Un antipasto histórico: el presidente-rey
En nuestro sistema presidencialista, creado bajo las ideas de don Diego Portales, el presidente tiene la facultad exclusiva de nombrar, reemplazar y despedir a los ministros sin preguntar ni tener que pedirle permiso a nadie.
No es así en todo el mundo; en los sistemas parlamentarios el primer ministro propone a sus ministros al rey o jefe de Estado. En Estados Unidos, muchos ministros los nombra el presidente, pero necesitan ser aprobados previamente por el Senado.
En las dictaduras el jefe de gobierno, así como los ministros, son nombrados por un Comité Central o cualquier otro colectivo que detente el poder.
El diseño de don Diego Portales tenía como objetivo dar estabilidad y eficiencia a los gobiernos y, para eso, al presidente se le entregaban facultades parecidas a las de un rey, un mandato de 5 años reelegibles y un sistema que —en la práctica— aseguraba a los presidentes una mayoría parlamentaria siempre.
Portales tenía muy claro que asuntos tan delicados como el gobierno de un país no deberían quedar entregados al capricho del día de una chusma, como le escribió a su amigo Garfias: "La democracia, que tanto pregonan los ilusos, es un absurdo en los países como los americanos, llenos de vicios y donde los ciudadanos carecen de toda virtud, como es necesario para establecer una verdadera República. La Monarquía no es tampoco el ideal americano".
Por eso el presidencialismo fuerte y la desconfianza hacia los excesos de democracia, es decir, la voluntad popular. Todo esto lo pongo para explicar el poder arbitrario que tiene —hasta el día de hoy— el presidente para nombrar a sus ministros.
Plato de fondo: el anuncio
Hoy se anunciaron los nuevos ministros y, como dicen los católicos, Roma locuta, causa finita (que en cristiano es algo así como "Roma ha hablado, se terminó la discusión"). Bueno, Kast ha hablado y se terminó la discusión; vamos a ver ahora cómo funciona la cosa.
Desde antes de saberse los nombres empezaron a aparecer las críticas. Creo que este es el primer gobierno, desde que "llegó la alegría" en 1990, en que el presidente no negocia los nombres con los partidos que lo apoyaron.
Simplemente preparó un diseño junto con sus orejeros y nombró según su leal saber y entender. Esta desaparición del cuoteo político me parece una excelente noticia.
Otra crítica es que a Kaiser le ofrecieron el Ministerio de Minería y un par de subsecretarías en modo de "lo tomas o lo dejas", y este dijo enseguida que su Partido Nacional Libertario prefería no participar en el gobierno con ningún cargo.
Es lo lógico y nadie debería sentirse ofendido ni nada por el estilo. Así como Kast puede diseñar su gabinete como se le antoje, Kaiser tiene el mismo perfecto derecho de no participar en el gobierno.
Creo que, obviamente, en los niveles más bajos nombrarán a algunos nacional-libertarios, porque en Republicanos no abunda el recurso humano, pero creo que la decisión de Kaiser fue la mejor para él, para su partido y para los que somos de derecha.
Eso nos deja una vía de escape a los republicanos pinochetistas —que no somos pocos— en el caso de que el gobierno de Kast nos desilusione o no nos deje satisfechos. Siempre es bueno tener un Plan B a la mano.
Los nombres
En el fondo, los ministros sirven como fusibles que deben poner el pecho a las balas cuando hay problemas y queda alguna cagada; ese trabajo de fusibles es el más relevante en muchos ministerios. Por eso no me preocupa ver nombres de gente que tiene poca o ninguna idea de lo que será su trabajo.
No me imagino qué debe entender Barros —un abogado tributarista— de Defensa; Rincón —abogada— de Energía, o Undurraga de Cultura. Creo que esos ministerios necesitan nombres mucho más fuertes porque enfrentarán problemas muy importantes.
No hay que olvidarse de que por culpa de haber puesto a un ladrón de cuello y corbata como Pacheco en Energía, hoy estamos pagando cuentas de luz mensuales de, mínimo, 50 dólares; pero en fin, esperemos que todo salga bien y los ignorantes no aprendan echando a perder.
Esos tres ministros me parecen cero aporte, en particular Undurraga y Rincón.
Otros nombres, en cambio, me parecen muy buenos, como Poduje en Vivienda, De Grange en Transportes, Steinert en Seguridad Pública y —ciertamente— Quiroz en Hacienda. Creo que esos son los potenciales líderes que pueden hacer cambios más importantes en sus carteras.
También me dan esperanza los nombres de Rau en Trabajo, Pérez Mackenna en RREE, Toledo en Medio Ambiente, Chomalí en Salud, Rabat en Justicia y Arzola en Educación. Buenos nombres a mi modo de ver; veremos si funcionan tan bien como sus antecedentes prometen.
De los demás no tengo opinión porque ni los conozco; ojalá que lo hagan bien. El gabinete abunda en gente que no es del Partido Republicano y no es para nada representativo —creo yo— de la gente que votó por Kast, pero ya sabemos gracias a don Diego que la representatividad no es lo más importante.
Una cosa que me inquieta
En campaña del 2021, Kast dijo que se iba a bajar el sueldo e iba a hacer lo mismo con su equipo de confianza; apenas elegido, ahora cambió de opinión. Creo que esa es una equivocación y una actitud que se ve muy fea.
Un par de millones menos no los va a hacer más ricos ni más pobres, sobre todo cuando han hecho gárgaras durante años contra el derroche y el enriquecimiento de los funcionarios del Estado. Todavía no he escuchado una explicación.
Como no estaba seguro del asunto, le pregunté a mi socio Gemini si era verdad que había prometido rebajarse el sueldo y la respuesta fue esta: "José Antonio Kast mencionó en varias ocasiones, especialmente durante su campaña presidencial de 2021, que se rebajaría el sueldo a la mitad si resultaba electo. Esta propuesta formaba parte de su discurso de austeridad fiscal y reducción del gasto político".
También dijo que reduciría los ministerios de 24 a 12, parece que ya se le olvidó y ahora está tirando para la cola. Feo, feo para mi gusto; como dijo Condorito: ¡exijo una explicación! Pero una buena explicación eso sí, no una cantinflada.
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