Tomas Bradanovic

Fortuna Favet Fortibus. Filosofía barata, historias, historietas, mecánica, moralejas, chamullos, relatos absurdos, la vida de un vago, cosas de Arica, literatura, música, pornografía, política, física, cocina regional, minas, copete y cosas por el estilo. The awesome, absurd and often bored adventures of our Man of Mistery in Arica, from the trenches, in the Northern Front. Sacar a mil, sacar a mil. Streams of brilliance often springs from boredom. Atendido por su propio dueño, dentre nomás

Por qué la salud pública es un saco roto

viernes, 16 de octubre de 2015



Cumplo mi amenaza: quería entrar a picar un poco más a fondo en el "problema de la salud pública" y comenzaré con una reflexión personal. Aquí voy:

La deformación profesional de la ingeniería, me dice que los argumentos irracionales no sirven. Podrán hacerme sentir bien por un momento, pero en caso de apuro una solución emocional no me va a servir de nada, así es que trataré de abordar la cosa con el mayor realismo que pueda. Y el primer hecho que tengo que aceptar -aunque me cueste- es que me voy a enfermar y a morir, no "algún día en el lejano futuro" como piensa todo el mundo, sino en cualquier momento, me podría morir ahora mismo, mientras escribo esto y no sería nada muy raro. Lo raro en realidad es que haya estado vivo tanto tiempo.

A mis 60 largos años nunca me he enfermado, mejor dicho me debo haber enfermado varias veces, pero no me he dado cuenta o no le he dado importancia. Creo que la peor enfermedad que existe en el mundo es el miedo a enfermarse: el cobarde muere mil veces, el valiente solo una, lo dijo Shakespeare y cuanta razón tenía. La muerte y las enfermedades son tan naturales e inevitables como los cuernos, todos decimos "si, claro" de la boca para afuera, pero muy pocos llegan a aceptar de manera honesta algo tan evidente. Yo mismo no se como voy a reaccionar cuando me encuentren una enfermedad incurable o cuando me de cuenta que voy a estirar la pata. No tengo idea pero ni me interesa pensarlo hasta que llegue el momento.

La vida no vale nada, eso dice la canción y es cierto. Toda esa basura que la vida es sagrada es porquería, inventada por curas y otros sinverguenzas para aterrorizarnos y tenernos bajo control. La vida no tiene nada de sagrado y la muerte es lo más lógico y cierto que existe. Tampoco le tengo miedo al infierno porque -en el muy dudoso caso que exista- estoy bastante convencido que no me lo merezco, así es que se pueden ir al diablo con ese cuco.

Todo lo dicho anteriormente configura como enfrento yo el problema de la salud. Seguro que tengo una o más enfermedades incurables en pleno desarrollo, porque jamás me he hecho un exámen médico y eso no me preocupa demasiado, cuando tenga que venir vendrá. Entonces me preocuparé y mo pondré a gritar como chivo, no antes. Si tengo diabetes, cáncer o lo que sea me importa un pepino, ni quiero saberlo porque no tengo los medios, ni menos las ganas, de hacerme un tratamiento que -en el mejor de los casos- podría estirar mi vida un poco más, igual como un chicle. Al final el chicle siempre se va a romper, antes o después da exactamente lo mismo.

Pero toda la sociedad ha evolucionado por el camino opuesto. Desde chicos nos empiezan a inocular el terror a la muerte y a las enfermedades, junto con la idea que debemos evitar las enfermedades incluso mediante tratamientos dolorosos, y sobre todo aplazar al máximo el momento de estirar la pata. ¿Que objeto tiene luchar por mantenerse vivo? Desde luego es una lucha perdida de antemano y a mi no me cabe en la cabeza pelear una batalla que tengo seguridad que voy a perder. Es cierto que como somos animales y tenemos instinto de conservación, pero se supone que el hombre también es capaz de pensar y superar muchas emociones irracionales que traemos por herencia, si fuese por seguir los instintos hereditarios todavía estaríamos matándonos a piedrazos entre tribus enemigas.

Los gastos de salud son infinitos
Veamos primero la longevidad: desde los antiguos griegos hay gente que vivió más de 100 años, eso está bastante bien documentado así es que en varios siglos la longevidad no ha cambiado demasiado. Sin embargo la esperanza promedio de vida en las últimas generaciones ha aumentado de manera exponencial. Antes el promedio de vida era alrededor de 40 años y hoy es fácilmente el doble, obviamente que los avances de la ciencia han producido esta curva tipo "palo de hockey". Esto es en los grandes números porque si vemos casos aislados siempre ha habido gente que pasa los 100 años de vida.

