10 enero 2026

Lo que empieza mal, a veces termina bien

Hoy en la mañana salí para Tacna. Lo bueno es que, como tiene dos horas de retraso respecto a Chile, no es necesario levantarse temprano para ir; así es que a un cuarto para las diez estaba en el Terminal Internacional abordando el bus, que ya estaba casi completo y a punto de salir.

Toda la semana pasada estuve durmiendo mal por los problemas, la preocupación y hasta un poco de dolor —tal vez somatizado— del maldito diente que supuestamente ya tengo KO. Además, tenía otros problemas dentales y no quería ir a los mismos dentistas que me atendieron la última vez.

No era que trabajaran mal, pero los noté medio hostiles; incluso un par de mensajes de WhatsApp que les mandé no me los contestaron. Tampoco se preocuparon de buscarme buenas alternativas. Me dio la impresión de que estaban limitados en equipamiento y por eso acomodaban todo a lo que ellos podían hacer.

Finalmente decidí buscar en otra parte y, viendo opiniones en Facebook, fui a dar con Odontolover, una clínica a un costado del Teatro Municipal, con buenas referencias y que parecía tener el equipamiento que a mí me gusta.

Hay muchísimos dentistas en Tacna, uno al lado del otro, y yo los dividiría en tres grupos: los básicos, que son "sacamuelas" baratos (para una extracción, por ejemplo, hay que ir donde ellos); luego los buenos, que tienen un equipamiento moderno pero nada más; y finalmente los que venden una "experiencia odontológica".

Estos últimos tienen una secretaria muy guapa, ofrecen café, están ubicados en casonas o edificios lujosos, se visten como si estuviesen en un quirófano, ponen música y usan todos los demás embustes para dar la sensación de que estás en un lugar de lujo.

Mucha gente busca esto último y está dispuesta a pagar un ojo de la cara por esos embelecos; además, los muros están tapizados con los cursos que ha hecho "don sacamuelas" en todo el mundo. A mí siempre me han dado suspicacia tantos títulos colgados.

Porque pienso: "¿Y estos que pasan metidos en congresos por todo el mundo, a qué hora trabajan?". Recuerdo a mi ídolo y dentista favorito, el doctor Gonzalo Lostaneau, que trabajaba muchas veces de lunes a domingo atendiendo a decenas de personas cada día.

¡Ese sí que tenía experiencia! No tenía ni un maldito título en la pared, pero todos sabían que fue el mejor dentista de Tacna hasta que murió, varios años atrás. Tengo todavía algunos de sus trabajos de hace 40 años, y hasta le hice una pequeña página web.

Pero en fin, nada es eterno y Gonzalo murió hace muchos años. Después de eso fui donde su hijo, también dentista —un completo desastre—, y luego pasé muchos años sin prestar atención a los dientes hasta hace un año más o menos, cuando la cosa hizo crisis.

Pero bueno, no era de eso de lo que quería escribir hoy, sino de mi experiencia del viaje a Tacna y los cambios que encontré en esa ciudad que —como saben— es casi mi segunda casa.

Me subí al bus sintiéndome mal y al poco rato ya me sentía muy mal, con un dolor de estómago, náuseas y todo eso que fue empeorando a lo largo del viaje. La pasada estuvo relativamente rápida y en una hora y cuarenta y cinco minutos el bus ya estaba doblando por el Parque de la Locomotora.

Como siempre, los trámites de viaje para entrar a Tacna fueron rápidos; estuvimos unos cuarenta y cinco minutos mientras Aduanas revisaba el bus. Pero al bajarme en Tacna ya me sentía francamente mal, con un dolor de estómago insoportable.

Entonces decidí usar el baño del terminal que —según recuerdo— siempre fue asquerosamente sucio; pero como yo soy "de combate", me fui para allá.

Me llevé una tremenda sorpresa: los baños estaban completamente nuevos, con una entrada automatizada donde había que poner medio sol (quince centavos de dólar). En fin, qué les puedo decir, fue casi una experiencia religiosa.

Aliviado y liviano como una pluma, me tomé una kombi (treinta centavos de dólar) directo al dentista, sin cita previa ni nada, a lo peruano. Esperé quince minutos y me atendió un doctor muy competente que me solucionó un problema rápidamente; me cobró catorce dólares.

Eso era lo más urgente. Respecto a mi diente que supuestamente no tenía remedio, al ver la radiografía me dijo que podría salvarse, pero antes me mandó a sacar una tomografía computarizada que me costó cuarenta y un dólares. Eso fue lo más caro del viaje.

Creo que iré el próximo fin de semana o el subsiguiente para que la vea y me diga cuáles son mis alternativas. Espero que esta vez me vaya bien con el doctor.

Como ni siquiera había desayunado, me fui al Mercado Central y compré un pastel de manzana; aprovechando que estaba allí, compré también un kilo y medio de maca negra por unos tres dólares. ¡Baratísimo! Acá en Arica vale el triple.

Y así terminé mi miniaventura en el extranjero. Es increíble que por cuatro dólares podamos viajar a otro país a sesenta kilómetros de distancia, encontrar a un buen dentista y hallar cosas baratas. Por eso me gusta ir a Tacna; aunque camino más que un mormón buscando cosas, siempre me entretengo muchísimo.

1 comentario:

  1. acá en santiago tengo que hacerme algo simple, el presupuesto barato en un sitio que da un poco de susto, 1730000, en el sitio de las minas ricas y que parece mall de dubai, 3150000, sale más barato tomar pasaje a arica y atenderse en perú

    Mr OT

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