Tomas Bradanovic

NULLA DIES SINE LINEA. Filosofía barata, historias, historietas, moralejas, chamullos, relatos absurdos, la vida de un vago, cosas de Arica, literatura, música, pornografía, política, física, cocina regional, minas, copete y cosas por el estilo. The awesome, absurd and often bored adventures of our Man of Mistery in Arica, from the trenches, in the Northern Front. Sacar a mil, sacar a mil. Streams of brilliance often springs from boredom. "Be yourself, but bigger"

Este refrito es de mayo del 2017 y me gusta porque habla sobre filosofía barata, metafísica de bar, especulaciones de un ocioso, etc. o sea las cosas que a todos nos deberían ocupar de vez en cuando. En este caso escribí sobre los cuentos, y como esta capacidad para concebir y construir cuentos nos diferencia de cualquier otro animal que existe. Hay dos cosas esencialmente humanas que son la capacidad para inventar mentiras, o cosas que no existen y la estupidez, en el sentido de hacer a sabiendas cosas que nos van a perjudicar. Sobre los cuentos se trata esta entrada y no la voy a comentar más porque es media larga. Aquí vamos:

Los cuentos, el patriotismo y otras yerbas

Se supone que existe algo que nos diferencia de manera fundamental del resto de los animales y los demás seres vivos, esa diferencia es la que nos permite -a las personas normales al menos- criar y engordar un chanchito para después matarlo y comerlo bien dorado al horno sin que nos de una pizca de remordimiento. No solo somos especies distintas sino que existe una conciencia de ser superiores, de saber algo que los demás animales no saben lo que nos hace tener derechos sobre ellos, que no tienen ellos sobre nosotros. Hasta el animalista más ferviente, por tonto que sea (valga la redundancia) puede que mire a los animales con amor y simpatía, pero jamás se sentirá menos que ellos, a menos que esté completamente chiflado, como para aceptar que su amo sea un perro, un gato o lo que sea.

¿En qué reside esta diferencia que nos hace sentirnos fundamentalmente superiores? Algunos podrían mencionar el lenguaje, pero prácticamente todos los animales se comunican y muchos de manera bien sofisticada. Existe otra cosa más importante, que crea esta diferencia fundamental, los seres humanos, que básicamente somos uno más de los cientos de miles de especies tenemos algo único y distintivo: somos los únicos que podemos pensar en cosas que no existen-

No es el lenguaje lo que nos distingue, por más sofisticado que nos parezca, lo más importante y exclusivamente humano es la capacidad para creer e imaginarnos cosas que no existen, la capacidad de inventar historias y mitos, eso es lo que realmente nos distingue de todos los demás animales. Leo en el estupendo libro Sapiens de Yuval Noah Harari

Cualquier cooperación humana a gran escala (ya sea un Estado moderno, una iglesia medieval, una ciudad antigua o una tribu arcaica) está establecida sobre mitos comunes que solo existen en la imaginación colectiva de la gente. Las iglesias se basan en mitos religiosos comunes. Dos católicos que no se conozcan de nada pueden, no obstante, participar juntos en una cruzada o aportar fondos para construir un hospital, porque ambos creen que Dios se hizo carne humana y accedió a ser crucificado para redimir nuestros pecados. Los estados se fundamentan en mitos nacionales comunes. 

Dos serbios que nunca se hayan visto antes pueden arriesgar su vida para salvar el uno al otro porque ambos creen en la existencia de la nación serbia, en la patria serbia y en la bandera serbia. Los sistemas judiciales se sostienen sobre mitos legales comunes. Sin embargo, dos abogados que no se conocen de nada pueden combinar sus esfuerzos para defender a un completo extraño porque todos creen en la existencia de leyes,justicia, derechos hum anos... y en el dinero que se desembolsa en sus honorarios.

Años atrás hice un curso online que se llamaba "Contar historias para el cambio" y la idea era que los cambios nunca ocurren en el vacío, primero debe existir una historia, un cuento. No se trata simplemente de la manipulación del lenguaje, sino de la construcción de una historia, un encadenamiento de cosas mayormente ficticias, que permite crear sentimientos comunes para unificar a mucha gente que no se conoce ni les interesa conocerse, sin embargo a través de un mito común llegan a actuar y hasta sentirse como hermanos.

Pocas veces nos damos cuenta que vivimos sumergidos en un mundo imaginario de historias y ficciones, que son infinitamente más que las que existen en el mundo físico. Todo lo que es más importante y preciado para nosotros son cosas  que no existen realmente, están solo en nuestra imaginación. Nuestros valores, las simpatías, nuestros afectos y odios son todas construcciones imaginarias, historias que intercambiamos, unas las creamos y otras las creemos, pero todo es ficticio, no tiene existencia en el mundo físico, solo en nuestra mente.

