Un poquito de historia
Desde el Siglo XIX -es decir del nacimiento de nuestra historia republicana- la educación escolar primaria y secundaria ha siso compartida entre establecimientos privados y estatales. En el Siglo XIX hubo batallas campales principalmente entre la Iglesia y los masones para apoderarse de ese pastel.
Esta pelea recrudeció a partir del gobierno de Domingo Santa María que impuso a machete las leyes laicas, pero desde los tiempos de Ohiggins ya el gobierno venía tratando de quitarle la educación a los curas. Así fue como se creó la Universidad de Chile y el Instituto Nacional.
Con el paso de los años el estado empezó a tragarse a los escolares, pero la educación católica siguió conviviendo, aunque muy minoritaria a medida que pasaba el tiempo, En esos años también aparecieron filántropos que fundaron sociedades educacionales, como mi lejano tío abuelo Claudio Matte Pérez.
La guerra de los 200 años
Ha sido una guerra cultural de muy largo aliento porque lleva más de 200 años ininterrumpidos. Con el paso de los años se ha consolidado una situación donde la mayor parte de los estudiantes son atendidos por establecimientos del estado, mientras que los mejores colegios -por lejos- han sido los privados.
Se me olvidó señalar un detalle: la guerra entre masones y curas, mutó a partir de 1990 a una guerra entre el gobierno peleando por mantener supremacía de la educación estatal contra los colegios privados, porque en los años 80, el Gobierno Militar implementó una política que revolucionó la educación en nuestro país.
La revolución de los particulares subvencionados
La idea era esta: el estado reconoce su responsabilidad por financiar la educación gratuita para todos los escolares que la necesitaran, pero no se arrogó la exclusividad de administrar los establecimientos. Así fue como nacieron los Colegios Particulares Subvencionados.
A partir del modelo del "voucher" por el que abogaba Milton Friedman, el gobierno implementó un financiamiento parejo a la oferta, pagando una subvención igual por alumno que asistiera, sin distinguir si el colegio era estatal o privado.
Además desmanteló los establecimientos administrados por el Ministerio de Educación -que era una basura en permanente crisis- y transfirió todas esas escuelas a los Servicios Municipales de Educación, bajo el supuesto que así estarían más cerca de las comunidades de usuarios.
Dos grandes equivocaciones
Estas escuelas y liceos "municipalizados" tendrían que competir con los colegios particulares en la captación de alumnos, el otro supuesto era que esto llevaría a que los colegios municipales buscaran mejorar su oferta para competir.
Ambos supuestos se equivocaban, los servicios municipales eran tan lejanos y desconectados de la realidad como en los años del Ministerio de Educación y jamás movieron un dedo por mejorar su oferta para competir con los particulares subvencionados.
Los creadores de la municipalización pecaron de ingenuos, porque los profesores y directores venían heredados del antiguo sistema estatal y siguieron siendo mediocres como siempre. Además los alcaldes -que quedaron a cargo de gestionar las subvenciones. se robaron hasta el gato.
Todos los colegios municipalizados -salvo muy contadas excepciones- estuvieron llenos de los profesores más mediocres, en locales cada vez más deteriorados y con déficit gigantescos.
La misma plata pero resultados muy diferentes
Mientas que a los particulares subvencionados -con la misma subvención les alcanzaba para contratar a los mejores profesores, construir excelente infraestructura y para colmo permitían a sus dueños ganar mucha plata. Con exactamente la misma plata de subvención por alumno.
La gente entonces empezó a votar con los pies, abandonando masivamente los colegios municipalizados que paulatinamente fueron quedando para los peores, los que eran inaceptables en los buenos colegios.
La crisis de los municipalizados fue espantosa, cada día las escuelas empezaron a cerrar por falta de alumnos y se robaron cantidades enormes de plata que cada ciertos años tenía que ser repuesta con los impuestos de nosotros, los giles.
