Tomas Bradanovic

NULLA DIES SINE LINEA. Filosofía barata, historias, historietas, mecánica, moralejas, chamullos, relatos absurdos, la vida de un vago, cosas de Arica, literatura, música, pornografía, política, física, cocina regional, minas, copete y cosas por el estilo. The awesome, absurd and often bored adventures of our Man of Mistery in Arica, from the trenches, in the Northern Front. Sacar a mil, sacar a mil. Streams of brilliance often springs from boredom. Atendido por su propio dueño, dentre nomás.

Los viejos ferroviarios

sábado, 27 de mayo de 2017


Hoy hice el sacrificio inédito de levantarme temprano, con el peligro de dañar de manera irreversible mi reloj biológico ¿Se imaginan que pasaría si me acostumbro? ¿Que me despertara a las 7:30 de la madrugada y que a las 11 de la noche me diera sueño? Que idea más espeluznante, mejor pienso en otra cosa, no me vayan a dar pesadillas.

Pero fue por una buena causa, resulta que participamos con mi buen amigo Ian Thomson en el IV Festival Cultural Arica Barroco organizado por la Fundación Altiplano donde expusimos una ponencia sobre la industria extinta de la minería del azufre y el Ferrocarril del Tacora. En realidad don Ian se llevó casi todo el trabajo porque yo solo hice el video que pasamos al final de la charla, es el que se muestra arriba.

Uno nunca deja de aprender, desde hace muchos años no había bajado al centro tan temprano y me dí cuenta que muchos ariqueños si se levantan a esa hora, y estaban haciendo filas en la entrada de bancos y notarías, nunca me lo hubiese imaginado, yo pensaba que a esas horas las calles estarían desiertas. Como yo soy un fanático de la puntualidad, igual que mi amigo Ian, a las 9 en punto nos encontramos en la puerta de la Casa Bolognesi, donde sería la cosa.

La primera parte estaba a cargo de músicos, musicólogos y un arquéologo, partiendo con una muy buena charla de nuestro músico Schmeling Salas, donde explicó en un lenguaje entretenido y entendible por cualquiera sobre el arte de componer canciones, basado en su experiencia, me interesó mucho.

Como nosotros estábamos para el bloque final pensé que íbamos a exponer ante una sala vacía, porque conozco a los ariqueños y cuando la hora de almuerzo se aproxima, lo normal es que la concurrencia se arranque. Pero no contaba con la astucia de los organizadores de la Fundación Altiplano, que movilizaron a muchos jubilados y ex trabajadores ferroviarios de Arica, así es que gozamos del privilegio de una concurrencia atenta y emocionada. Este es un pequeño compacto con parte de nuestra presentación de 20 minutos.


A la hora de las preguntas, uno de los que comentaron fue don Luis Aguirre Guerra, presidente de los ferroviarios jubilados, con una participación muy emotiva donde hasta se le saltaron sus lágrimas. Es increíble el sentimiento de cariño que conservan los que trabajaron en el ferrocarril, un mundo hoy extinto, también mencionó el tema de la Antigua Estación del Ferrocarril Arica-La Paz, que fue traspasada al Gobierno Regional con todos sus archivos y un verdadero museo de muebles y piezas de época, dejaron a los gatos cuidando la carnicería, me imagino cuanto harán robado porque nunca se hizo un inventario serio de los bienes que habían en ese lugar, aquí pueden ver la participación de un viejo ferroviario


En fin, valió la pena levantarse temprano especialmente para haberles llevado un poco de alegría a la gente que recuerda los trenes locales con tanto cariño. No escribo más para que tengan tiempo de ver los videos.

14 Comments:

Blogger Jose Cornejo said...

Excelente iniciativa y una manera bien táctica de atraer gente. Los jubilados del arte u oficio que sean, valoran este tipo de actividades ya que los hace sentirse recordados y reconocidos por la comunidad, aun a pesar de que el resto del año pasan desapercibidos.

27 de mayo de 2017, 10:28

 
Blogger Enrique Ojeda said...


