Tomas Bradanovic

Fortuna Favet Fortibus. Filosofía barata, historias, historietas, mecánica, moralejas, chamullos, relatos absurdos, la vida de un vago, cosas de Arica, literatura, música, pornografía, política, física, cocina regional, minas, copete y cosas por el estilo. The awesome, absurd and often bored adventures of our Man of Mistery in Arica, from the trenches, in the Northern Front. Sacar a mil, sacar a mil. Streams of brilliance often springs from boredom. Atendido por su propio dueño, dentre nomás

Domingos literaros: La Muerte en Venecia

domingo, 15 de enero de 2017


La primera vez que leí La Muerte en Venecia de Thomas Mann, me causó una pésima impresión, lo encontré aburrido y medio desviado, yo soy bien liberal en asuntos sexuales, drogas, alcohol y todas esas cosas por el estilo, pero la historia de un viejo enamorado de un niño chico no me hizo maldita gracia, esa es la verdad.

Ahora que yo estoy más viejo lo aprecio un poco más -no es que me haya puesto pedófilo- sino que entiendo por haber visto en muchos amigos y en raras ocasiones en mi mismo, esa especie de terror por la decadencia que viene con la edad. A medida que nos ponemos feos, enfermos y empieza a correr la cuenta regresiva que nos recuerda cada vez que un amigo o familiar tiene el mal gusto de morirse. Es como tener un checklist y vamos poniendo Ok con cada muerto, mientras nos preguntamos en que lugar de la lista estaremos. A mi no me preocupa la muerte siempre que sea rápida, pero una enfermedad sucia, larga y dolorosa por ejemplo es otro cuento.

Para los que no han leído la novela -les adelanto que no se han perdido mucho- la pueden encontrar aquí, y si les da flojera leerla yo puedo hacer un resumen, tal como esas críticas literarias que hacían en "Plan Zeta", la cosa era más o menos así:

Von Aschenbash, escritor famoso en Europa, al cumplir los cincuenta años, no se sentía nada bien y sale a dar un paseo para ahuyentar el vago malestar que lo molestaba

"lo cierto es que de pronto advirtió una sorprendente ilusión en su alma, una especie de inquietud aventurera, un ansia juvenil hacia lo lejano, sentimientos tan vivos, tan nuevos o, por lo menos, tan remotos, que se detuvo, con las manos en la espalda y la vista clavada en el suelo, para examinar su estado de ánimo.
Era sencillamente deseo de viajar; deseo tan violento como un verdadero ataque, y tan intenso, que llegaba a producirle visiones."

Como plata no le faltaba, empaca sus baúles y después de algunas peripecias se va a pasar una temporada a Venecia. En el barquito que lo llevaba se pone a mirar a un grupo de excursionistas jóvenes

"Había un muchacho con un traje de verano amarillo claro, de corte anticuado, una corbata púrpura y un panamá con el ala medianamente levantada, que sobresalía de entre todos los demás por su voz chillona. Pero apenas Aschenbach lo hubo mirado con cierto detenimiento, se dio cuenta, no sin espanto, de que se trataba de un joven falsificado: era un viejo, sin duda alguna. Sus ojos y su boca aparecían circundados de profundas arrugas. El carmín mate de sus mejillas era pintura; el cabello negro que asomaba por debajo del sombrero de paja, aprisionado por una cinta de colores, una peluca; el cuello aparecía decaído y ajado; el enhiesto bigote y la perilla, teñidos; la dentadura amarillenta, que mostraba al reírse, postiza y barata, y sus manos, llenas de anillos, eran manos de viejo".

A lo largo de la historia Aschenbach se encuentra con una serie de personajes vejos, repugnantes, estafadores o agresivos, se los cruza en la calle, el patrón del barco, el que le lleva las maletas. Finalmente llega a Venecia, se instala en el hotel y mientras espera la cena se encuentra con el amor:

"Se trataba de un grupo de muchachos reunidos alrededor de una mesilla de paja, bajo la vigilancia de una maestra o señorita de compañía. Tres chicas de quince a diecisiete años, quizás, un muchacho de cabellos largos que parecía tener unos catorce. Aschenbach advirtió con asombro que el muchacho tenía una cabeza perfecta. Su rostro, pálido y preciosamente austero, encuadrado de cabello color de miel; su nariz, recta; su boca, fina, y una expresión de deliciosa serenidad divina, le recordaron los bustos griegos de la época más noble. Y siendo su forma de clásica perfección, había en él un encanto personal tan extraordinario, que el observador podía aceptar la imposibilidad de hallar nada más acabado".

Y a nuestro famoso y muy respetable escritor -como decimos en Chile- se le dio vuelta el paraguas, cae enamorado como una jovencita del niño, que se llamaba Tadzio. Pero las cosas empiezan a tomar un tinte siniestro:

El tiempo no mejoró al día siguiente. Soplaba viento de tierra. Bajo el cielo turbio se veía el mar en soñolienta calma, con el horizonte tan alejado de la playa que dejaba libre varias filas de largos bancos de arena. Cuando Aschenbach abrió la ventana, creyó sentir el olor pestilente de la laguna.

Aschenbach decide irse pero al final se queda y su enamoramiento por Tadzio se convierte en obsesión, aunque se mantiene como un mirón impecable y circunspecto, en su interior se ha convertido en una yegua suelta, que justifica sus sentimientos desviados con justificaciones artísticas y filosóficas. A todo esto se entera que hay en la ciudad una epidemia de cólera y todo se empieza a deteriorar rápidamente, Aschenbach cae en la tentación de teñirse el pelo y pintarse la cara, igual que el falso joven que vió con espanto en el barco. Al final -obviamente- se muere de cólera, tal como anunciaba el título.

