17 enero 2026

Más aventuras en Tacna

Como les había contado, fui a Tacna donde un nuevo dentista, que me mandó a hacerme una radiografía y una tomografía para poder ofrecerme alternativas para el diente que supuestamente tengo perdido.

Ya prácticamente no me quedan muelas, aunque eso me lo arreglaron con postizas, pero un diente de adelante ya es otra cosa. Desde que me dieron la sentencia de muerte para mi dientecito, estaba bastante preocupado pensando cómo diablos lo podría arreglar.

Combatiendo el insomnio
Para ser francos, eso me tuvo un par de días con insomnio hasta que encontré cómo espantarlo. Mi receta fue que en la noche, cada vez que me pusiera a pensar en algo que pasaría al día siguiente o en el futuro, debía inmediatamente ponerme a pensar en otra cosa.

Al principio creí que sería imposible controlar el flujo de los pensamientos, pero me di cuenta de que era relativamente fácil. Cada vez que empezaba a pensar qué iba a hacer mañana, o cómo iba a arreglar algún problema la próxima semana, lo cortaba y me ponía a pensar en algún recuerdo agradable del pasado glorioso.

Creo que, al llegar a veteranos, todos tenemos recuerdos de lo que consideramos "nuestros años de oro". Yo al menos tengo muchos, así es que no me falta material para cambiar de tema. Muchas veces nos quedamos pegados en pensamientos preocupantes como si fueran inevitables; no es así.

Y como los recuerdos lindos son también medio aburridos, al poco rato de eso me quedo dormido. Así he solucionado un poco el problema de insomnio que en los últimos tiempos me había vuelto a molestar.

Bueno, después de este latoso intermedio, les contaré que tuve mucha suerte con el bus que me tocó porque agarré el primer asiento con un montón de espacio para estirarme —hasta ser petiso tiene sus ventajas—; sin embargo, la frontera de ida esta vez estuvo desesperadamente lenta: casi dos horas.

Mi solución para la frontera
Eso me dio motivo para ponerme a pensar por qué se producen estos atascos en las dos fronteras, y no es por la revisión para prevenir el contrabando sino por algo mucho más sencillo y estúpido: la burocracia, con una cantidad increíble de papeleo completamente inútil.

Todo este papeleo burocrático tiene por objeto asegurarse de que la persona que está pasando sea efectivamente quien dice ser, eso y nada más. Pero para chequear esto se usan métodos muy arcaicos del siglo XX, basados en registros escritos.

Con la tecnología de hoy, bastaría con poner el carnet y la cara en un escáner; el proceso puede ser 100% automático y solo en caso de duda biométrica debería presentarse la persona delante de un funcionario, eso sería el 10% de los casos, tal vez menos.

Para entrar a Chile existe otra aberración burocrática llamada "declaración jurada" sobre el transporte de productos de origen animal o vegetal: es un absurdo máximo en términos administrativos y legales. En lugar de eso, debería bastar con poner el carnet en un escáner y apretar un botón que diga "sí declaro" o "no declaro".

Estoy consciente de que para los que viajan en vehículo particular son necesarios otros trámites adicionales, pero el paso viajando en bus debería demorar segundos en lugar de horas.

Bueno, después de la espera interminable, en poquito rato ya estábamos en Tacna City, mi segunda casa.

Jugando con la tomografía
Como les conté, el endodoncista me había dicho que para hacer un buen diagnóstico era mejor que me hiciera una tomografía; yo no sabía qué era, pero me la hice en el primer viaje. Me costó la friolera de 40 dólares y me entregaron una radiografía y un CD; me sentí un poco estafado con tan poco.

Pero cuando llegué a Arica, lo primero que hice fue descargar el CD a un pendrive y ponerme a ver qué tenía. Me encontré con muchos archivos, unos 400 de ellos eran imágenes en un formato .dcm que no conocía.

En la descarga apareció un error y el visor de imágenes no funcionaba. Pero Ruperto no se rinde: me fui a internet y encontré el programa médico Athena DICOM Expert para ver tomografías, lo instalé y funcionó perfecto.

Me maravilló ver mi estropeada mandíbula en 3D, cambiar colores, contrastes, seleccionar los huesos, tejidos blandos y varias cosas más; pasé horas jugando con eso y me convencí de que las 40 lucas estuvieron bien pagadas. Mejor que un videojuego.

Eso sí que me dejó deprimido, tanto por el lamentable estado de mi boca como por lo feo que soy por dentro. Como buen narcisista yo me creía bonito, pero en verdad soy horriblemente feo, al menos mi esqueleto.

Me acordé del comentario de la esposa de Röntgen cuando vio por primera vez la radiografía de su mano con los huesos y todo eso; lo único que atinó a decir fue: "Acabo de ver mi muerte". Yo me sentí más o menos igual mientras manipulaba mi propia calavera.

¿Buenas noticias?
Bueno, la cosa es que llegué a la clínica tomografía en mano y me atendió otro dentista que revisó todo y me preguntó cómo y dónde quería ponerme los implantes. Le dije que no quería ponerme implantes, sino ver cómo estaba el diente que me habían desahuciado en Arica.

Volvió a mirar la tomografía, la radiografía y me dijo que no veía ninguna infección activa en ese diente, no se mueve ni me molesta, así es que me dijo que mejor lo dejara tranquilo en su sitio hasta que empezara a molestarme.

¿Qué habrá pasado? Porque la verdad es que sí me salió pus de esa parte de la encía y en una radiografía anterior me dijeron acá que el diente estaba prácticamente perdido, que mejor lo sacara de una vez antes de que empezara a infectar a los demás.

No entiendo nada, pero según mi filosofía, si recibo una noticia buena y una mala, siempre me quedo con la buena. Si me equivoco ya veré lo que hago, pero detesto esa idea de hacerse tratamientos "preventivos".

El Tomás Jr. me dice que consulte una segunda opinión, pero qué sabe ese mocoso infatuado. A mí me basta con una opinión optimista. Para mí una optimista vale más que diez pesimistas.

¿Será el Xilitol?
Hasta tengo una barsa-teoría que podría explicar esta aparente curación milagrosa: desde hace unos cinco meses, cuando me diagnosticaron que el diente estaba perdido, empecé a masticar chicles con Xilitol, que es un azúcar que engaña a las bacterias y las envenena en lugar de nutrirlas.

Eso está bien documentado en estudios clínicos y hay al menos experiencia en que el Xilitol reduce las caries. ¿Será eso o el último dentista solo era piticiego? Como les dije antes, déjenme con la buena noticia nomás.

Mantendré la boca bien limpia y me olvidaré del maldito asunto, que bastantes preocupaciones me ha traído. Si se me caen todos los dientes, mala suerte nomás; siempre hay que esperar lo mejor, nunca lo peor, porque ser pesimista atrae el mal. Prefiero creer en los milagros.

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