Creo que todos conocemos esa frase del "elefante en la habitación". Se refiere a cuando hay un problema gigantesco gestándose al lado de nosotros, pero todo el mundo finge que no lo ve, que no existe. "¿Cuál elefante?", dicen. "Yo no veo ningún elefante, tú estás loco".
Pero a medida que pasa el tiempo y el asunto va creciendo, se hace cada vez más difícil ignorarlo. El elefante ya no está en la habitación, sino dentro de un ascensor. Nos tiene cada vez más apretados, pero seguimos hasta el final pretendiendo que no existe.
Porque el problema de China es de proporciones tan enormes que la mayoría de la gente prefiere ni pensar en eso. ¿Qué pasaría si China deja de comprarnos cobre, litio, celulosa y frutas frescas? ¿Qué pasará con los que se endeudaron hasta el cuello para cultivar cerezas?
Y esto no es una actitud solo de Chile, sino de todo el mundo. El aumento desbocado de la producción industrial de China, insustentable y mantenido solo por engaño, propaganda y manipulaciones de su gobierno por décadas, tenía que empezar a desplomarse un día.
Y a ese día nos estamos acercando. La crisis de especulación inmobiliaria, de proyectos deficitarios en todo el mundo por la fantasiosa "Ruta de la Seda", megapuertos, ferrocarriles, puentes y carreteras construidos por industrias estatales con préstamos con vista al dominio político antes que a la rentabilidad.
El mejor ejemplo es el "megapuerto" de Chancay, donde la empresa inversora China Cosco no acepta que su operación sea supervisada por el Estado peruano, como todos los demás puertos del país. La empresa ya puso un recurso de amparo y lo ganó en primera instancia.
Eso es lo que les espera a todos los países que acepten estos megaproyectos. Desde hace años, Xi Jinping entró en un delirio neoimperialista de dominar a los estados mediante megainversiones y coimas. No me extrañaría mucho que ese juez peruano de primera instancia haya sido incentivado a fallar en favor de Cosco.
Muchísima gente en el mundo sigue convencida de que China avanza imparable a convertirse en el próximo hegemon mundial, que su economía sigue siendo poderosa. YouTube está repleto de noticias espectaculares sobre la nueva tecnología milagrosa de China.
Autos eléctricos con autonomía de 5.000 kilómetros que se cargan en 10 minutos; baterías nucleares; puentes gigantescos; un nivel de vida mejor que nunca. "China es el futuro y, si quieres ser el país del futuro, tienes que convertirte en aliado de China".
Pero nadie ve el gigantesco desempleo en Shenzhen, Shanghái y muchas otras grandes ciudades chinas; la gente durmiendo en la calle y escarbando la basura para comer; la mala calidad de sus manufacturas y el régimen asfixiante y opresor del gobierno central sobre sus propios ciudadanos.
La explicación oficial desde China dice que es un país que siempre ha estado rodeado de enemigos imperialistas y por eso no puede tener democracia, la cual traería inestabilidad y revueltas. Por eso la seguridad del Estado tiene que ser fuerte, para defenderse del imperialismo de los Estados Unidos y Europa.
Esta explicación se parece mucho a la del "bloqueo yanqui" que usó Fidel Castro y sus asociados durante décadas para justificar el despojo y la represión. La verdad en ambos casos es mucho más sencilla: son camarillas pegadas con Locktite a las mieles del poder.
Es verdad que cada país puede decidir libremente su sistema, sus abusos o lo que sea. El mundo está repleto de países con camarillas corruptas que hacen un remedo de democracia. China, al menos, es franca al plantear que no son una democracia.
El problema no es eso sino que, desde su llegada al poder, Xi Jinping comenzó a aplicar una política imperialista que nunca antes había tenido. Para conseguir esos fines de construcción del nuevo imperio, ha estado arruinando los frutos del crecimiento enorme que tuvo el país a partir de las reformas de Deng.
La ambición imperialista se ha ido convirtiendo en locura. En Chile hemos visto cómo la embajada china es usada para infiltrar la política chilena. Muchas leyes nefastas que hoy tenemos vienen diseñadas de acuerdo con la agenda de Pekín para vender sus paneles solares. Y ese es solo un ejemplo, hay muchos más.
