Cuando yo estudié
Entré a la Universidad de Tarapacá en 1978, las universidades eran altamente selectivas. solo el 7% al 10% de los jóvenes de 18 a 24 años lograba ingresar a la universidad. El embudo era la temida "Prueba de Aptitud Académica". En comparación hoy en día, Chile tiene una cobertura bruta que supera el 80% en ese mismo rango etario.
Pero el cedazo no era solo al ingreso, en el primer año más de la mitad de los estudiantes perdían la carrera y en ingeniería, lo normal era que menos de un 10% llegaran a titularse. Obtener uno de esos títulos universitarios era garantía de un buen pasar en esos años.
La universidad tampoco era exactamente "gratis", porque al ingresar había que pagar una matrícula anual, que era mucho menos de lo que se cobra hoy. En compensación existía existía algo que hoy ha desaparecido: las becas, asociadas a la situación socioeconómica y al rendimiento académico.
El sistema de becas
Los alumnos becados debían llegar con un informe de una asistente social, que era después corroborado in situ por las asistentes de la propia universidad. Un becado podía eximirse de pagar matrícula y hasta podía conseguir almuerzo gratis en el casino de la universidad.
A mi jamás me ha servido para nada mi apellido, pero entre 1979 y 1981 me perjudicó gravemente, porque pese a que no tenía que comer y vivía en la extrema pobreza, las visitadoras sociales jamás me dieron acceso a una beca, pese a que tuve buen rendimiento los dos primeros años,
Solo por el apellido, yo me quejaba a veces diciendo que las asistentes sociales tenían dos enfermedades profesionales que eran hemorroides y cáncer, porque pasaban todo el día sentadas y fumando. Fue medio profético, porque la que a mi me negó la beca por años murió después de cáncer.
La reforma del 81
En 1981 llegó la gran reforma que permitió la creación de las universidades privadas, donde se podía entrar sin dar la Prueba de Aptitud Académica, cosa que nos enfureció y a mi me hizo ganar cierta reputación por hablar mal del Gobierno Militar, aunque jamás me acerqué a la política.
Justo en marzo del 81 no tuve con qué pagar la matrícula y ese año simplemente me rechazaron la posibilidad de matricularme "lo siento, si no pagas no te matriculas" me dijeron. En un acto desesperado me fui a pedir audiencia donde el vicerrector de administración y finanzas.
Era de apellido Cantillana y -por alguna razón- le decían el patas negras, tenía fama de duro, hombre de gobierno que después fue alcalde de Arica, amedrentaba por presencia. Pero mi situación era una emergencia vital, así es que ahí mismo le desembuché todo.
Le mostré que tenía buenas notas, le dije que apenas comía y vivía en una rancha de allegado, que había hecho enormes sacrificios para superar el ciclo básico y que ahora me veía enfrentado a perder todo eso. Cantillana me dijo "mira, yo te voy a firmar como aval de cuatro letras para tu matrícula, confío que las vas a pagar".
Salvado, así pude estudiar ese año. Y el año siguiente, mi buen amigo Pablito Céspedes, que había dejado la carrera en primer año para dedicarse a los negocios y entonces nadaba en plata, me avaló las cuatro letras para la matrícula".
Y al final me fundí...
Nunca pagué nada, porque no tenía de donde sacar y después de titularme se me olvidó todo el maldito asunto. Pero papá fisco nunca se olvidó de mi y hoy, que han pasado como 24 años tengo una deuda millonaria con el crédito fiscal, que aunque quisiera no podría pagar.
Y tampoco quiero, porque cada trabajo que hice para la universidad, haciendo clases, estudios o lo que sea, me descontaron por planilla como el 20%, lo que era varias veces el valor real de lo que yo había quedado debiendo.
Pero el interés compuesto y las multas no perdonan. Peor todavía, en los últimos 10 años por lo menos, no recibí ni un centavo de la devolución de retenciones de impuestos que me correspondían. Con eso están más que pagados maldita sea, porque no era poca plata.
En resumen ese era el sistema cuando yo estudié. En teoría y en la práctica, a nadie que tuviera buenas notas y aprobara los cursos de acuerdo al reglamento lo echaban, aunque yo tuve el handicap de mi apellido y me vi obligado a recurrir a malas artes por lo desesperado de la situación.
Cuando se pudo entrar sin PAA
Cuando el Gobierno Militar abrió la puerta a la creación de universidades privadas, lo hicieron bajo el modelo de Estados Unidos de maximizar la competencia donde el estado ponía mínimas restricciones, libertad de enseñanza total.
Esto desató un escándalo enorme entre los políticos de izquierda e incluso muchos de derecha, que tenían el esquema de la "universidad napoleónica" de Francia, altamente clasista, donde el estado es el rector que garantiza la fe pública.
Bueno, la experiencia ha mostrado que donde hay libre competencia y completa libertad de enseñanza, están las mejores universidades del mundo y la enseñanza más productiva en cuanto a resultados. Y ese modelo no es precisamente el francés.