Estimado Tomás,

Hoy desperté a las cinco y entré a su estación. Qué buen lugar es este, qué buen sitio para enrielar los motores en vez de dejarse divagar! Así da gusto encender la mente, comenzar el tramo y ponerse en marcha a todo vapor.

No es posible dimensionar el efecto del ferrocarril, tal como usted bien sabe. Esta es una ventana ubicua, este es un viaje que usted regala a su mundo de lectores, que a su vez representamos - cada uno de nosotros - un mundo entero.

Esto es un brasero en movimiento, un refresco con ruedas y un silbato que ofrece sus anuncios.

Saludos!

27 de mayo de 2017, 10:43

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

José, Enrique, es increíble la potencia emotiva de los recuerdos, cuando ví a don Luis Aguirre quebrarse y las caras de otros ex ferroviarios pensé que algo muy raro estaba pasando, la evocación puede llegar a ser muy poderosa

27 de mayo de 2017, 11:46

 
Anonymous Anónimo said...

He disfrutado muchisimo esta publicación tuya Tomás! Pero que ganas de estar allá en estas ponencias de Arica Barroca. Esta, particularmente, muy emocionante y significativa. Mi admiración a Ian Thomson y a ti por el esfuerzo en la iniciativa. Un abrazo.
~Lilian~

27 de mayo de 2017, 12:49

 
Blogger Ulschmidt said...

El tren es una cosa muy evocativa, no se porqué. Acá sigue siendo el transporte de larga distancia para el que tiene poca plata y los convoy de recorrido largo tienen nombres glamorosos "La Estrella del Norte", "El Gran Capitán". Hay canciones folkloricas en su honor
https://www.youtube.com/watch?v=knYKzVwMZUg

En fin, no creo que las aerolíneas low cost evoquen alguna vez lo mismo.

27 de mayo de 2017, 12:50

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Hola Lilian, yo no había pensado que pudiese causar tanta emoción en la familia ferroviaria, igual quedé muy contento.

Ulschmidt, los trenes -creo yo- tienen una estética visual que los hace muy evocadores: ls moles de fierro de las locomotoras y los carros, los patines y sus enormes frenos, los aparejos con que se enganchan, tornamesas, estaciones, todo eso tiene una gran estética, que va tomando más valor en la medida que va desaparecindo.

Yo en principio me metí en esto por curiosidad y más que nada por amistad con don Ian, pero con el tiempo le he ido tomando el gusto a la estética alrededor de los sistemas ferroviarios. Alcancé a conocer la Estación Mapocho en los años sesenta, en su época de gloria cuando era como una especie de catedral, muy impresionante. Creo que por eso tanto los trenes como sus ruinas son tan evocadoras.

Es interesante lo que mencionas sobre los aviones, cuando chico yo vivía cerca del aeropuerto Cerrillos y era maravillloso ver despegar los aviones a pistones DC-3, DC-6, con un tipo con un extinguidor debajo de los motores apagando la llama del escape, esos eran como los trenes porque uno podía ver las maravillas del mecanismo, a partir de los jet todo eso se va al diablo, los aviones son aburridos y casi todos iguales, hasta el hecho de viajar en avión se ha bastardizado jaja!

27 de mayo de 2017, 13:05

 
Blogger Jose Cornejo said...

Yo tengo la suerte de pasar por la cabecera norte del SCL Pudahuel y ver incluso a las moles como el A380 o el legendario 747 pasar casi por sobre la cabeza de uno (hablo de 60mts) es divertido.

Los trenes tienen un encanto unico. la ultima vez que lo hice fue en metrotren hasta rancagua.

27 de mayo de 2017, 14:42

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Yo creo que el encanto de los trenes y aviones antiguos, es que los mecanismos estaban mucho más a la vista. Uno veía los engranajes, los pistones y el humo, hoy todo está tapado, solo se ven las estructuras, que pueden ser muy imponentes, pero no es lo mismo

27 de mayo de 2017, 15:17

 
Anonymous Anónimo said...