La problemática
Con el crecimiento de los años de vida en promedio, la gente ahora ve como natural llegar a los ochenta o más. Se ha producido una especie de carrera armamentista contra la muerte y las enfermedades, atacadas con nuevos tratamientos médicos y nuevas medicinas, ambas cosas cada día más costosas. La inflación de los costos médicos no tiene tope porque la mayoría de la gente está dispuesta a pagar lo que sea con tal de agregar algo de tiempo a su vida. Los que tienen enormes recursos como Howard Huges pueden gastar sumas enormes para evitarlo pero igual estiran la pata. Solo piensen en Steve Jobs a los cuarenta y tantos se fue igual para el agujero, a pesar de su enorme fortuna

¿Que queda para nosotros, los pobres, entonces? Reclamar furiosos, creyendo que tenemos derecho a todos los tratamientos y drogas que el dinero puede comprar, porque la vida es sagrada y resulta inaceptable morirse sin agotar hasta el último recurso sin considerar los gastos. Eso es una estupidez, un absurdo, imposible en términos económicos y va contra la realidad, porque los recursos no son infinitos en ninguna parte del mundo. Sin embargo en asuntos de salud, todos creen tener derecho a recursos infinitos cuando se trata de salvar su propia vida, especialmente si son recursos de los demás, vale decir impuestos.

Por eso la salud pública es un pozo sin fondo, un saco roto donde, aunque se le vacíen todos los recursos del mundo, jamás se llegarán a satisfacer las necesidades. Entonces viene el engaño: los políticos, sin muchos escrúpulos que digamos, mienten a los tontos diciéndoles que todos recibirán los más caros tratamientos sin pagar un peso. El resultado es el sistema que tenemos de un gigantesco negocio para la industria de la salud, que alimenta a los médicos-funcionarios, hospitales faraónicos y un carísimo sistema de "medicina preventiva" que no hace otra cosa que inflar más y más el gasto, junto con los tratamientos innecesarios "por si acaso".

Existe una ley económica que siempre se cumple y dice que cuando algo es subsidiado se malgasta. Por eso todos los sistemas de seguro de salud, públicos o privados, malgastan a manos llenas y agrandan el agujero negro del gasto fiscal en salud, que en Chile es la segunda partida más grande del presupuesto. Tenemos un país de hipocondriacos, obligados a "cotizar" en seguros de salud, tratan de aprovecharse al máximo del sistema, sin darse cuenta que se están disparando en el pie, porque cada vez que se aprovechan o roban contribuyen a subir el costo de los seguros. Los giles felices, convencidos que todo eso lo pagan "los otros".

La solucionática
Es un problema que no tiene solución, es decir tiene, pero es muy difícil, porque implicaría un cambio de mentalidad que obligara a la gente a aceptar la realidad en los términos que definí al principio. Este no es un asunto donde la gente piense racionalmente. Traten de convencer a los padres de un niño que se está muriendo y no pueden pagar un tratamiento multimillonario, que simplemente ese es su destino y que todos tenemos que morir, tarde o temprano. Eso es lo real pero ningún padre o madre lo aceptará así nomás. Y no solo con los niños, ese mismo sentimiento de que todos "tenemos derecho" a vivir a cualquier costo lo tiene la mayoría de la gente, aunque basta pensar durante diez minutos para darse cuenta que es una locura imposible.

La raíz de la desesperada frustración de las personas en estas cosas está en su incapacidad para aceptar las enfermedades y la muerte y en el aprovechamiento que han hecho los gobiernos, engañando a la gente con la idea que estar sanos es solo cuestión de recursos, que si se portan bien, papá gobierno les dará todos los recursos que necesiten para que sean inmortales.

Yo soy de la idea que la intervención del gobierno en salud pública debe ser mínima y siempre optimizando aunque resulten situaciones aparentemente "crueles". Si alguien está dispuesto a gastar una fortuna en tratamientos de salud y si tiene esa fortuma, está perfecto, es su plata. Pero que pretenda tener el derecho a que se boten y malgasten los impuestos de todos para darles un par de años de maldita vida, a mi me parece una aberración. Al menos así lo veo yo.

9 Comments:

Blogger Leus said...

Peliagudo tema - lo único que está claro es que no tiene solución, porque lo que tu propones no es aceptable para la mayoría de la gente.

Viendo los costos de desarrollar, por ejemplo, un medicamento (Bayer tiene un gráfico que indica que desarrollar una nueva droga cuesta 1 *millardo* de dólares) está claro que tienen derecho a cobrar caro por una caja de pastillas.

Ahora, yo veo con optimismo el futuro - tarde o temprano se solucionará el problema de la energía, y cuando la energía cueste casi cero, todo lo demás vendrá solo. Espérate no más.