Desde 1990: Brunner
En Chile hubo dos personajes ligados a la política que convirtieron la educación superior en una estafa, para los contribuyentes y sobre todo para los propios estudiantes y sus padres, Uno de ellos fue don José Joaquín Brunner, que llegó de Europa con la idea que la educación superior sería la mejor escala para la movilidad social.
Creo que Brunner -a diferencia de Bachelet- no fue un canalla, simplemente cometió una equivocación terrible en base a la época y los lugares en que le tocó vivir. En esos años Europa era muy rica y cada vez habían más graduados universitarios, Brunner confundió efectos con causas.
Ricardo Lagos
Esa idea causó sensación en el gobierno de Lagos y Brunner fue aclamado durante algunos años como un gran gurú de la educación, fue ministro y adonde iba le hacían un queque,
No se dio cuenta el pobre, de un principio económico básico e inmutable: solo lo escaso tiene valor económico, porque la economía trata justamente del manejo de la escasez. Cuando masificó la educación superior de la peor manera posible, los títulos universitarios empezaron a valer lo mismo que un dólar de Zimbabue, y por las mismas razones.
Para masificar la educación, había que cumplir con dos requisitos (i) que fuese realmente gratis para todos, incluso para los ricos, y (ii) que bajase violentamente el nivel de exigencia tanto para el ingreso como para la continuidad de los estudios.
Ricardo Lagos planteó que -como los que tuvieran un título universitario tendrían altos ingresos- lo que se necesitaba era un crédito, no becas porque los buenos rendimientos eran muy pocos en un sistema masivo.
Ese era un error fundamental porque a medida que masificaban los titulados menos ingresos tendrían. Eso es algo que pasa en todo el mundo: empezó en Europa y hoy es especialmente grave en China, donde crece la masa de profesionales universitarios cesantes.
Con ese supuesto erróneo, se implemento el Crédito (bancario) con Aval del Estado (CAE) que ha llevado a la situación de una masa enorme donde nadie en su sano juicio lo paga, porque tienen el mejor aval del mundo, el que nunca quiebra: el fisco.
O sea, nosotros, los giles.
Bachelet
Hasta Lagos y Brunner, el financiamiento de la educación superior fue una millonaria equivocación, basada en un error de diagnóstico. Pero Michelle Bachelet introdujo un componente perverso, inmoral y profundamente demagógico que terminó por corromper todo el sistema.
La idea fue plantear que la educación no consiste en habilidades que hay que obtener sino un derecho al que todo el mundo debe tener acceso, garantizado por el estado. En otras palabras "querer es poder".
¿Y quien paga por todo esto? Porque las universidades se han convertido en exitosas mingas, donde los profesores titulares y asistentes se enriquecen con la plata dulce que les entrega a raudales papá fisco... es decir todos nosotros, los huemules.
Esta idea parece tan bonita porque se basa en la demagogia, en negar la realidad evidente que querer no es poder. No todos pueden ser ingenieros, neurocirujanos, físicos nucleares etc. con solo quererlo. Aunque en demasiadas carreras, especialmente de humanidades, han bajado tanto el nivel que cualquiera puede titularse.
Pero hay consecuencias, muy malas consecuencias de esta combinación entre educación masificada y de nivel ínfimo. Esas las consecuencias las vemos en la actuación de los jueces y fiscales, muchas veces ignorantes, impreparados tinterillos con título. En los médicos chambones y para qué hablar de tantos payasos de las ciencias sociales, la educación, en fin, prácticamente en cualquier carrera.
Si lo e Brunner y Lagos fue una equivocación, lo de Bachelet fue una política perversa, a sabiendas que resultaría una estafa para los estudiantes y una ruina para el país. No fue una equivocación sino un acto deliberado para satisfacer ambiciones personales a costa de la ruina de muchos.
El cambio es urgente
Se necesita con urgencia un giro completo, donde el mérito y el esfuerzo vuelvan a ser premiados, donde si se separe a los mejores y se discrimine, porque discriminar es la base de la inteligencia.
Un sistema justo y que no sea ruinoso es volver al antiguo sistema de las becas. No se trata de restringir la oferta universitaria, porque todo el que quiera educarse debería poder hacerlo y de la manera que mejor le parezca.
Pero el concepto de gratuidad incondicional introducido por Bachelet es una manzana envenenada que ha estado matando no solo la educación superior, sino a toda la sociedad, porque hoy no podemos distinguir entre buenos y malos.
Bachelet consiguió para el país lo mismo que decía el tango Cambalache "todo es igual, nada es major, lo mismo un burro que un gran profesor", gracias a su pervertida demagogia estamos repletos de pobres diablos con títulos universitarios que jamás debieron ostentar.
Yo lo veo así: que se vuelva al antiguo sistema de universidades son fines de lucro y sin fines de lucro. El que es tonto y no tiene rendimiento académico suficiente que pague lo que realmente cuesta su carrera, si no puede pagar que se dedique a otra cosa, eso solo nos liberaría de tanto tarado con título.
Que vuelva el antiguo sistema de becas, asociado a la situación económica y sobre todo al rendimiento académico: el que se echa un ramo para afuera o que empiece a pagar lo que vale su carrera. No se puede usar los impuestos de todos en financiar a estúpidos que quieren estudiar. Querer no se poder.

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