Y murió Trinidad Gelfenstein, una chica joven, linda y de familia acaudalada, dueños de una importante empresa constructora. Una rara enfermedad la obligó a requerir transplante de corazón y ambos pulmones, no resistió la operación y murió. A los 17 años, no me imagino un dolor peor para los padres que la sobreviven. Como tengo la suerte de nos sufrir de envidia de clases, que afecta a la mayoría de mis coterraneos, creo que la muerte de una persona con recursos es peor que la muerte de un pobre. Duele mucho más porque las personas adineradas generalmente sufren menos, están en posición para resolver muchos problemas con su plata, menos esos.
La muerte es inevitable para todos -no debiera inmutarnos- pero la muerte improbable me conmueve un poco, especialmente por los que sobreviven. Es normal que se mueran más viejos y más pobres, porque no hemos ido nunca a un médico, que gente joven y con plata para pagarse toda clase de tratamientos. Deberíamos aceptar la muerte de todos, pero no me gusta la idea que se muera gente con más posibilidades de vivir bien.
Por eso yo creo que los organos para trasplante se deberían vender libremente y la gente que tiene más dinero debería poder comprarlos tal como compra mejores servicios de salud. Eso también ayudaría a los familiares de los donantes. Me parece una estupidez que no se puedan vender los órganos y para los pobres podrían existir perfectamente mecanismos de financiamiento, a través de la caridad o algo similar.
Y al menos cuando yo me muera, pueden disponer de cada uno de mis órganos o tirar mi cadaver para que se lo coman los perros, me da exactamente lo mismo porque nunca he entendido esa macabra costumbre de venerar a los cadáveres.
Pero me encanta la idea que pudieran vender mi flamante hígado, mis pulmones vírgenes y otros órganos que por pudor me abstendré de mencionar, pero que seguramente se encontrarán en perfectas condiciones el día de mi muerte. Menos el corazón, porque tengo la esperanza de morir de un ataque fulminante en la mitad de un agradable sueño. Ese sería mi ideal, aunque rara vez las cosas pasan como uno quiere, no pierdo la esperanza.
Me imagino al Tomás Jr. a la Pilar y a mi querida suegra repartiendose el billete por la venta de mis extraordinarias presas, pensando que por primera vez en su vida me lograron sacar un peso y que, después de todo, no era tan malo. Como todos lo saben no hay finado malo.
P.D. en mi programa para vaciar la mente de problemas insolubles e ideas desagradables, estuve todo el día echado viendo tele. El canal Toros TV, es el único que me llama la atención y pude ver todas las corridas de la semana en la Feria de Pamplona, incluyendo los encierros y una cornada muy sangrienta. También vi una película en HBO que, sin ser una obra de arte, me pareció interesante. Se llamaba "Capturing Mary" con Dame Maggie Smith. Los mantendré informados de mi nueva telemanía que durará hasta que se terminen los problemas... si es que.