guerra y tomar las salitreras como indemnización. Argentina, que estaba gobernada por Carlos Pellegrini, ofreció su apoyo a los Estados Unidos.

El presidente chileno aceptó dar disculpas al gobierno de EE. UU. por la muerte de los dos marineros y pagar una indemnización de 75.000 dólares a sus familias. Esto dejó un daño en la relación entre ambos países que duró por muchos años.

El susto de la guerra con Chile
Estados Unidos no era la potencia que es hoy; el verdadero peligro para Chile era el apoyo de Argentina y la hostilidad latente con Perú, porque con eso la cosa se ponía mucho más dura.

Lo del Baltimore ayudó a Estados Unidos a ampliar su flota marítima, que para esos años era débil, y a la larga eso les sirvió para la posterior invasión de Cuba.

No fue el único incidente; Estados Unidos tuvo otro muy similar con Paraguay en esos mismos años, cuando recién empezaba a hacer gallitos.

A Pershing lo mandamos para la casa
En las negociaciones entre Chile y Perú posteriores a la Guerra del Pacífico, donde Estados Unidos ejerció de mediador, fue habitualmente favorable y parcial con el Perú.

El general Pershing, que fue enviado a mediar en la cuestión de Arica y Tacna, se tuvo que ir sin ningún resultado porque el gobierno chileno lo consideraba sesgado y no aceptó casi ninguna de sus actuaciones. Al final se logró un acuerdo directo entre ambos países sin intervención del Tío Sam.

Ruptura de Chile con el Eje en 1945
Esta mala voluntad entre ambos gobiernos duró más o menos hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando gobernaba Juan Antonio Ríos. Al comienzo Chile —al igual que Argentina— declaró su neutralidad, debido a la gran cantidad de alemanes en el sur del país y la importancia de esa colonia en el sur de Chile.

Pero en 1945 finalmente rompió relaciones con el Eje, declaró la guerra al Imperio del Japón y pasó derechamente al bando de los aliados. En esos años hubo fuerte actividad antiespías, de la que sufrió hasta mi papá que, por haber estudiado en Alemania, tenía muchos amigos de esa nacionalidad. Entre otras cosas, esto significó venderles cobre a los aliados a precio subsidiado por todo el tiempo que duró la guerra.

La relación se arregla un poquito
Desde entonces las relaciones entre ambos países empezaron a recomponerse; estuvieron en muy buen pie durante el último presidente radical, González Videla, especialmente cuando este puso fuera de la ley a sus exaliados comunistas.

Siguieron mejorando con Ibáñez y Alessandri. A este último presidente le tocó la "Alianza para el Progreso" en el apogeo de la Guerra Fría. El país quedó destrozado por el terremoto de Chillán y Estados Unidos ofreció ayuda económica a condición de implementar una reforma agraria. Resultó ser una de las ayudas más caras y dañinas que ha recibido el país en toda su historia.

Ciuando se enamoraron de la Democracia Cristiana
Eduardo Frei Montalva era considerado el Mesías en el Departamento de Estado, igual que Radomiro Tomic, a quien encumbraron como candidato a presidente porque supuestamente iba a derrotar al comunismo en el Cono Sur. La verdad es que cuando Tomic se presentó a las elecciones hizo el ridículo y fue quien hizo posible la llegada de Allende al poder por un muy estrecho margen.

De nada sirvieron los millones con que inflaron a la Democracia Cristiana esos años; después tuvieron que seguir gastando en operaciones de ultraderecha para tratar de parar la llegada de Allende. Pero fue inútil: solo los militares, con un gran apoyo civil, lo hicieron —solitos— en 1973.

La fracasada "Tercera Vía"
Era la teoría de la "Tercera Vía", que siempre ha fracasado. Solo ha dado nacimiento a caudillos populistas que han resultado mucho peores que los comunistas ortodoxos. Esa estúpida "Tercera Vía" es la que apoyó a Juan Manuel Santos y hoy está entregando en bandeja de plata el negocio del narcotráfico a las FARC en Colombia.

Liberals versus militares
Después del golpe militar en Chile en 1973, los chilenos pudimos ver cuán inútil y desleal puede ser tener a los Estados Unidos como aliados, porque en las dos ocasiones en que estuvimos a punto de ir a la guerra con Perú y Argentina, los políticos liberals como el imbécil de Ted Kennedy nos impusieron un bloqueo de armamento que nos tuvo transpirando helado. Aunque Nixon tenía cierta simpatía por los militares, ya iba de capa caída. Con Jimmy Carter la antipatía hacia el gobierno chileno era abierta.