A partir de Deng Xiaoping, los sucesivos gobiernos se habían preocupado de hacer crecer el país sin meter sus influencias en los demás, pero Xi Jinping —el emperador Aliexpress— cambió todo esto. Eso ha tenido un costo enorme para China que ahora se está viendo.
En estos momentos hay un movimiento gigantesco sacudiendo China con el intento de Xi Jinping de descabezar el Ejército de Liberación Popular y la misma cúpula del Partido Comunista.
Todos los analistas occidentales piensan que Xi sigue firme en el poder porque, después del descabezamiento, el Ejército y el Partido están en silencio. De lo que no se dan cuenta es de que ese silencio estruendoso significa lo contrario: todo va mal para él.
Porque después de toda purga en China, lo normal es que los centros de poder inunden de declaraciones de lealtad al Amado Líder y su infinita sabiduría, apoyándolo con la vida en su lucha contra los corruptos. Nada de eso ocurre; solo hay silencio y movimiento de tropas.
Hace unos días vi el videoanálisis de una china expatriada. Se llama "Por qué Occidente sigue leyendo mal la lucha de poder en Beijing" y expone perfectamente la idea que yo tengo de lo que está pasando ahora mismo.
Le pedí a mi socio Gemini que hiciera un resumen de los puntos principales desde la transcripción. Esto es lo que me entregó y lo copio textual:
"La gran división: Analistas occidentales vs. Diáspora china.
Lei señala una discrepancia fundamental en cómo se interpretan los eventos recientes, como la caída de generales poderosos el 20 de enero. Analistas occidentales: Ven la purga de generales de la PLA como una señal de que Xi Jinping tiene un control total y absoluto; interpretan el movimiento como una muestra de fuerza. Analistas de la diáspora china: Lo ven como una señal de debilidad. Argumentan que Xi está realizando una contra-maniobra desesperada porque su poder ha sido socavado por los ancianos del partido y figuras como Zhang Youxia.
Diferencias culturales en el análisis: El concepto de Espacio en Blanco. Lei utiliza una analogía con el arte para explicar por qué Occidente se equivoca. Occidente (Realismo): Se enfoca en lo que se puede ver, medir y documentar (datos oficiales, anuncios, comunicados). China (Espacio en blanco - Liu Bai): En la cultura china, lo que no se dice o lo que está ausente es más importante que lo visible.
Lo que el PCCh no ha dicho (El silencio revelador).
Lei enumera varias señales de que Xi no tiene el control total, basadas en la ausencia de protocolos estándar tras la purga de los generales: Ningún comando militar ha declarado públicamente su lealtad tras la remoción. El Politburó ha guardado silencio absoluto sobre el tema. Los perfiles de los generales purgados siguen en los sitios web oficiales, algo inusual en una purga definitiva. La maquinaria de propaganda no ha lanzado la campaña de denuncia masiva que suele seguir a estas caídas.
Los poderes invisibles: Ancianos del Partido y Príncipes. El video profundiza en dos grupos que los analistas occidentales suelen subestimar porque operan en las sombras. Ancianos del Partido (Elders): Aunque no tienen cargos oficiales, actúan como el Estado profundo de China, mediando acuerdos y vetando líderes desde atrás del telón, un modelo establecido por Deng Xiaoping. Los Príncipes (Princelings): La aristocracia roja (descendientes de los fundadores). Lei afirma que al ir contra Zhang Youxia, quien es un príncipe de sangre pura, Xi ha declarado la guerra a toda esta clase privilegiada.
Consecuencias:
Un dictador herido es más peligroso. Lei concluye que la fragmentación del poder en Beijing no hace al sistema menos peligroso, sino más volátil. Un líder que se siente acorralado y cuya legitimidad interna está fracturada tiene más probabilidades de cometer errores de cálculo o tomar medidas temerarias (como conflictos externos) para recuperar el control".
Esa es, más o menos, la situación. El elefante ya no está en la habitación, sino que dentro de un ascensor. Está muy cerca de reventarnos pero nadie dice nada, ni pío. Todos simulan ignorar lo que está pasando, pretenden que todo sigue igual que siempre, "business as usual".
En la tele, la sección internacional muestra historias divertidas con animalitos o la usual propaganda a favor o en contra de Trump, escandalillos y cosas así. Todo esto mientras las placas tectónicas se van moviendo y nos podríamos estar acercando a un terremoto grado 12.
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