Todo tenía más vida. Crecí en una región de "pueblos del ferrocarril", que se formaban a ambos lados de las estaciones de recarga de agua, aunque el mío no era así y para llegar a la estación debíamos pedalear un rato. En décadas pasadas se había formado una legión de zaparrastrozos que viajaban de colados en los trenes, eran cosecheros o temporeros o vagos, en la década del 30 fueron legión y como un escape social una ley que sancionó un ministro Crotto les permitió el viaje gratis en los vagones de carga que fueran vacíos. Desde entonces se los llama "crotos" a en Argentina. Cuando yo era chico quedaban algunos, ya antisociales completos, caminaban junto a las vías, acampaban en los montes de árboles que la companía plantaba, o invadían las estaciones abandonadas cuando el tren cayó en desuso. Aparecían a pedir un trabajo o limosnas en las granjas y los pueblos. Eran extremadamente viejos, sucios, barbudos, horribles. Para los chicos del pueblo ir a espiarlos en sus temporales guaridas era motivo de incursiones en bicicleta. Un hito de mi niñez. Ulschmidt

27 de mayo de 2017, 16:32

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

¡Los crotos! haber legalizado el viaje gratis fue una medida muy argentina, a lo Perón jaja. Acá también hubo vagos que se colaban en los trenes pero si los pillaban los inspectores se iban detenidos o para abajo en la estación más cercana. Creo que en todo el mundo ha habido eso de los polizones en trenes de carga.

El fenómeno de "los pueblos del ferrocarril" fue enorme también acá en Chile, así como desastroso cuando los ferrocarriles empezaron a desaparecer. El Ferrocarril Transandino, entre Los Andes y Mendoza, dejó un montón de pueblos fantasmas según tengo entendido, lo mismo que acá el Ferrocarril de Arica La Paz despobló completamente lo que antes eran importantes estaciones

27 de mayo de 2017, 16:39

 
Blogger Enrique Ojeda said...


Eso es, en comparación a las máquinas de ahora el tren se movía casi al desnudo.

El tren era una especie de callejón que uno podía recorrer de cuadra en cuadra, mientras éste nos llevaba de pueblo en pueblo.

La llegada de la locomotora era algo impresionante. Cuando llegaba la estación se llenaba de alegría y de abrazos. Cuando se iba algunos agitaban sus pañuelos para despedirse, y entonces el tren imitaba a la carroza de un funeral.

El tren tenía además esas ventanas grandes que parecían pantallas de cine, y esas paradas que parecían avisos comerciales.

En fin, el tren era una caricatura de fierros en carne y huesos. Una bestia imponente llena de colores, un cuento de niños contado al vapor.

27 de mayo de 2017, 17:29

 
Blogger Tomas Bradanovic said...

Además que todo se ve mejor y más entrañable con los ojos del recuerdo. Cundo haya teletransportación, nuestros descendientes van a añorar el metro :D

27 de mayo de 2017, 18:54

 
Blogger Enrique Ojeda said...


Así es José. A diferencia de los fierros, los veteranos son capaces de quebrar en llanto porque los aprieta el olvido. Y tienen toda la razón, piden que la memoria los guarde para que sus nietos - y los hijos de sus nietos - no pierdan la identidad que ellos mismos forjaron.

Por otra parte, en la medida que las casas abandonadas mueren de pie, ganan en elocuencia. En la medida que los trenes se oxidan, evocan con más fuerza sus historias. Y así, esas casas y esos trenes son muy lentos para morir. Esperan largo tiempo para que los valoren, los restauren y los preserven. Unos corren mejor suerte que otros. Mientras algunos padecen un triste olvido, otros tantos se exhiben a buen resguardo:

Para conocerse a sí mismos los descendientes se miran frente a éstos, como en un espejo.

27 de mayo de 2017, 19:49

 
Blogger Enrique Ojeda said...


Algunos somos nómadas que en vez de criar rebaños en el pasto, dejamos cartas en las nubes.

Es que el estado natural de las ideas es el vapor?

27 de mayo de 2017, 20:24

 

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