Ahora que Kast llegó a vivir en La Moneda, después de muchos años de presidentes ateos o agnósticos, una de sus primeras medidas ha sido resucitar la actividad de la Capilla de Palacio, con misas de martes a viernes con la asistencia de la pareja presidencial.
Esto desató la histeria del grotesco Manoucheri y su pareja o lo que sea, creo que ambos socialistas, alegando que Chile es un "estado laico" y que -según ellos- no se podrían hacer manifestaciones o ceremonias religiosas dentro del palacio de gobierno.
Obviamente es una idea ridícula que solo demuestra el grado de ignorancia histórica de algunos de estos que se hacen llamar honorables, pero a mi me sirve para hacer un bree comentario sobre la fuerza que ha tenido la llamada "cuestión religiosa" en la historia política de nuestro país.
Chile fue fundado en 1541 y hasta 1818 fue una colonia de España. En esos casi 300 años la Iglesia Católica tuvo un enorme poder temporal, económico y político. Baste recordar que el descubrimiento de América por Colón fue una empresa financiada por los Reyes Católicos Fernando e Isabel.
La monarquía española siempre fue profundamente católica, lo sigue siendo hasta el día de hoy pero durante la Colonia los monarcas eran absolutos, gobernaban por derecho divino y la religión de estado era la Católica, con lo que el poder temporal y político de los curas era enorme.
Partiendo por el hecho de que los reyes tenían un confesor, la Iglesia tenía a cargo el registro de personas, que se hacía en los libros parroquiales donde se anotaban los bautizos, también la instrucción pública era dependiente de la Iglesia, los casamientos y la administración de los cementerios. Es decir estaban "desde la cuna hasta la tumba".
Por todos estos monopolios y privilegios las iglesias o capillas cobraban y aunque las tarifas eran modestas imaginen la cantidad de plata que se juntaba de todo el país. Ya saben el dicho ese de "cien monos cagan más que un elefante".
Todas estas prerrogativas de la Iglesia duraron más que los casi 300 años de la Colonia, cuando nació mi padre, en 1888 el Registro Civil recién se estaba estableciendo y eran los libros parroquiales donde la gente se inscribía. Imagínense, habían pasado casi 400 años.
Cuando se produjo la guerra civil entre patriotas y leales a La Corona, los patriotas, que finalmente ganaron en 1818 proclamando la independencia, quisieron desmantelar todo vestigio de poder de la Iglesia en asuntos terrenales.
Los líderes de la independencia eran todos masones, fanáticos de las ideas de la Ilustración Francesa e Inglesa. O'Higgins en una de sus primeras medidas abolió todos los títulos de nobleza y desde ese momento se produjo la gran fractura social y política entre religiosos y afrancesados.
Sería una simplificación extrema decir que todos los conservadores eran defensores de los fueros de la Iglesia, aunque con el tiempo la influencia de los masones tendió a aglutinar a los liberales o pipiolos en torno a las ideas de la Ilustración y a los conservadores o pelucones en el bando que defendía los fueros de la Iglesia.
Hoy se puede creer que esto fue un asunto sin mucha importancia, pero los conflictos entre iglesia y gobernantes masones o ilustrados fue feroz, y duró al menos dos siglos.
En el Siglo XIX fueron las batallas más sangrientas e importantes con dos guerras civiles contra Manuel Montt y la Guerra Civil de 1891, la más sangrienta de nuestra historia, que dejó mas muertos y lisiados que la Guerra del Pacífico, que se había librado en 1979 contra Bolivia y Perú.
Hay que entender que la cuestión religiosa en Chile no fue algo de blanco y negro, había toda clase de actitudes respecto de los privilegios de la Iglesia y solo unos pocos eran fanáticos defensores o fanáticos enemigos.
Más bien se trataba de que una parte de la sociedad pensaba que la Iglesia como institución debía ser despojada de todos sus privilegios, mientras otros pensaban que debían mantenerlos, al menos en parte. Las guerras civiles eran lideradas por los extremistas de alguna de estas posiciones.
