Me quedé picado cuando Marcelo me dijo que había hecho un mal negocio guardando los dólares. Saqué la cuenta de nuevo y pienso que hice un negocio bastante bueno, pero ese no es el punto de esta entrada, sino contarles un poco la experiencia por primera vez en mi vida como ahorrador.
En realidad toda mi vida he ahorrado, aunque sean cantidades ridículas, pero nunca antes había tenido más plata de la que puedo gastar, como me pasó cuando recibí la herencia del McDonnell y empezó el problema de qué hacer con eso.
Desde el principio mi idea fue usar todo en arreglos para la casa y guardar una cola como reserva de emergencia. Hice muchos arreglos a la casa pero ¿qué sentido tiene guardar esa plata?
Si me enfermo no estoy dispuesto a gastar un peso en médicos o medicinas; cuando hay que ir, hay que ir, incluso para el otro mundo. Así es que, después de dar unas vueltas al asunto, decidí que tengo que gastarme eso en más arreglos para la casa.
Bueno, esto me trajo a la mente el problema de alguien que tiene más plata de la que puede gastar. Incluso un muerto de hambre como yo puede tener ese problema si es ordenado con la plata. Es un asunto interesante eso de qué hacer con la plata, veamos.
La balanza
El concepto fundamental que casi todos conocen —o al menos intuyen— es cuando sopesamos las ganancias y la seguridad. No es una ecuación porque tienen dimensiones distintas, pero es claro es que a mayor seguridad menos ganancias y viceversa.
Ahora, las ganancias nunca son infinitas ni seguridad jamás llega a ser completa, así es que nos movemos dentro de un rango de lo que consideramos "aceptable". Esa es una decisión absolutamente personal y nadie, aparte de uno mismo, puede decir si esa decisión es buena o mala.
Decidir cuánta seguridad necesitamos es probablemente la decisión más importante que tomamos en cualquier decisión financiera; obviamente siempre esperamos que las ganancias sean el máximo posible.
Para cualquier suma que tengamos, la alternativa más rentable es hacer un negocio. Esto es especialmente cierto en negocios muy pequeños como vender sándwiches en oficinas, almuerzos para llevar, delivery y cosas así con las que se obtienen rendimientos del 100% o más con inversiones mínimas.
Pero en finanzas todo tiene su contraparte: los negocios nos exigen que trabajemos y son casi siempre la alternativa más riesgosa. Si el capital es muy chico las ganancias pueden ser ínfimas. Y se puede perder todo con gran facilidad; no más del 10% de los negocios pequeños alcanzan los cinco años sin quebrar. Y por eso existen:
Los intermediarios
Estos son los bancos y los administradores de fondos de terceros de toda clase y siguen estrictamente el principio de la balanza: mientras más seguros menos ganancia, al extremo de que muchos bancos ofrecen cuentas en dólares por las que no pagan intereses, solo los custodian.
También existe un universo de "fintech" y plataformas digitales que ofrecen el oro y el moro para cuidarte el dinero. No se las recomendaría ni a mi peor enemigo, al menos a mediano y largo plazo. Y aquí viene el otro factor fundamental de las finanzas:
El tiempo
El tiempo es en cierto modo un complemento del riesgo o falta de seguridad. Mientras más tiempo pasa, menos segura está nuestra plata, incluso si la tenemos guardada en la casa o en un banco muy sólido. También está relacionado con otra cosa muy importante que es la liquidez: la capacidad de gastar la plata instantáneamente, sin ninguna demora.
Aunque los bancos a veces quiebran y se pierden todos los depósitos —algo que ha pasado en Chile muchas veces—, eso no es algo tan frecuente como para asustar a la gente, y dan a las personas una razonable sensación de seguridad.
Comprando seguridad
Por eso los bancos ofrecen "congelar" tu dinero durante 30, 60, 90 o más días en depósitos a plazo o algún instrumento por el estilo, ofreciendo un interés al final del período. En Chile, afortunadamente existe la UF, que es un índice que refleja la inflación, y eso simplifica mucho las cuentas.
Nada es gratis, los milagros no existen en finanzas; ningún negocio es bueno o malo por sí solo y esto se aplica especialmente a las decisiones financieras. Esos son los fundamentos básicos: seguridad, ganancias, tiempo o plazos.
