10 febrero 2026

¿Por qué no pueden hacer las cosas bien?

El mega puerto de Chancay

Recuerdo la euforia que hubo en Perú cuando anunciaron que China había elegido a ese país para construir el terminal portuario de aguas profundas más grande del Cono Sur.

También me acuerdo de cómo en 2024 apareció el pelmazo de Mosciatti en una entrevista a un profesor, donde afirmaban alarmados que "Chancay va a poner en riesgo nuestra economía". Nada menos. ¡Qué mal envejeció esa entrevista!

Mejor hubiesen entrevistado a uno de nuestros ilustres regulares (ese que ostenta tres ministerios) que sabe más de infraestructura portuaria que cualquiera de los opinólogos atorrantes que llenaban las pantallas. Pero en fin...

Con el puerto de Chancay, el Gobierno Chino explotó esa obsesión que existe en Perú por "ganarle a Chile".  Y para qué kablar de la obsesión --igual de estúpida-- de ciertos gallinas chilenos que se ponen histéricos cada vez que el Perú hace algo.

Llevamos 20 años de buenas relaciones con el Perú, gracias al cambio de política que introdujo Alan García en su segundo gobierno, pero todavía siguen apareciendo chauvinistas estúpidos y acomplejados en ambos países.

Pero me estoy desviando del tema principal. La cosa es que en Perú todos se pusieron eufóricos al saber que China iba a invertir 3.500 millones de dólares en el megapuerto más grande de Sudamérica y, como de costumbre, en Chile aparecieron los alaracos recriminando al gobierno porque esa inversión no había venido para nuestro país.

Si hay algo en lo que yo he sido consistente, es en mi desconfianza total de cualquier "megaproyecto" chino, bien sea el megapuerto Grau en Tacna, el megatren entre Bolivia e Ilo y muchos otros por el estilo. Además siempre he alertado contra los intentos chinos de vender sus cuentos acá en Chile, en particular en San Antonio.

Y tengo una razón histórica para mi desconfianza: no hay una sola inversión china que haya sido beneficiosa para el país donde se implementa, especialmente si hay empresas estatales y financiamiento estatal chino involucrados.

No es ningún secreto que desde la llegada de Xi Jinping, todas las inversiones chinas se han dirigido a dar poder y control al Gobierno de China sobre los países en donde invierten. Por eso buscan países con instituciones débiles y sobornables para hacer sus megaproyectos.

Chancay es un puerto importante y va a ser más importante con el tiempo; lo que no está claro es si va a beneficiar al Perú o simplemente instalará un enclave al servicio de los intereses del Gobierno de China. Ya empezaron los problemas en ese aspecto.

El proyecto de Chancay se implementó con una característica insólita, diferente de todos los demás puertos del Perú: es el único puerto que no goza de una concesión del Estado, sino que pretende funcionar con todas las prerrogativas de lo que llaman una "empresa privada", tal como el gobierno chino entiende esa figura.

De alguna manera —tal vez aprovechando la euforia y/o coimas mediante— se las arreglaron para obtener dominio "privado" sobre un bien nacional de uso público como es la franja costera. Amparados en eso, ahora pretenden quedar fuera del control de dos instituciones importantes del Estado.

Pretenden quedar fuera del control de Ositrán, organismo estatal que se hace cargo de los reclamos por incumplimientos de contrato, condiciones abusivas, etc., del operador hacia sus clientes.

Tampoco aceptan que sus tarifas sean reguladas por Indecopi, que vigila que opere la libre competencia y no se apliquen políticas de precios dirigidas a establecer un monopolio de facto. Uno de los problemas con Indecopi es que pretenden que Cosco, la estatal china, tenga exclusividad para ciertas operaciones.

Si la justicia y el gobierno peruano aceptan esto, tendrán la situación insólita de que todos los puertos del Perú estarán supervisados por ciertos organismos del Estado, menos Chancay, al que ni siquiera podrían controlarlo por servicios discriminatorios, dumping, abusos a clientes, etc. como a todos los demás operadores.

El proyecto Chancay fue implementado por un consorcio de solo dos empresas: Cosco, que es propiedad del Estado chino y tiene el control absoluto con el 60%, y un grupo minero nacional llamado Volcan Compañía Minera, con un fuerte olor a palo blanco.