A la larga nos hicieron un favor
Pero la enmienda Kennedy tuvo buenos efectos a la larga; se cumplió ese dicho de "lo que no te mata te hace más fuerte" y la industria nacional de armamentos chilena se fortaleció mucho, a tal punto que Cardoen llegó a ser un exportador de armas a nivel mundial... hasta que el Departamento de Estado empezó a perseguirlo.

Otra cosa excelente que sacamos de la enmienda Kennedy fue la cooperación militar con Israel. Al menos ese es un país que sabe ganar sus guerras.

Con la democracia vuelve el romance
Desde la vuelta de la democracia, todos los políticos han tenido una adhesión ciega a los Estados Unidos y más todavía al internacionalismo que promueve el Departamento de Estado.

Chile ha firmado innumerables tratados de toda clase, partiendo por el de Libre Comercio y muchos más. La mayoría —según mi entender— son dañinos para el país y, llegado el día, tendrán que ser denunciados.

¿Cuánto han servido los tratados?
Es cierto que la firma del Tratado de Libre Comercio coincide con un enorme aumento del crecimiento, que explica más o menos la mitad de los 10 años de crecimiento a altas tasas; lo que no está nada claro es que haya una relación de causa-efecto entre ambas cosas.

Yo jamás he leído un buen estudio que evalúe el efecto del TLC sobre la economía chilena que sea técnico y no mera propaganda. La verdad es que el despegue sustentable de la economía chilena comenzó sin TLC y con relaciones muy malas con los Estados Unidos.

Muchos otros tratados han tenido efectos perjudiciales y hasta desastrosos sobre el país por la obligación de facto de implementar malas políticas nacionales para homologarse. 

Se dice que la fracasada y ruinosa Reforma Procesal Penal fue impuesta por EE. UU. como condición para suscribir el TLC; de ser efectivo algo así, yo pediría que enrollaran dicho tratado y lo tiraran al fuego, para no ser tan grosero. 

La firma del Pacto de San José y muchos otros ha traído solo perjuicios al país; uno por uno tendrán que ser denunciados con el tiempo.

La cooperación militar
En lo que sí nos ha servido esta mejora de las relaciones es en la adquisición de armamento muy moderno y a buenos precios. Parece que les quedó mala conciencia de los años de la enmienda Kennedy y ahora quieren enmendarse, no sea que se nos ocurra desarrollar una industria nacional que les compita.

La cooperación militar está muy bien; Chile desde hace muchos años ha tenido sistemas de defensa americanos y cambiarlos sería una locura. Fue una suerte que con el alto precio del cobre pudiésemos pertrecharnos de cosas como los reabastecedores aéreos KC-135 y el AWACS "Cóndor", que viejo y todo ya está más que pagado y todavía nos da una superioridad aérea extraordinaria. Los sistemas antiaéreos también son gran cosa y no podemos soñar con cambiarlos.

Sumando y restando
La relación entre Chile y los Estados Unidos ha sido tortuosa y asimétrica, normalmente perjudicial para Chile y pocas veces ha causado grandes efectos en los Estados Unidos. 

Ni siquiera hay gran interés de chilenos por emigrar a ese país, como ocurre con muchos de nuestros vecinos. Solo rescataría la cooperación militar de los últimos 20 años; creo que ha sido lo único provechoso.

Nuestra hipótesis de conflicto es con Perú y, por lo tanto —en términos militares—, es con Rusia, que es el proveedor natural de sistemas a ese país. 

No tenemos por qué andar discutiendo, pero no hay que olvidar que Rusia necesita aliarse con muchos underdogs como Irán, Siria o Venezuela, porque es parte de sus intereses para contener a los Estados Unidos.

Mirando el canal de noticias ruso RT he visto que Rusia tiene una posición bastante hostil con Chile y de apoyo a Bolivia; bien por ellos, sin embargo, hay que tenerlo en cuenta.

Los países no tienen amigos ni enemigos, sino intereses permanentes. Estados Unidos es un aliado muy poco confiable porque depende de una clase política en acelerada descomposición de la que se puede esperar cualquier cosa.

Hoy puede ser amigo y mañana hostil, pero tenemos ciertos intereses permanentes alineados; por algo Chile y Estados Unidos llevan más de 50 años haciendo los ejercicios conjuntos de Unitas.

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