16 enero 2026

Refrito: Redes y monopolios

(Publicado originalmente el 2 de noviembre de 2011)
Aunque los viejos principios económicos son eternos, están apareciendo fenómenos que las ideas tradicionales no explican. Tal vez la economía de redes sea la novedad más importante; recién estamos viendo sus efectos porque las redes amplias eran, hace menos de quince años, un asunto de ciencia ficción para la mayoría de nosotros.

Nadie soñaba en los ochenta —cuando la conexión entre dos computadoras era complicada y estaba llena de errores— que en pocos años llegaríamos a tener un acceso fácil e instantáneo a más de mil millones de máquinas. El hecho de que nos hayamos acostumbrado a verlo como algo natural en tan poco tiempo demuestra la plasticidad de adaptación de nuestra mente.

Si reflexionamos, vemos que cada gran innovación tecnológica tiene un efecto importante en la economía. La invención de la imprenta trajo el Renacimiento y el surgimiento de los bancos privados a partir de los primeros cambistas de monedas. También fue el inicio del papel moneda, que sustituyó al dinero metálico, pesado y difícil de trasladar.

La Revolución Industrial no solo trajo el capitalismo y las empresas tal como las conocemos hoy, sino también el reinado, por casi dos siglos, de las economías de escala.

El capitalismo del siglo XIX daba por hecho que las empresas debían batallar por la eficiencia, lo que significaría crecimiento y la llegada a una posición de monopolio imbatible. Como fabricar productos en grandes cantidades con procesos estandarizados bajaba los costos —el ejemplo clásico era la línea de producción de Ford—, todos los que fabricaran a una escala menor debían desaparecer.

El fetiche de las economías de escala duró hasta fines de los años setenta y tuvo su culminación en las empresas japonesas, que se dedicaron masivamente a mejorar la eficiencia y a usar robots. Eso, sumado a algunas decisiones de diseño no ortodoxas, fue la explicación del "milagro japonés" que Alvin Toffler creyó imbatible cuando escribió La tercera ola.

Y en cada revolución aparece el mismo vaticinio equivocado: en 1969, uno de los escritores más inteligentes de la época, J. J. Servan-Schreiber, escribió que en menos de cincuenta años existirían tres grandes oligopolios mundiales (General Motors, Boeing e IBM) y un solo computador gigantesco sería compartido por cada hogar en el mundo.

Pocos años después, otro escritor también muy inteligente mostraba por qué Japón iba a dominar el planeta en el año 2000. Incluso ahora, hay algunos despistados que vaticinan lo mismo para China.

El error de la extrapolación viene de la mano con la idea de la economía de escala, que supone que lo que está creciendo lo seguirá haciendo por siempre porque el crecimiento se refuerza a sí mismo. Pero no es así, y la naturaleza está llena de ejemplos que lo contradicen.

Los dinosaurios se extinguieron mientras las hormigas se salvaron; el tamaño es bueno solo en situaciones estables, pero en tiempos de cambio, los grandes tienen enormes problemas de adaptación.

Todo este largo preámbulo sirve para comentar las novedades que ha traído la economía de redes, que muy probablemente irá desplazando a las economías de escala. He escrito antes sobre el asunto, así es que no la explicaré de nuevo.

Solo repetiré brevemente el ejemplo de los teléfonos, que grafica bien el tema. Un solo teléfono no tiene valor porque no podemos llamar a nadie; dos teléfonos ya tienen algún valor y, así, mientras más millones de aparatos puedan conectarse a la red, tendrán más valor de uso; es decir, servirán más.
Sin embargo, su precio o valor de cambio se va empequeñeciendo hasta acercarse a cero. 

¿Cuánto vale hoy un celular? En Chile vale menos que cero, porque podemos comprar uno en 19 mil pesos, pero viene con 20 mil pesos en minutos para llamar; o sea, nos cuesta "menos mil" pesos.
Bueno, esto es lo que siempre se repite acerca de la economía de redes. 

Sin embargo, hay otro asunto que casi no se menciona, o al menos yo no lo he escuchado nunca: para funcionar, la economía de redes necesita monopolios. El secreto en que se basa cualquier sistema de economía de redes es que siempre operan sobre alguna clase de monopolio.

El caso más claro es internet, que solo existe porque se usa un solo protocolo, el TCP/IP, y además se utiliza un solo modelo conceptual de comunicación: el OSI de siete capas. Sin eso, la existencia de internet jamás hubiese sido posible.

Otro buen ejemplo es el sistema operativo Windows. Internet era un monopolio técnico, un acuerdo igual que los estándares HTML y tantos otros en los que se basa; pero Windows es un monopolio comercial, uno de los pocos monopolios comerciales exitosos y estables que existen.