Jamás en Chile hubiesen podido conseguir algo así, porque aunque estemos repletos de coimeros, aunque exista el grupo de "parlamentarios por China" liderados por Karol Cariola y con sinvergüenzas de todos los partidos, al menos cuando se trata del interés nacional, acá no pueden meter esa clase de cuchufletas.

Qué bueno que no invirtieron en Chile y ojalá no metan ni la nariz en nuestro país, porque con las mafias chinas y las inversiones en el sector eléctrico ya tenemos más que suficiente. Chinos go home.

Tengo una simpatía enorme por el pueblo chino, pero su gobierno, con Xi Jinping a la cabeza, es uno de los grupos mafiosos más miserables que existen y tiene alcance global. Donde entran, vienen detrás la corrupción, la coima y las ambiciones neocoloniales. Que se vayan al diablo.

Los fiascos del Mutún

Ustedes recordarán que tengo una larga historia con El Mutún, el yacimiento con la mayor reserva comprobada de hierro en el mundo. 

Muchos años atrás —creo que en 2007— soñaba con ganar 6.000 dólares al mes en ese proyecto sin hacer nada, o casi nada, que no es lo mismo pero es igual.

Bueno, esta vez participamos en la licitación que hizo el gobierno de Evo Morales y nos quedamos debajo de la mesa, porque al final se la adjudicó Jindal Steel Co. 

Mr. Jindal fue a La Paz a cerrar el contrato y Evo Morales dijo muy contento "entre indios nos entendemos", recuerdo esa frase perfectamente.

Pero nunca se entendieron. Desde el primer día empezaron los desencuentros y recriminaciones mutuas. Morales quería desplumar a Jindal, sin sospechar que el lord inglés con cara de indio, no se había hecho billonario dejándose estafar. Estuvieron pleiteando durante años y al final no pelaron ni una papa.

Jindal se mandó a cambiar de Bolivia, pese a que en su momento tenían todo para hacer una explotación gigantesca. Bueno, tenían casi todo en realidad, porque lo que no tenían era buena fe: eran dos cagadores finos tratando de cagarse entre ellos, "culebra come culebra".

En junio de 2012, Jindal Steel abandonó su operación en Bolivia sin haber siquiera empezado, dejando un reguero de disputas legales y acusaciones mutuas de mala fe. El Estado de Bolivia perdió el arbitraje y muchos millones, obviamente.

Fieles a su ignorancia supina, los gobiernos del MAS que siguieron a ese fiasco decidieron que no iban a exportar concentrado de hierro, porque no iban a permitir que "se llevaran el hierro y nos vendieran las ollas". No señor, iban a instalar una siderúrgica para producir allí mismo hierro esponja.

Era una estupidez económica muy característica del Socialismo del Siglo XXI, similar a las ridículas ambiciones de producir baterías y autos eléctricos en el Salar de Uyuni; solo a gente tan ignorante como los del MAS se le podía ocurrir que algo así podría funcionar.

Y el Gobierno chino, que ya había estafado en varias oportunidades al Gobierno boliviano, vio su oportunidad. Así es como la empresa Sinosteel ganó la licitación para construir una gigantesca planta siderúrgica en Mutún.

¿Qué pasó? Esto, según me cuenta mi socio y coautor Gemini:

"A diferencia de Jindal, el problema con Sinosteel no es el abandono del proyecto, sino deficiencias graves en la entrega: detección de fallas: la Empresa Siderúrgica del Mutún (ESM) ha identificado más de 300 observaciones técnicas. 

Se alega que 5 de las 7 plantas del complejo no cumplen con los parámetros mínimos para operar. Acciones penales: el Gobierno boliviano ha anunciado el inicio de procesos penales contra exautoridades de la estatal ESM por haber aceptado avances de obra que no cumplían con los estándares y por el presunto daño económico de unos $100 millones. 

Falta de garantías: una de las mayores críticas legales es que se habría cancelado el 100% del monto del contrato (aproximadamente $400 millones) sin que existan boletas de garantía vigentes que respalden al Estado ante estos incumplimientos".

La historia se repite, "culebra come culebra": mala fe, incumplimientos y todo lo que ha caracterizado a cada uno de los mega proyectos chinos en nuestra región.

Ojalá los presidentes del Perú, Bolivia y Chile —y todos los de Iberoamérica en realidad— sean capaces de sacar lecciones de todo esto y cuenten setenta veces siete antes de aceptar algún nuevo y tentador proyecto chino en nuestra región.

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