Don Diego Portales por ejemplo se declaraba ateo -pese a que estuvo a punto de hacerse cura- y sin embargo fue uno de los defensores más fuertes de los privilegios de la Iglesia. De él es esa famosa frase "no creo en Dios pero si creo en los curas".
Don Manuel Montt tenía una postura similar, estaba convencido -como Portales- que la Iglesia era un poderoso aglutinador para nuestra sociedad y que al debilitarla, inevitablemente el pueblo ignorante caería en los vicios y la maldad que eran su tendencia natural.
En el gobierno de Montt aparecieron los radicales, que fueron la semilla de los comunistas, años después, eran masones y fanáticos come-curas, por eso los Matta y los Gallo, enriquecidos con la minería de la plata, hicieron dos guerras civiles contra Montt. Perdieron.
Pero el veneno de la Ilustración ya estaba dentro de la sociedad y tenía su gente en el propio partido de gobierno. Cuando pusieron de presidente a Domingo Santa María -que era un fanático come curas- despojó a la Iglesia de los monopolios del registro de nacimientos, matrimonios y cementerios, lo que produjo la enorme fractura que llevaría a la Guerra Civil de 1891.
Los ilustrados de izquierda que vinieron después, se colgaron de la figura del presidente BAlmaceda, que perdió la guerra civil y se terminó suicidando, recrearon la historia asegurando que Balmaceda fue poco menos que un Ché Guevara de su tiempo.
Nada más lejos de la realidad, Balmaceda solo quería conciliar a los conservadores pechoños con los pipiolos come curas, y como quedó en una posición intermedia en una disputa muy polarizada, perdió por todos lados. Esto, sumado a sus arranques de autoritarismo y soberbia terminaron por costarle la vida.
En suma, el gran golpe a los intereses terrenales de la Iglesia lo dió Domingo Santa María, un presidente totalmente olvidado en la historia, mientras que todos los demás, hasta el día de hoy, han visto con simpatía o tratado de llegar a componendas con la Iglesia.
Claro que nunca han faltado pequeños roces y disputas, pero la Iglesia Católica, Apostólica y Romana no en vano ha sobrevivido durante 20 siglos, para esto ha hecho gala de la plasticidad que la ha caracterizado a lo largo de toda su historia.
Con el tiempo las cosas han evolucionado al punto que hoy tenemos curas para todos los gustos. Los que son comunistas, izquierdistas o masones tienen a sus compañeros de ruta jesuitas.
Los socialdemócratas y demócrata cristianos tienen muchísimas congregaciones afines. No es raro por la plasticidad que comentaba antes, la Iglesia es muy plástica y se amolda a la época en que le toca vivir. Como hemos tenido varias décadas de hegemonía socialdemócrata, no es raro que grandes sectores del clero les sean afines.
Y los conservadores de derecha, los momios, también tenemos nuestros propios curitas favoritos, sean del Opus Dei, Legionarios, Lefevristas y unos cuantos más. Como ven, hay curas para todos los gustos políticos, lo que es un buen pronóstico para la supervivencia de esta gran institución.
Personalmente me revientan los come curas, y para qué hablar de esos que creen que ser ateo o agnóstico demuestra inteligencia. Yo pienso que en asuntos de religión -al menos en cuanto a las religiones normales- la inteligencia no tiene nada que decir.
Absolutamente nada. Pero lo que si estoy convencido que cualquier a que tenga una opinión firme y segura sobre los asuntos religiosos es un pelmazo y un idiota, al menos eso creo yo.
La cuestión religiosa en Chile hoy ya está prácticamente extinguida. A nadie le interesa iniciar una nueva cruzada a favor o en contra de alguna forma de manifestación religiosa, mientras sea respetuosa y tolerante con los demás todo bien.
Tenemos la suerte que a estas alturas solo unos pocos lunáticos pierden su tiempo peleando y escandalizándose por asuntos tan rancios como el estado laico y tonteras por el estilo. Son solo cuatro gatos, por mi, que se vayan al diablo.
Al inicio habla de parlamentarios: Manucheri y otros: Me recuerdan a los Palestros en los 70 que hicieron de la Politica un Circo. No recuerdo como terminaron.
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