Si queremos buscar soluciones a nuestra crisis carcelaria no hace falta ir a aprender de Bukele ni el CECOT, que fue construido a precio de oro para una realidad muy distinta a la de Chile y acá sería muy difícil de implementar.
El verdadero modelo aplicable para los presos peligrosos en Chile está muy cerquita, en pleno altiplano de Tacna: es el penal de Challapalca.
En los años 1989-1990 el Perú tuvo una crisis mucho peor a la de Chile en su sistema penitenciario. Las cárceles estaban controladas por delincuentes y terroristas que hacían lo que querían dentro.
En 1984 ocurrió el macabro motín en El Sexto, penal en pleno centro de Lima, donde los rehenes fueron torturados y asesinados en vivo frente a las cámaras de televisión. Luego de 14 horas el penal fue asaltado por la Guardia Republicana, resultando 22 muertos.
Pero no solo eran los capos del narcotráfico. Otro grupo más poderoso, cruel y organizado era el de los terroristas del PCP (Sendero Luminoso) y del MRTA. Ellos realmente tenían su propia ciudadela dentro de las cárceles donde los custodios ni se asomaban.
En 1986, los presos terroristas organizaron el motín simultáneo más grande y sangriento de la historia, que incluyó los penales de Lurigancho, El Frontón y Santa Bárbara, donde resultaron 230 muertos.
En Lurigancho, 120 terroristas fueron ejecutados cuando ya estaban rendidos. En El Frontón, los terroristas presos estaban fuertemente armados y la Marina de Guerra bombardeó un pabellón completo donde murieron 110 terroristas.
Cuento todo esto para que vean las dimensiones de la crisis que tuvieron. En 1996 el presidente Fujimori decidió terminar con los enclaves de poder dentro de las cárceles y mandó a construir Challapalca, a casi 4.800 metros sobre el nivel del mar, en el altiplano de Tacna.
Las temperaturas en la noche llegan a 20 grados bajo cero. Es un lugar desolado y aislado donde es sumamente difícil que lleguen familiares a visitar a los presos y una fuga parece imposible.
Se trata claramente de un penal de castigo, muy criticado por los organismos de derechos humanos, pero también tiene un gran apoyo entre la población peruana.
Los presos viven en aislamiento total, los fines de semana son obligados a marchar y rendir honores a la bandera y en televisión aparecen los delincuentes más despiadados sumisos como corderitos.
Allí está el asesino neerlandés Joran van der Sloot, que hace de abanderado en los desfiles, los líderes del Tren de Aragua condenados en Perú y allí irán a parar seguramente Los Pulpos que han capturado hace poco. El penal tiene capacidad para 200 presos aislados y está prácticamente copado.
Han tratado de cerrarlo muchas veces pero la opinión pública furiosa siempre ha frustrado esos intentos. Actualmente se proyecta su ampliación para doblar la capacidad.
No es el único penal de castigo para los peores porque también existe Pasco, igualmente en el altiplano, el CEREC en la Base Naval del Callao y Piedras Gordas en Lima. Leo en Gemini:
"Para que un interno sea trasladado a un penal de máxima seguridad como Challapalca, no basta con la gravedad del delito cometido originalmente, sino que depende de su comportamiento y peligrosidad dentro del sistema penitenciario".
¿Qué les parece el sistema? Creo que se acomoda bastante bien a nuestra realidad. Un penal en las Islas Picton o en Aguas Verdes, por ejemplo; estamos llenos de lugares muy aptos para un penal de castigo como el de Challapalca.
Sumado a una alta rotación de los gendarmes y demás personal, para que no sean castigados a vivir mucho tiempo en esas condiciones y además evitaría la creación de vínculos con los presos. La peor parte de los actuales pensionistas de la Cárcel de Máxima Seguridad se podrían ir becados para allá.
Con un canal seguro de comunicaciones los abogados podrían hacer visitas virtuales, estrictamente monitoreadas; ni hace falta que viajen.
El ideal sería que Chile denunciara finalmente el Pacto de San José de Costa Rica, que para lo único que ha servido es para cometer abusos y las formas más miserables de activismo político.
Lo que menos necesitamos es a estos defensores de los derechos humanos; creo que en eso están de acuerdo, como mínimo, todos los que votamos por Kast, y seguramente muchos más.
Claro que dudo que Kast tenga el carácter para hacer algo así. Cada día se nota más su inclinación a querer quedar bien con todo el mundo y eso termina muy mal. Ojalá no siga la ruta funesta de Sebastián Piñera.
A propósito de eso, tengo un amigo muy inteligente con el que conversaba hace años, cuando Kast recién empezaba a aparecer. Yo estaba muy impresionado con JAK y este amigo me contó que había sido su alumno en la Universidad Católica.
Me decía que tiene la mejor opinión de él como persona; cuando era profesor invitaba a todos los alumnos a asados en su parcela y era un tipo muy sencillo y cordial. Pero, me dijo, le veía un gran problema como presidente: JAK le tiene aversión al conflicto y siempre trata de arreglar las cosas por la buena.
Ojalá que se equivoque. Hace muchos años que no sé de mi amigo y me pregunto si seguirá pensando lo mismo ahora. Espero que se haya equivocado en su apreciación, por el bien de todos. En fin, falta muy poco para que salgamos de dudas.
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