De haber seguido el curso normal de las cosas, los colegios municipalizados debiesen haberse extinguido solos, siendo reemplazados por particulares subvencionados. Eso debe haber dolido como martillazo en los dientes a los viudos de la "educación pública" que decían que solo el estado era capaz de entregar la mejor educación.
Los miserables: Bachelet y Eyzaguirre
Pero entonces nos llegó el desgraciado segundo gobierno de Michele Bachelet donde una presidenta y su gente, movidos por el resentimiento más miserable no dudaron en arruinar la vida de los pobres niños que les ha tocado estudiar a partir de ese gobierno.
Fue entonces cuando a Nicolás Eyzaguirre, su ministro de educación, se le ocurrió tirar la siguiente joyita:
"Lo que nosotros tenemos hoy día es una competencia entre un corredor que tiene patines de alta velocidad, que es el particular subvencionado con copago, y otro corredor que corre descalzo, que es la educación pública. Entonces, si usted me dice '¿por qué no le pone patines al que está descalzo?', la respuesta es que para ponerle patines a todos, primero tengo que sacarle los patines al que los tiene".
Noten el grado de estupidez y resentimiento que encierra esa maldita frase. Afirmaba -hablando completamente en serio- que para mejorar a todos había que empeorar a los que estaban mejor, esa era la primera condición ¿a que imbécil se le podía haber ocurrido algo así?
Pero no se quedaron en frases porque el año 2015 Bachelet convirtió este resentimiento en ley: la llamada "Ley de Inclusión escolar". Si hay una ley que merece al calificativo de "Ley Maldita", no me cabe duda que es esa.
Algunas de sus geniales disposiciones
Fin al lucro, los particulares subvencionados debieron convertirse en corporaciones sin fines de lucro. Con esto eliminaron el principal incentivo para competir y ser mejores que los demás.
Fin al copago: los apoderados que decidieran aumentar la subvención estatal con un pequeño pago adicional ya no podrían hacerlo, el efecto es que desapareció la posibilidad de tener una educación de calidad similar a los colegios particulares pagados a un precio mucho menor, Perjudicados directos, los alumnos y apoderados.
Fin a la selección: los colegios ya no pueden seleccionar a los alumnos que entran mediante pruebas o entrevista, ahora los colegios se asignan con un infame sistema de tómbola o lotería
Todavía pudieron hacer más daño: los SLEP
Así y todo los particulares subvencionados siguen existiendo y captan más del 50% de la matrícula total. Pero cuando se creía que no se puede hacer más daño que ese, apareció algo todavía peor: la desmunicipalización.
La ley ordena que en cierto plazo, todos los colegios municipalizados sean traspasados a un nuevo sistema, los Servicios Locales de Educación Pública, que se han empezado a implementar desde 2018 y no son otra cosa que una vuelta -camuflada- al control del Ministerio de educación.
Vuelta al sistema que fracasó y debió ser reemplazado en los años 80. Ya han pasado algunos años y podemos ver sus resultados: un descalabro total. Ahora existe un sistema de directores ejecutivos, con atribuciones equivalentes a una patente de corso.
Pueden gastar sin necesidad de licitaciones ni darle cuentas a nadie. Así es como uno de estos sujetos arrendó a precio millonario un hotel boutique completo para establecer allí sus oficinas. Digamos que la tremenda coima tras ese contrato debe ser un invento de la gente mal pensada.
Otro director ejecutivo organizó una fastuosa fiesta de aniversario contratando una limosina para llegar, no solo corrupto, además ordinario, llegando en una de esas limosinas como si se tratara de un casamiento azapeño.
El común denominador de todos estos servicios es que las escuelas se están cayendo a pedazos mientras los gastos de operación han crecido a niveles gigantescos, sin que esos caras de palo acepten rendir cuentas a nadie.
Un fiasco indignante. No se me ocurre otra manera de calificar este engendro que han creado para robarse la plata y de paso arruinar la vida y el futuro a largo plazo a millones de niños que les ha tocado la mala suerte de estudiar en estos años malditos.
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