16 de octubre de 2015, 10:12

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Estoy de acuerdo en que no hay solución, pero el hecho que no lo aceptemos no cambia la realidad. Yo mismo que escribo tan fresco sobre el asunto, seguramente me afectaría bastante saber mi propia agonía o la de los más cercanos, sin embargo, aun sabiendo eso puedo pensarlo con la cabeza fria, por lo menos mientras no esté acogotado.

Sobre la espiral de "costos de la salud" creo que es en gran parte consecuencia de los sistemas de sguro financiados por el estado o privadamente. La salud es el bien que menos conviene asegurar y esa es una de las decisiones más irracionales que existen.

Cuando el estado ofrece "garantizar" servicios de salud para todos, envía señales negativas muy potentes a todos los actores: la gente tiende a sobreusar los servicios y quienes prestan servicios tienen el incenti vo a cobrar cada vez más caro, los intermediarios del gobierno por u parte se les queda "en la uña" buena parte de los montos enormes que se transan. La acción del estado en salud es mentirosa y tremendamente inefectiva, todos pierden.

16 de octubre de 2015, 11:23

 
Blogger EDO said...

El problema de la salud publica y tal como dijo hace unos meses el presidente del colegio de medicos es que el miniterio de salud hace mucho rato se debio haber profesionalizado y haber cambiado su figura legal y no seguir siendo mandado por los amigos de la CONFUSAM solo con eso los recursos se aprovecharan de forma optima.

Lo otro es que muchas enfermedades tienen su causa en el tema sicologico...solo vean la gente de campo que no se enferma y son rebuenos para trabajar...

16 de octubre de 2015, 11:27

 
Blogger Frx said...

Había leído su entrada anterior y efectivamente parece que el problema más que el sistema propiamente tal, es la mentalidad que se ha estado inoculando respecto al tema tanto con buenas como malas intenciones. Por otro lado tampoco es tanto que la gente crea que será inmortal, sino que no se quieren morir antes de hacer todo lo que han querido hacer desde siempre como cumplir sus sueños o qué se yo, pero el problema es que hasta los más viejos andan así aún cuando han hecho todo. Sin duda si la gente no fuera tan alarmista con la salud, el sistema también mejoraría.

16 de octubre de 2015, 17:11

 
Blogger Ariel said...

La forma de atacar la salud mediante seguros obligatorios de salud, genera una espiral inflacionaria en la salud puesto que más de la mitad de los cotizantes pagan primas muy superiores al uso real que tienen del servicio, por lo que estos usuarios de alguna manera tratarán de recuperar a lo menos algo del dinero pagado. Esto lo harán acudiendo al médico hasta porque se atoran incluyendo a toda la familia. Esta actitud hace que los costos de las prestaciones suban, puesto que aumenta la demanda. Al subir nuevamente el costo de las prestaciones, nuevamente los usuarios más sanos, con el afan de recuperar un poco este alto costo que ni siquiera es acumulativo, volverán a usar más el sistema.


http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-52862009000200004&script=sci_arttext

16 de octubre de 2015, 18:07

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Frx, tal vez hay una combinación de las dos cosas: por una parte a (casi) nadie le hace maldita gracia morirse, por otro lado el sistema genera muchos incentivos perversos como dice Ariel.

Ariel, eso es exactamente uno de los problemas, es un fenómeno inflacionario, espiral, provocado por la creencia que si sobre-usa el sistema serán otros los que paguen y si lo sub utiliza ellos estarán pagando por otros. Lo que no entienden es que cualquier seguro es como jugar a la ruleta apostando contra si mismo, o sea uno apuesta que va a tener una tragedia, es absurdo pero eso es. Además en el seguro la casa siempre gana por diseño, igual que en la ruleta, si la gente entendiera como funcionan loa seguros haría una revolución contra los seguros obligatorios de salud y de todo tipo

16 de octubre de 2015, 20:34

 
Anonymous Anónimo said...

Sr. Copresidente:

En efecto, la "inflación sanitaria" existe y está muy presente; es cosa de ver cómo han ido subiendo los precios de los servicios clínicos y las consultas médicas, muy probablemente influenciados porque "para eso están las ISAPREs" y porque "la salud no tiene precio".

En el caso del sistema público, al tener precio cercano a cero obviamente produce sobredemanda, aunque por otra parte el costo generalizado de atenderse ahí, medido en términos de espera, malos tratos, incomodidades varias, mala calidad de profesionales y un largo etcétera debiera hacer pensar de otro modo, pero no: cualquier consultorio u hospital está siempre colapsado.