¿Por qué la gente usa Windows siendo que existen sistemas operativos igual de buenos y completamente gratis como Linux y otros? Porque Bill Gates fue el primero que tuvo una visión clara de lo que sería la economía de redes; la entendió antes que nadie y eso lo llevó a convertirse en su tiempo en el hombre más rico del mundo.

Por eso nunca protegió su sistema operativo con hardware como hizo Apple. Gates entendió antes que nadie que era bueno que existieran muchas copias ilegales de Windows —mientras más, mejor—, porque el valor no está en el margen unitario, sino en las conexiones.

Solo cuando algo se convierte en estándar, legal o de facto, puede aprovechar la potencia de la economía de redes, y un estándar siempre se soporta sobre un monopolio. Pero aquí el monopolio no mejora los márgenes como en la economía de escala; al contrario, los lleva al límite infinitesimal.

¿Se han fijado cuántas redes compiten con Facebook? Algunas son incluso más antiguas; a vuelo de pájaro recuerdo a Hi5, Sonico, Live Spaces, Lynx y varias más. ¿Por qué no "pegan"? ¿Por qué ni siquiera Google+, con todo el poder de Google, puede bajar a Facebook?

Porque alcanzó el monopolio y nadie quiere darse la molestia del cambio. Además, para que el cambio valga la pena, tendrían que cambiarse todos de manera masiva y al mismo tiempo. Esa es la economía de redes en acción; Facebook y Google+ son un precioso ejemplo.

Supongamos que al señor Ballmer, sucesor de Gates en Microsoft e inspirado en Steve Jobs, se le ocurriera emularlo y ordenara una nueva versión de Windows con una fuerte protección contra copia.
Es algo que técnicamente se podría hacer sin gran dificultad: gracias a que las computadoras pasan todo el día conectadas a internet, no costaría nada detectar las copias ilegales y bloquearlas. 

¿Por qué no lo hacen? Porque no son miopes como lo fue Jobs; si pierden el monopolio, no lo recuperarían jamás. Y eso no solo mataría a Windows, sino a todos los productos de Microsoft: adiós a Office y a todo lo demás. El monopolio es tan valioso que conviene mantenerlo incluso con enormes "pérdidas".

Eso es lo que todavía no aprenden las industrias del cine, de la música y todos los que aún defienden sus patentes. Las patentes son la ruina asegurada en la economía de redes porque, siendo la tecnología cada vez más fácil de copiar, defenderlas es una derrota segura a mediano plazo.

Esta relación entre economía de redes y monopolios creo que es importante de mencionar, porque no la he visto mucho en lo que he leído sobre el tema. En este caso, los monopolios no solo son eficientes, sino indispensables, a diferencia de las tradicionales economías de escala, donde los monopolios normalmente significan una baja de eficiencia respecto a situaciones de competencia.

2 comentarios:

  1. Más que Windows como modelo de efecto red, cuyo limite es servir para equipos de escritorio, usaría el ejemplo de Android, que por efecto red y la influencia de Google está en muchos más equipos de uso cotidiano que Windows (Microsoft no supo hacerla con Windows Mobile), sumado también por un lado el componente adictivo de las interfaces y por otro el que buena parte de Android como SO es y siga aún siendo open source, lo que permite calmar a sectores que los puedan acusar de monopolio y dar opciones a quienes no comparten la línea pragmática de Google sin hacer una renuncia total a los beneficios, lo mismo con la base del navegador Chromium.

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    1. Yo creo que Windows es no es tanto un ejemplo de la economía de redes -aunque si lo es hasta cierto punto por la facilidad que existe de piratearlo- yo pienso que es un ejemplo de monopolio de tecnología cerrada y comercial que no tiene practicamente ninguna clase de protección.

      Bueno, tiene cierta protección legal para usos corporativos, pero solo se aplica a orgenizaciones muy grandes.

      Como dices, Android es un ejemplo 90% de economía de redes porque es prácticamente gratis, pero tampoco es un sistema completamente abierto, ya que muchos celulares chinos no tienen acceso a Google Play y las apps.

      Yo creo que Windows es el mejor ejemplo justamente porque no se trata de tecnología open source, es propietaria, comercial, hay que pagarla y así y todo tiene un virtual monopolio en los equipos de escritorio, sin necesidad de ser protegido por ninguna ley, o al menos no demasiado protegido.

      Esa permisividad de Microsoft para permitir la piratería y la compra de licencias bajo la mesa es parte de la estrategia de Microsoft desde el comienzo.

      Es un modelo que tiene sus puntos débiles, pero el Open Source también los tiene, y no son pocos.

      El fracaso de Windows Mobile fue precisamente porque en Microsoft se olvidaron de lo que había llevado al éxito a Windows: permitir que lo usaran gratis una enorme cantidad de personas.

      En cuanto se pusieron duros con las licenacias, cagaron.

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