Tomas Bradanovic

NULLA DIES SINE LINEA. Filosofía barata, historias, historietas, moralejas, chamullos, relatos absurdos, la vida de un vago, cosas de Arica, literatura, música, pornografía, política, física, cocina regional, minas, copete y cosas por el estilo. The awesome, absurd and often bored adventures of our Man of Mistery in Arica, from the trenches, in the Northern Front. Sacar a mil, sacar a mil. Streams of brilliance often springs from boredom. "Be yourself, but bigger"


Antes que todo: ¡Aleluya Nicolás! Fundación Mi billetera hará buen uso de tu generoso aporte será invertido como siempre: minas y copete.

Este refrito es antiguo, del 26 y 28 de septiembre del 2004 cuando vivía en la casa rodante y fui invadido por una horda de antipaticas hormigas. Lo republico en honor de todos mis buenos amigos animalistas

Die ante, die!
Las hormigas se aparecen siempre por la casa rodante en esta época del año, yo por lo general tengo buena convivencia con los bichos y si no me molestan yo tampoco los molesto así es que nunca les había dado mucha importancia. Total, no guardo alimentos así es que -supongo- se limitan a pasear un poco por la casa sin hacer mayor daño. Esto había sido hasta anoche cuando fuí a tomar un vaso de agua (mantengo un bidón de 20 litros de agua envasada) y sentí algo raro en la boca, tal como se imaginan, me había tragado unas 20 hormigas sin contar con las que alcancé a escupir.

No es que me afectara mucho pues no soy para nada escrupuloso, cuando chico aposté un par de veces que me comía una hormiga (¡son picantes!) y en el Discovery Channel había visto como algunos pueblos saborean los insectos, no puede ser tan malo pensé, pero la gota que rebasó el vaso fue cuando empezaron a subir decenas de bichos por mi mano, esa muestra de insolencia si que me enojó realmente y en ese mismo instante declaré la Guerra Contra el Hormiguismo.

Me senté entonces un momento para planear mi estrategia, lo que antes eran inofensivos bichitos se convirtieron en el enemigo y mi interés vital desde ese momento se convirtió en exterminarlos. De principio descarté el insecticida, no me hacía ninguna gracia llenar de venenos un lugar tan chico y además me pareció una solución impersonal y contraria al fair play de la guerra, decidí que iba a aplastarlas a todas, una por una, aunque me demorase un año.

La verdad es que tengo algo de experiencia en el asunto, porque cuando chico me entretenía jugando al Dios Todopoderoso con un martillo o una piedra a la entrada de los hormigueros, diganme que soy medio sádico, no me importa, mucho más cobarde considero envenenarlas con insecticida. Aplastadas por lo menos algunas tendrían una minúscula posibilidad de escapar, aunque yo me encargaría de que ello no suceda.

Y así fue como comenzó la masacre, las aplastaba con pies y manos, cientos, quizas miles que un poco rato antes marchaban en ordenada fila iban cayendo implacablemente aplastadas. En los lugares de mayor aglomeración usé un paño con lo que provoqué un verdadero genocidio. Luego vino la repasada para las que se habían arrancado de los primeros ataques y así me pasé toda la tarde, dedicado pacientemente al exterminio del enemigo. Como el principal objetivo de la guerra es desmoralizar, dejé todos los cadáveres por si a alguna hormiga se le ocurre volver, que tenga que pasar entre medio de los cadáveres de sus compañeras. También dejé unas 4 o 5 vivas, no sin antes aterrorizarlas con golpes muy cercanos, para que volvieran a su hormiguero con la noticia de que en la casa rodante vive un tipo realmente malo.

Me imagino a estas horas la conmoción que debe haber en el hormiguero, todos comentando la matanza, a ratos pienso que las viudas e hijos de las hormigas asesinadas estarán planeando ahora mismo la venganza y juntando a miles y miles de hormigas para venir a morderme esta noche mientras duermo. Si mañana ven la noticia en el diario que apareció mi esqueleto perfectamente limpio entre las sábanas, cubierto de un manto inmenso de hormigas, ya saben por que ocurrió. Y si por esas casualidades de la vida alguna hormiga lee este weblog, que lo sepa claramente, si se aparece por mi casa la mato. No tendré piedad con ninguna, die ant, die.

 La Guerra Contra el Hormiguismo se complica y parece que va a resultar más difícil de lo que había pensado al principio. Si bien la noche siguiente no llegaron los miles de hormigas sedientas de venganza a morderme, y luego del primer ataque solo unas cuantas se atrevieron a pasear de manera temeraria sobre la pantalla de mi notebook (tuve mucho gusto en aplastarlas), al tercer día han vuelto a aparcer, renovando sus líneas de abastecimiento con las odiosas filas de enemigas que torpemente se abren camino hacia el refrigerador.

En fin, tengo preparado para mañana domingo un segundo ataque, tan despiadado como el primero y volveré a hacerlo diez mil veces más de ser necesario, hasta que escarmienten. No entiendo que pasa por eos estúpidos cerebros hormigiles (si es que los tienen) que las induce a seguir invadiendo, ola tras ola mi tranquila casa.

El caso es que cada día que pasa siento más odio por los que antes considerada simpáticos y curiosos bichitos. Es una guerra de agotamiento larga y asimétrica, yo puedo matar a todas las que se pongan a mi alcance, pero ellas pueden mandar más de las que alcanzo a aplastar físicamente. En fin, si alguien tendrá que rendirse no voy a ser yo, mientras me queden dedos en la mano los usaré para reventar a las bastardas. La guerra será larga pero la victoria nuestra, que nadie lo dude.

Dos amigos de USA estuvieron de vacaciones en Arica, acaban de regresar a su país y me escriben contándome sus intenciones de comprar una casa y vivir unos tres meses cada año acá coincidiendo con sus vacaciones. El lunes también desde USA llegan Steve y su esposa Tristan, a pasar unos meses y si les gusta, a quedarse. Escribo esto porque reafirma mi idea de que debemos apreciar muchas cosas buenas que tenemos y no perdernos en modelos equivocados de desarrollo turístico "al estilo Cancún", tal vez la mejor propaganda que podríamos hacer es "No somos Cancún", creo que sería una gran tragedia si no preservamos nuestra personalidad natural y urbana, nuestra vocación de pueblo chico (sin ser chicos en realidad) que tanto parece molestar a algunos.

Escribí un artículo sobre eso en la edición de septiembre de http://www.muniarica.cl , se llama ¿Que clase de desarrollo queremos? ojalá que sean ideas que tomen fuerza entre nosotros y ojalá que siga llegando gente desde otros paises a vivir con nosotros, somos la ciudad más cosmopolita de Chile por nuestra cercanía con Perú, Bolivia y el flujo constante de turismo gringo, creo que eso es muy bueno para nuestra calidad de vida.

1 Comments:

Anonymous Wilson said...

Una opinion 14 años tarde, pero puede servirle a alguien.Si no se quiere usar metodos quimicos, suele funcionhar quemar hormiguitas en su ruta, tratando de descubrir su origen, o al menos su ingreso a la casa. Parece que reciben el mensaje.

17 de junio de 2018, 11:25

 

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