18 febrero 2026

El comercio ambulante es la punta de un iceberg

Estaba viendo como por fin se ha comenzado a controlar la espantosa casa de putas —perdonen el francés pero no encontré mejor forma de describirlo— en que se había convertido el Barrio Meiggs.

El alcalde Mario Desbordes se va a llevar todos los aplausos y con razón, porque fue el primero que decidió tomar el toro por las astas y emprender una cruzada en un barrio donde se habían establecido todas las mafias: venezolanos, colombianos, chinos y hasta mafias de carabineros, lamentablemente.

Desbordes fue carabinero, aunque conozco gente que lo conoció en el servicio y tiene pésima impresión de él, en este asunto ha sabido moverse y parece que la pelea se está ganando, pese al pesimismo inicial de todos, que aseguraban "los van a sacar hoy y volverán mañana".

Pero no, parece que ya van camino a expulsarlos. Ha sido difícil, se ha gastado una cantidad enorme de recursos pero creo que vale la pena porque puede sentar un precedente: en Chile no funciona eso de desobedecer la ley y las buenas costumbres delante de todos.

En cierto modo es la presión social lo que está ganando. Desde Bachelet se empezó a instalar la idea que la muchedumbre tenía el derecho o privilegio de saltarse las leyes, siempre que el número fuese lo suficientemente grande.

La primera vez que se vio eso fue con los saqueos después del terremoto de 2010. Ese fue un punto de quiebre que fue envalentonando progresivamente a la chusma. Además rompió un tabú no escrito muy arraigado en nuestra mentalidad: "en Chile no pasan esas cosas".

Bueno, esas cosas pasaron, se toleraron y crecieron, llegando a su peor momento en octubre de 2019 cuando Sebastián Piñera titubeó al reprimir a los saqueadores mientras políticos, fiscales, jueces y la prensa se encargaron de defender al lumpen a brazo partido.

A Piñera le tiritó la pera, y eso tuvo efectos mucho más allá de los saqueos y la violencia callejera en 2019 y 2020; tuvo un efecto corrosivo explicado por la Teoría de las Ventanas Rotas, algo de lo que he escrito muchas veces antes por acá mismo.

Lo que está pasando en Meiggs es algo importante y nos debe dejar lecciones. Desbordes aparece como el superhéroe en el asunto, pero él es solo una parte del éxito; el delegado presidencial ha aportado de manera igual de decidida y muestra que en Chile todavía hay situaciones donde todos terminamos remando para el mismo lado.

La verdad es que el orden público se sostiene de un hilo sumamente delgado. Si se juntan unos 10.000 violentistas con hondas, bombas molotov y armas, dispuestos a saquear, destruir e incendiar, será muy difícil para cualquier fuerza del orden detenerlos.

Esto es algo que vimos para el terremoto de 2010 y en la violencia callejera de octubre de 2019. La muchedumbre se apoderó del territorio y la policía tuvo que retroceder y a veces hasta retirarse, porque las autoridades no se atrevieron a usar la fuerza letal y matar a unos cuantos violentistas.

Porque esa es la única manera que existe de enfrentar un motín violento: dispararles, herir y matar a unos cuantos, no con perdigones ni menos balines de goma, con munición de plomo. Así es como se ha hecho siempre.

Me parece que una sola vez en la historia hubo saqueos después de un terremoto; eso fue en Valparaíso el año 1906, cuando el almirante Gómez Carreño fue nombrado jefe de plaza y ordenó fusilamientos sumarios en el acto a quienes sorprendieran saqueando. Se estima que hubo entre 100 y 150 muertos y los saqueos se detuvieron rápidamente.

También hubo una protesta violenta con gran número de manifestantes en el año 1949 en Santiago, similar al llamado "estallido" de octubre de 2019. El presidente González Videla sacó tropas militares a la calle con sus Mauser cargados. Según Gemini "hubo entre 11 y 30 muertos, cientos de heridos y más de 1.000 detenidos".

Hasta ahí nomás llegó la "revolución". Creo que son los únicos dos episodios de violencia callejera masiva donde la policía no bastó para reprimir con los medios tradicionales, es decir lumazos. No volvimos a ver algo parecido hasta muchos años después, durante Bachelet y Piñera.

Creo que estamos en un momento en que nuestra sociedad se pudrió de la tolerancia y de los discursos de derechos humanos: delincuentes peligrosos y violentistas pierden todos sus derechos humanos en el momento que amenazan la integridad física de las personas pacíficas.

Y creo que todos esperamos como un piso mínimo del gobierno que comenzará con Kast, que Chile vuelva a ser "como antes" y que la violencia callejera sea reprimida con una violencia mucho mayor de parte del Estado, una violencia legítima porque así lo queremos al menos un 60% de los chilenos.

Este es un asunto serio, un compromiso implícito del gobierno que entra y si no lo cumple lo va a pagar muy caro. Habrá que cambiar muchas cosas, leyes y criterios, apretar el cogote a jueces y fiscales, les guste o no, porque ese es el mandato con que están asumiendo.

Que vuelva a Chile el respeto cívico a las autoridades legítimas y a la gente pacífica, que se vuelva a respetar la propiedad y que todas las "incivilidades", como le dicen ahora, sean duramente castigadas, en el acto, no después en interminables pleitos de tribunales.

Creo que entre las razones por las que votamos por Kast, la principal es que muchos chilenos estamos podridos por esta falta de respeto generalizada que se ha venido imponiendo desde el primer gobierno de Bachelet; esperamos como mínimo que eso se cumpla y volvamos a ser "como antes".

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

"Send me a postcard, drop me a line
Stating point of view
Indicate precisely what you mean to say
Yours sincerely, wasting away
Give me your answer, fill in a form
Mine for evermore
Will you still need me, will you still feed me
When I'm sixty-four"