En fin, mi intención era resumir la novela con cuatro párrafos escogidos, creo que ya está hecho. El tema se ha analizado hasta el cansancio: la decadencia y la necesidad de "sacar a pasear el animal" que llevamos dentro, al menos a veces, tal como decía Vargas Llosa en su sombría novela Lituma en los Andes. No agregaré mucho más porque hay análisis mucho mejores de cualquier cosa que yo quiera escribir.

La decadencia es un asunto real: hasta el fierro se oxida y se desintegra, envejecer con gracia y manteniendo el buen humor hasta el último día no es fácil, especialmente a los que les ha ido bien y quieren más, o que les asusta desaparecer con intrascendencia, o sintiendo que todavía tienen cosas valiosas que hacer tomando un apego absurdo a la vida. En verdad, como dice la canción "la vida no vale nada", es un chiste, hasta que se apaga la luz y entonces se termina el mundo. Al menos para el finado.

7 Comments:

Blogger Ulschmidt said...

Para mí, la sublimación mas lograda con el tema de la homosexualidad es "El retrato de Dorian Gray". Una novela donde no hay ningún acto sexual, ni cercano, ni sugerido, ni una atracción declarada hacia otro hombre ni nada parecido, pero esa búsqueda desesperada por mantenerse joven - que se salva con el mágico retrato - que podría ocurrir en cualquier persona pero en el homosexual la juventud es una aproximación a la femeneidad y la vejez una inevitable masculinización.
No sabía que Muerte en Venecia trataba de lo mismo. He tratado de leer a Mann algunas veces en mi vida por el tremendo prestigio que tiene, su escritura es muy precisa, pero algo me fastidia y lo dejo.

15 de enero de 2017, 08:33

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Si Ulschmidt, Thomas Mann es muy difícil de leer con esos párrafos interminables típicos de los alemanes. No me había dado cuenta de eso que "Dorian Grey" tenía una intención homosexual, ahora que lo mencionas recién lo veo por ese lado. Cierto que es medio gay eso de tratar de mantenerse "bonito", en general los de ese gremio se preocupan mucho por la buena apariencia.

No me quejo más de que me estoy quedando pelado, no vaya a ser cosa que se me de vuelta el paraguas jaja!

15 de enero de 2017, 10:50

 
Anonymous Wilson said...

Segun San Yo, uno tiene la edad de lo que se come, claro que inevitablemente en algun momento hay mas citas al medico que con alguna mina... Pero lo comido y lo bailado no es expropiable, solo hay que irse rapido y con alguna elegancia.
Hoy es mi dia sentencioso :-)

15 de enero de 2017, 13:04

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Gran guru, yo haría una pequeña modificación a tu ley
Uno tiene la edad de lo que PUEDE comer
:D

15 de enero de 2017, 13:10

 
Blogger Frx said...

Creía que el lolicon era exclusivo de Japón jajaja XD. Fuera de bromas, no sería la única novela con una parte pedófila. En 100 años de soledad también hay una parte y hasta vi titulares donde demandaban a García Marques por eso.

15 de enero de 2017, 16:36

 
Blogger Ulschmidt said...

esos japoneses sí que son degenerados ! Mire que erotizarse con dibujitos de niñas en traje escolar, en fin.
Ahora bien, en el arte hay temas que dan vuelta siempre. El verdadero tema de "El retrato..." es el narcisismo y el verdadero tema de "La muerte en Venecia..." es la decadencia. Los vínculos o sugerencias homosexuales son, en realidad, secundarios. Hacen más patética la decadencia de un personaje o más perversa la vanidad del otro.
Hay una película reciente, "Las nubes de María", que quizás han pescado por televisión. Trabajan Juliette Bonoche y Kristen Stewar.
María (Binoche) es una consagrada pero ya mayor actriz que alguna vez entró a la fama, décadas antes, haciendo el papel de una joven mujer que seduce a una mujer mayor. Esta mujer se suicida por ello. (esa es la historia dentro de la historia, la película dentro de la película). Ahora, a María le ofrecen hacer el otro papel en una "remake", el de la mujer mayor. Y una joven actriz contemporánea hará el papel que alguna vez la consagró a ella. María, a su vez, tiene una secretaria personal con quien comparte casi todos sus temores, lee los guiones, ensaya, y por supuesto ahí se cruzan diálogos de ambas historias o uno no sabe de cual.
El caso es que puede parecer una película sobre relaciones lésbicas, y no: es una película sobre la decadencia de una actriz. Lo otro es secundario y de hecho nada explícitamente sexual ocurre.

15 de enero de 2017, 17:51

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Los japoneses tienen los gustos más pervertidos del mundo, por eso tal vez las esposas japonesas son tan apreciadas.

Las interpretaciones de un libro son infinitas, esa es como la segunda escritura y lo bueno de releerlos es que a veces aparece una interpretación o sugerencias nuevas. La primera vez que leí la Muerte en Venecia me pareció un tema de mariconeo encubierto y nada más, adornado con reflexiones artísticas y cosas por el estilo, después me apareció el tema de la decadencia ¡Ashelbash tenía APENAS 50 años!, diablos, otra cosa que se me ocurrió es eso de la pelea entre lo dionisiaco y lo apolíneo, especialmente en personas que toda su vida se han reprimido y sienten la necesidad de mandar todo al diablo... o al revés ¡saque a pasear a su animal! decía en un libro de Vargas Llosa. Al final las primeras impresiones van cambiando. Igual el libro es latoso y sobrecargado, pero interesante.

15 de enero de 2017, 18:31

 

Publicar un comentario

<< Home

Entradas antiguas Entradas nuevas