El sesgo psicológico
Pero además todos tenemos un sesgo insuperable, que es la tendencia a creer en los milagros, o sea, que podremos encontrar alguna inversión que sea segura y con grandes ganancias. No es que esas inversiones no existan, sino que es imposible que un ser humano las encuentre por medios racionales.
En esa incertidumbre se basa todo el flujo económico, porque si existiera alguna forma de ganar siempre, el tipo que supiera esa receta se apoderaría de toda la riqueza del mundo. El sesgo de todos nosotros es creer que existe esa receta, aunque racionalmente no lo reconozcamos.
Hay algo curioso: en casi todas las cosas que pasan en el mundo, la seguridad tiene un premio y el riesgo un castigo. El que corre por una autopista muy transitada con los ojos vendados no puede esperar nada muy bueno.
Pero en las finanzas ocurre todo lo contrario: las decisiones más absurdas, estúpidas e improbables son las únicas que producen ganancias gigantescas, mientras que las más seguras normalmente no producen nada. El lucro es el premio que recibe el que toma grandes riesgos.
Finanzas personales how-to
Ese era el nombre inicial de esta entrada, pero lo que escribí es solo una parte de las finanzas personales; incluso no es la parte más importante.
Porque me he centrado solo en el gasto, y el principio fundamental de las finanzas personales es que para enriquecerse existe otra balanza con dos factores: se pueden incrementar los ingresos o disminuir los gastos y ahorrar. En este caso es más sencillo porque ingresos y gastos están en las mismas dimensiones (dinero).
Entonces se puede hacer una u otra cosa e incluso ambas a la vez, lo que no es posible es hacerse rico ahorrando. Aquí también tienen mucho que ver las elecciones personales, miren:
Si alguien es muy ambicioso y le interesa ganar cada vez más dinero, no tiene otra alternativa que aumentar los ingresos, porque nadie se ha hecho rico ahorrando. Tiene que estar dispuesto a trabajar mucho y arriesgar mucho más, cambiando vida por plata.
En cambio, si se trata de un vago sin ambiciones como yo, un amarrete que disfruta de vivir con lo mínimo optimizando lo poco que recibe y gastando con cuentagotas, su alternativa es aumentar los ingresos un mínimo pero ahorrar lo máximo.
Los dos enfoques son igualmente buenos, mientras se disfruten. Yo la vida del amarrete la he disfrutado enormemente e incluso me he enriquecido bastante en proporción a como estaba cuando partí: he pasado de indigente a la clase media baja. ¿Qué más podría pedir?
P.D. Ojo con J.D. Vance y Rubio, acuérdense nomás.
"También existe un universo de "fintech" y plataformas digitales que ofrecen el oro y el moro para cuidarte el dinero. No se las recomendaría ni a mi peor enemigo, al menos a mediano y largo plazo. "
ResponderBorrarEn el exterior hay varios servicios fintech que operan para países de Latam y que incluyen tarjetas en dólares emitidas afuera y números de cuenta para usarlos en EEUU, pero por precaución solo se recomiendan para tener la plata estacionada muy temporalmente hasta transferirla a un lugar más seguro... o como tarjeta prepago para el viaje al Caribe u otro país latino.
Yo les tengo CERO confianza, no pondría un centavo allí por un asunto práctico muy claro: mañana la "fintech" se va a pique ¿a quien le reclamo por mi plata? ¿A quien diablos le voy a reclamar? ¿A la la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDI)?
BorrarPermítanme esbozar una ligera sonrisa, yo a lo más que llego a entregar mi plata es a la Cuenta RUT, ni siquiera guardaría un peso en "Tenpo" esa especie de fintech peruana que sacó licencia de banco en Chile, ni una chaucha, nada.
Con prepagos soy menos cauteloso, aunque igual las tarjetas de bancos americanos son un peligro público, no por riesgo de quiebra sino por las trabas burocráticas y mal sistema de administración que pueden dejar congelados los fondos.
Yo le ayudaba al McDonnell con sus tarjetas del Wells Fargo y del Barclays, había que ponese a rezar cada vez que aparecía el menor problema.
Poca gente entiende que en cuanto deposita plata en un banco, esa plata la pierde, automáticamente deja de ser propietario de la plata, ahora es propietario de un papel o un título que es una "promesa de pago", porque apenas uno deposita el banco le presta esa plata a un tercero.
BorrarNo critico al sistema pero hay que entender de que se trata. Es muy diferente ser dueño de dinero físico a ser dueño de una promesa de pago. Hay diferencias legales y prácticas muy importantes.