El impuesto específico a los combustibles lo estableció el Gobierno Militar el año 1986, su fundamento era que se usarían los ingresos para mejoras viales y mitigar la contaminación. El año 2001 este impuesto se elevó para financiar pensiones y otros programas. En términos prácticos con este impuesto el 40% del precio de los combustibles automotrices lo recoge para sí el fisco, o sea si pagamos US$ 1.50 por litro 0.29 son de IVA y 0.32 de impuesto específico, por cada litro.
La historia de este impuesto es muy triste para el país porque se impuso siendo Hernán Buchi ministro de hacienda, se incrementó cuando era ministro Nicolás Eyzaguirre y se ha mantenido durante el ministerio de Felipe Larraín: Han pasado 6 presidentes y 7 ministros de hacienda sin que nadie haya tocado un impuesto regresivo y especialmente oneroso para la clase media, esa misma que todos los presidentes dicen pertenecer y defender.
¿Por que es regresivo? porque las empresas no lo pagan sino los particulares, porque hasta la clase media baja usa automóvil para desplazarse desde hace décadas. Al final es un impuesto para particulares que usan un automóvil.
La justificación técnica para que los gobiernos de los más diversos colores lo hayan mantenido es el concepto de impuesto al pecado, que postula que existen ciertas actividades que producen costos escondidos, como sería la contaminación y congestión vehicular en este caso, entonces el gobierno estaría justificado a penalizar mediante un impuesto esta actividad pecaminosa, tal como lo hace con impuestos al cigarrillo, al alcohol y otros para desincentivarlas, cosa que obviamente jamás ocurre.
Pero ese es el pretexto, no hay nada más fácil que encontrar una externalidad o costo oculto a cualquier producto para declararlo pecaminoso. La idea de impuestos bajos y parejos para todo, simplificó nuestra estructura tributaria en los ochentas evitando fraudes y permitiendo, al final, más recaudación, esa idea es completamente opuesta a esos impuestos al pecado.
La sucia verdad es que el fisco recauda casi el 8% de sus ingresos totales con este impuesto, un recorte presupuestario del 8% obligaría a un esfuerzo de austeridad fiscal del que ninguno de los gobiernos que hemos tenido sería capaz de lograr, mucho menos el de Sebastian Piñera, que gobierna con un ojo en las encuestas ofreciendo bonos y beneficios discrecionales cada vez que ve su popularidad en peligro.
La verdad es que el impuesto se mantiene por un asunto de cobardía política de los gobernantes, de todo el espectro, que prefieren engañar a la gente con bonos y beneficios normalmente inútiles o insuficientes a costa de hacernos pagar a lo menos un 20% de sobreprecio por cada litro de bencina que compramos. Es una historia muy triste, porque el impuesto es un perfecto ejemplo de política tóxica e hipócrita, fue establecido por el gobierno que modernizó nuestra economía y después de muchos años, un gobierno -supuestamente- de derecha no tiene los pantalones para corregir una situación que es tan claramente equivocada y abusiva.
Y no uso la palabra cobardía por casualidad, el gobierno simplemente no se atreve a hacer lo que debe porque le aterroriza perder popularidad, un gobierno con coraje y liderazgo simplemente explicaría que si el precio internacional del petroleo sube los combustibles serán más caros, hagan lo que hagan, y que cada bono y beneficio se paga con la misma plata que le sacan a los pobres en impuestos ¿que prefiere, pagar más impuetos con la esperanza de recibir limosnas o menos para que la plata quede en su bolsillo?.
Un político de derecha -ya no recuerdo quien- dijo hace años que cada alza internacional del combustible significaba una mini reforma tributaria, claro que ahora no dice ni pio sobre eso y debe estar rezando para que la gente se olvide de sus palabras.
¿Se acuerdan que tiempo atrás escribí sobre la
teoría de la eficicencia de los mercados? bueno, en los artículos seleccionados de los 100 años del American Economy Review me encuentro con uno de Grossman y Stiglitz donde proponen
la imposibilidad de la eficiencia de los mercados. Stiglitz al menos es conocido por sus cruzadas sobre las "imperfecciones del mercado". En todo caso para hacer mi tesis leí un excelente libro que escribió sobre políticas públicas así es que me puse a leer el artículo.
El análisis matemático que hace es estadístico y ni lo vi porque no entiendo maldita cosa de eso, pero hace tiempo que aprendí que aceptar en las conclusiones sin revisar las demostraciones es algo que facilita bastante la vida. La conclusión de Stiglitz es que, bajo ciertas condiciones, la eficiencia perfecta de los mercados, es decir la inexistencia de información privilegiada, es imposible.
Claro que las condiciones son bastante especiales, por ejemplo no toma en cuenta el grado de aversión al riesgo de los inversionistas. En resumen, no creo que le quite valor a la teoría de eficiencia de mercados ni que el paper tenga un valor parecido al teorema de la imposibilidad de Arrow, buen intento Sr. Stiglitz, pero no suficiente. La Teoría de la Eficiencia de Información los Mercados sigue gozando de buena salud.
Anoche, después de las abundantes libaciones en la terraza del departamento de Tom me tenía que ir de vuelta para la casa, pero solo tenía un billete de diez mil en el bolsillo, pensé preguntarle a los taxistas si tenían cambio, cosa que rara vez ocurre en Arica pero como estaba medio caramboleado, me sentí lo suficientemente valiente como para irme a pie, lo que significaba atravesar casi toda la ciudad, de punta a punta.
Y me vine caminando igual que Kung Fu hoy medí la distancia en Google Eart y son como 7 kilómetros, claro que a mi me parecieron unos 70 ¡que manera de caminar!. No se cuantos de ustedes han corrido maratón o distancias largas, es una verdadera droga, cuando uno empieza es muy difícil dejarlo.
Cuando entré a la universidad debíamos tomar por obligación un semestre de deporte y como yo no sabía ninguno me colocaron en atletismo. Tuve mucha suerte, aunque el entrenador Jorge Diaz, uno de los mejores de Chile, me miró con desesperanza cuando terminé el Test de Cooper en mi primera clase. Pero uno de mis compañeros había sido seleccionado nacional juvenil y me puso bajo su protección. Así empezamos a correr distancias largas.
Era un verdadero vicio, salíamos de noche y nos íbamos por el cerro trotando hasta la playa la capilla, ida y vuelta todos los días, solo por adicción. Tom Wilke, que fue psicólogo experimental de deportistas me decía que esas carreras largas producen endorfinas exactamente igual que una droga y me consta, existe un estado -lo llaman "la zona"- que uno alcanza justo después que cree que ya no puede más, entonces llega la euforia, un asunto super extraño.
Menos mal -para mí- que mi compañero atleta perdió la carrera en el primer semestre, de otra manera hoy estaría trotando en lugar de pasar todo el día echado escibiendo en este Club de Ociosos. El deporte es un vicio, ah y también aprendí a respetar a los deportistas, esa idea de que son cabeza de músculo es una completa estupidez, por lo general son inteligentes y tienen mucho carácter. Todo lo contrario de mi, holgazan y bueno para nada, pero en fin, así espero vivir cien años, un auto estacionado nunca se gasta. Hasta mañana.
P.D. Este fue el medio pique de anoche, más encima con la caña. Hágan esa.

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