¿Que cosa más ficticia que una sociedad de responsabilidad limitada o una sociedad anónima? Ford Motor Co. no existe en ninguna parte, no son las instalaciones, ni los ejecutivos, ni siquiera los dueños porque Henry Ford murió hace muchos años y hoy la propiedad está atomizada entre cientos de miles de accionistas que pueden morirse todos y la ficción legal seguirá existiendo, como si nada, conservará sus obligaciones y hasta puede seguir creando riqueza.

Y si vamos un poco más lejos, no existe nada más ficticio que el dinero, o en general todos los activos financieros así como la riqueza. Jamás se ha podido explicar de manera completa la naturaleza del dinero, pese a que grandes economistas como Galbraith y Friedman han escrito libros sobre eso, siempre terminan concluyendo que el dinero solo existe en la imaginación de las personas, no es "real".

Milton Friedman cuenta, en su libro "El Dinero" que se han usado muchas otras cosas aparte de los billetes para representar el dinero, como cigarrillos, metales y cosas por el estilo, pero uno de los casos más curiosos fue de una isla del pacífico donde se usaban como dinero unas piedras que eran bastante raras en el lugar. Resulta que la familia más acaudalada tenía una piedra enorme y una vez, moviéndola en canoa desde una isla a otra se les hundió. Sin embargo no dejaron de ser ricos, porque todos sabían que eran los dueños de la piedra hundida y cualquier otro que intentara rescatarla cometería un robo. La riqueza no estaba disponible para tocarla pero si en la mente de las personas, exactamente lo mismo que pasa con la banca fraccionaria y su multiplicador.

En mi entrada anterior escribía sobre la importancia del patriotismo, mucha gente básica no alcanza a entenderlo y dicen, como Einstein -que tenía las ideas políticas de un niño de 12 años- que "el nacionalismo es una enfermedad de juventud, como el sarampión de las naciones". Esa es una estupidez mayúscula, amparada por la popularidad de Einstein. Resulta que los mitos que forman una nación son parte fundamental del sentido de pertenencia de las personas, ese que nos permite actuar en comunidad, defender y sacrificarnos más allá de nuestra familia cercana y amigos. La gente más decente expresa esos sentimientos como patriotismo, los rufianes con la selección nacional o el equipo de fútbol de sus amores, bah, solo bromeo, es más o menos la misma cosa, pero sin duda algunos sentimientos son más nobles que otros.

El patriotismo se arma en base a mitos nacionales, historias heroicas que se transmiten de generación en generación. La mayoría de los chilenos nos sentimos en cierta forma herederos de Arturo Prat, así como los peruanos de Grau o Bolognesi, los hechos en estos caso pasan a segundo plano, lo importante son las historias que se van construyendo, no por casualidad y al azar, al contrario los mitos reflejan muchas cosas de nuestra fundamental manera de ser. Los héroes de algunos países son superhombres repletos de ego, en otros son modestos, sobrios y estoicos, en cada país son un reflejo de como es, o como quiere llegar a ser su gente. Sigamos leyendo Sapiens de Harari

Esta es la razón por la que los cínicos no construyen imperios y por la que un orden imaginado solo puede mantenerse si hay grandes segmentos de la población (y en particular grandes segmentos de la élite y de las fuerzas de seguridad) que creen realmente en él. 

El cristianismo no habría durado 2.000 años si la mayoría de los obispos y sacerdotes no hubieran creído en Cristo. La democracia estadounidense no habría durado 250 años si la mayoría de los presidentes y congresistas no hubieran creído en los derechos del hombre. El sistema económico moderno no habría durado ni un solo día si la mayoría de los accionistas y banqueros no hubieran creído en el capitalismo.

Creo que eso deja bien claro la importancia de crear historias, buenas, convincentes y movilizadoras. Cualquier ideología, cualquier idea en realidad, no es otra cosa que una historia lo suficientemente convincente, que llega a ser ampliamente aceptada.

Así es que más respeto con los cuenteros ¿ya?.

8 Comments:

Anonymous Marcos Cisternas Sandy said...

Entonces, el mayor cuento de la historia humana, sería "La Humanidad"

7 de abril de 2018, 03:03

 
Anonymous Anónimo said...

Tomás hay muchas aristas interesantes en lo que cuenta.
Estaba por decir que el lenguaje es el soporte de tantos mitos colectivos... pero me olvido de la cantidad de mensaje audiovisual de hoy día. Y de que una traducción profesional me permite consumir los mitos extra-nacionales (los de otra tribu) mejor que los míos.
Consumimos mitos nacionales en tres fechas patrias por año y vemos "Games of Trones" o "Walking Dead" por Netflix el resto del año.
La gente se fanatiza con estos héroes de ficción mucho más que con los otros. Realmente, el poder organizador que tenía un par de mitos patriotas transmitidos por una maestra de primario a unos niños campesinos que apenas si escuchaban radio en sus casas no es lo mismo cuando los mismos mitos - transmitidos por le mismo arcaico programa educativo - compite con batallas épicas que se juegan en una consola.
Yo aún estoy influenciado por el viejo sistema, pero me parece que mis hijos ya no. Uls