En lo personal, soy usuario del sistema público por tener una enfermedad crónica (diabetes tipo 1), así que ninguna ISAPRE me recibe. Simplemente no tengo alternativa, pero ha sido interesante apreciar las enormes ineficiencias en la gestión. Por citar algunas:
- Citar a todos los pacientes exactamente a la misma hora.
- Burocracia innecesaria: por ejemplo, me ha tocado que me piden timbrar mis recetas (para que a su vez me entreguen los medicamentos) para certificar que soy AUGE, trámite absurdo porque si no lo fuera simplemente no podría estar ahí, y para poner ese timbre hay una persona dedicada exclusivamente a eso, con una oficina, computador y todo lo demás, es decir, un recurso valioso (HH) dedicado a una labor inútil en un sistema colapsado que justamente requiere de muchas HH para reducir la congestión.
- Horarios infernales: las farmacias de los hospitales funcionan habitualmente hasta las 14:00 horas (puede que algunas hasta un poco más, pero antes tienes que sacar número, validar la receta, etc, y esas otras ventanillas (por qué será que al sistema público le encantarán tanto las famosas ventanillas) cierran antes), por lo que obligan a toda la demanda a concentrarse entre las 8:00 y esa hora, con las consiguientes aglomeraciones. Y para qué hablar de atender en fines de semana o festivos. Lo anterior es aún peor si consideras que a veces los medicamentos no están, por lo que tienes que ir nuevamente (aumentando aún más la congestión) y que un paciente sólo puede retirar sus remedios en esa única y exclusiva farmacia. En cambio, en el sistema privado (GES), cada ISAPRE tiene convenio con alguna cadena de farmacias, de modo que simplemente vas a cualquier local de esa cadena, teniendo muchísimas opciones en caso de congestión o falta de stock.

Una vez escribí una carta al MINSAL proponiendo que el sistema tratara de replicar las condiciones del privado, aprovechando la capacidad de las farmacias, para lo cual simplemente se requería que la CENABAST licitara cada cierto tiempo el servicio al menor costo. Con eso -dado el volumen de compras del sistema- muy probablemente se reducirían los costos, los usuarios tendrían a su disposición toda la red de locales de la cadena adjudicataria, se liberaría una enorme cantidad de HH en el sistema público que podría dedicarse a actividades más importantes e incluso, si algún medicamento tuviera un precio más alto que el que actualmente paga la CENABAST, lo debería pagar el usuario; si no quiere hacerlo, mantiene la opción de ir a retirarlo en los hospitales, que además estarían mucho menos congestionados. Me respondieron con la estupidez de que esa facultad no estaba dentro de las que tiene la CENABAST, cosa ridícula porque justamente la idea de enviarle la propuesta a ellos era que lo consideraran como un proyecto de ley, pero ya ves... y eso que era el "gobierno de los mejores". Habría sido más comprensible que me dijeran que no estaban de acuerdo, o que la estudiarían.

(continúa)

19 de octubre de 2015, 12:22

 
Anonymous Anónimo said...

(continuación)

Sobre eso de que "la salud no tiene precio", alguna vez lo discutí con una enfermera que me lo dijo. Le respondí que la salud sí tiene precio, que de hecho nos lo cobran cada vez que nos atendemos y que, si bien las personas normalmente tienen una altísima disposición a pagar por ella, finalmente siempre hay un límite: si me descubrieran un cáncer y me dijeran que el tratamiento vale $100 millones, y que además los resultados no son seguros (como suele ocurrir), los mandaría -y consecuentemente a mí mismo- al diablo. Eso sí, la disposición a pagar aumenta radicalmente cuando se trata de familiares... así somos.

El seguro de salud mantiene el principio de que gana la casa, pero la teoría es que deberían ganar por el agregado, no por las cuentas individuales. Es decir, unos pagan y no usan (o usan menos de lo que pagan), mientras que otros usan más; la gracia estaría en que los precios y balances hagan rentable la cuenta final. Sin embargo, las ISAPREs se han puesto tan exquisitas que buscan rentabilizar cada cuenta individualmente, lo que, sumado a la infinita estupidez de los votantes, está permitiendo que el gobierno trate de recoger caña y estatizar parte del sistema. Ya veremos...


Saludos,
El triministro.

19 de octubre de 2015, 12:23

 
Anonymous Anónimo said...

Me faltó contar una anécdota respecto de la sobredemanda del sistema público: normalmente el trámite de ir a retirar remedios me toma entre 2 y 3 horas en total. Siempre está lleno. Pero una vez coincidió con que el mismo día, y a la misma hora, había un partido donde jugaba Chile, para un mundial de fútbol. Como a mí no me interesa eso, fui al hospital de todos modos: no había casi nadie y me demoré no más de 15 minutos.

Curioso que la gente no se enferme cuando hay partidos de fútbol... ¡quizás por ahí haya una medicina alternativa no explorada! ;-)

Ya; ahora sí que no lateo más.


Saludos,
El triministro.

19 de octubre de 2015, 12:27

 

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