7 de abril de 2018, 06:31

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Marcos, la Humanidad es un puro cuento, un mega-cuento jaja

Ulschmidt, si, esos mitos nacionales que enseñan en la escuela y que nos inculcan el patriotismo ya tienden a ir desapareciendo en los niños y jóvenes, son reemplazados por los comics, youtube y los videojuegos. Por ejemplo la influencia de Dragon Ball Z es mucho mayor sobre el Tomás Jr. que cualquier episodio histórico de la patria, muchos años atrás cuandó el era chico, yo le decía que en unos años ni se iba a acordar de los Power Rangers y eso lo enfurecía, bueno, yo me equivoqué jaja, todavía se acuerda.

Igual no creo que sea muy importante porque esas cosas tienen un efecto más o menos superficial. En Perú y Bolivia por ejemplo, donde la Guerra del Pacífico tuvo efectos catastróficos, se enseña historia con mucho más celo y la gente está mucho más influida por lo que le enseñaron cuando chicos, sin embargo es una especie de patrioterismo un poco superficial porque son países muy desunidos por cosas más profundas (su diversidad geográfica y cultural por ejemplo).

Son sentimientos genuinos pero que no tienen mucho efecto en el commportamiento de las personas. Existen sin embargo otras historias y mitos, que no se enseñan en las escuelas pero que se van permeando en los niños, jóvenes y también en los adultos, un poco de boca a boca. De allí salen los regionalismos, el amor por el barrio y también valores patrióticos que son más profundos que cualquier cosa que nos enseñen en el colegio.

7 de abril de 2018, 10:39

 
Anonymous Anónimo said...

No se. Yo ví una mini-guerra por televisión, pero que nos involucraba, la de Malvinas, y hace poco fue el no-se-cuánto-aniversario. Ya está mistificada: nuestros valientes pilotos ... bla bla ... se enfrentaron con la OTAN más ayuda norteamericana .. bla bla ... y casi casi hacen un gol pero.... Cuando la realidad aquella fue mucho más miserable, y la operación en sí un dislate de nuestros gobernantes locos.
La peor guerra que involucró a este país, la del Paraguay, costó más de 400 000 vidas, fue en los 1865-1870, y aquí casi nadie sabe que existió. O se la recuerda con una breve culpa. En Brasil, igual. En Uruguay nada. En Paraguay: la guerra causó el colapso del Paraguay, hasta el día de hoy, el Paraguay quedó misteriosamente condenado por los siglos de los siglos a ser pobre y atrasado - no tienen la culpa sus sucesivos gobernantes, sus elites, el pueblo ni nada. Teniendo en cuenta que los japoneses se recuperaron de una guerra que incluyó dos bombas atómicas y a una década ya eran de nuevo potencia económica, los paraguayos podían culpar ya a otra cosa, pero no. En su enseñanza oficial, la Guerra Guazú ya tiene proporciones míticas y justifica una decadencia eterna. Uls

7 de abril de 2018, 12:22

 
Anonymous Wilson said...

Corchos!!!, tendre que terminar por leer al primo Harari. Tenia sus dos libracos olvidados, despues de verlo recomendado por Obama y Gates, lo tenia listado con Coelho :-)

7 de abril de 2018, 15:10

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Es bien bueno el libro de tu baisano ¡incluso creo que tu me lo mandaste! :D

7 de abril de 2018, 15:19

 
Anonymous Anónimo said...

En las noticias de mediodía mencionan que a una persona le roban su reloj un par de "motochorros" extranjeros. A cada minuto mencionaban lo de motochorro. Si nos enteramos que a la persona que robaron es de origen palestino. No hubo caso que dijeran la nacionalidad de los motochorros los progre periodistas. Seguro son venezolanos, los pelotudos vienen arrancando de los motochorros de su país y acá se dedican a esa actividad. Ya hay varios de esa nacionalidad detenidos por lo mismo. Los chilenos estamos agregando una cantidad de adjetivos mayor que todos los creados antes en nuestra historia. El problema es que todos son para definir situaciones delictuales: motochorro, traqueto, sicario, etc. Gran aporte cultural.

7 de abril de 2018, 16:55

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Hay dos clases de inmigrantes que solo han traído cosas malas a Chile: uno son los delincuentes llegados desde una región bien específica de Colombia de donde vienen sicarios, motochorros y otras especies por el estilo. Los otros son los indigentes haitianos que vienen a apropiarse de los beneficios sociales con cero aporte, porque tienen una cultura de vivir de la caridad en su país. Creo que a esos dos grupos específicos se les debe cerrar la puerta con doble candado, al diablo son sus "derechos humanos" que no son asunto nuestro.

Los demás, incluidos colombianos y haitianos con educación, emprendedores, etc. yo los recibiría con los brazos abiertos. Necesitamos gente que venga a aportar, no a parasitar.

7 de abril de 2018, 17:19

 

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