(Publicado originalmente el 7 de marzo de 2012)Ya se, debería haber cambiado de tema hace rato. Hasta a mi me aburre escribir más de dos días seguidos sobre lo mismo pero todavía me queda una cosa en el tintero y si no lo coloco ahora después se me va a olvidar. Se trata del bien común, concepto manoseado como pocos -tal vez amor o democracia le hagan el peso- ¿Que es en realidad el bien común?
Primero que todo una distinción importante: el bien común tiene un
significado fuerte y otro débil. En su significado fuerte es lo percibido como
bueno por todos los miembros de una comunidad, sin una sola excepción. Por
ejemplo envenenar el agua potable es algo que claramente va contra el bien
común, no hay una sola persona que lo pueda considerar bueno, porque todos
consumen el agua y dependen de ella para su bienestar.
En su versión débil, el bien común es lo percibido como
bueno para la mayoría, o para un grupo de influencia especial en
la comunidad. Aquí la cosa se complica porque se supone que una de las
facultades del estado es usar su aparato represivo para garantizar el bien
común, entre otras cosas.
Es muy importante tener clara esta diferencia entre el concepto fuerte y el
débil. Sobre el bien común fuerte nadie pone en duda su conveniencia pero,
como existe ese acuerdo unánime, no es necesario que el estado lo proteja:
nadie normal, por ejemplo, intentaría envenenar el agua que beben él y su
familia.
El bien común débil
es mucho más problemático. Partamos por el más aceptable en escala
decreciente, el bien de la mayoría puede ser considerado legítimo en un
sistema democrático que -si lo desnudamos de todos sus adornos- no es otra
cosa que el gobierno donde manda la mayoría. Pero si nada lo limita no nos
podemos quejar de las persecuciones que sufrieron los judíos en Alemania,
por dar un ejemplo.
Luego tenemos
el bien de los grupos de interés poderosos o con influencias: empleados
públicos, ecologistas top, iglesias, consorcios empresariales, grandes
sindicatos. Algunos se apoyan en motivos morales, otros en su poder
económico o su capacidad para dar empleo para exigir que su propio bien sea
considerado como bien común.
Finalmente
el bien más restrictivo de todos es el más garantizado: el bien del gobierno
de turno. Como el gobierno es quien representa y dispone del poder
coercitivo del estado, todo lo que considere bueno para si será
automáticamente considerado como bien común.
Eso explica las leyes de
seguridad del estado, las razones de estado, el cobro de impuestos y muchas
otras actuaciones que hechas por un particular configurarían un delito. Lo
que un gobierno considera bueno para sí generalmente también lo considera
como un bien común.
Como vimos, el bien común en su forma débil es problemático porque siempre beneficia
a unos a costa del perjudicar a otros. Incluso políticas que pueden parecer
neutras, como las de salud pública, pueden violar muchas libertades
individuales en nombre del bien común.
Para que decir que todos se lo tratan
de atribuir para pedir que el estado use su fuerza para proteger lo que a
ellos les conviene, ejemplos hay miles.
Ante
el bien común débil hay dos posturas: los colectivistas dicen que el bien
común débil existe de acuerdo a una determinada visión ideológica. Las
disputas entre ideologías se deben resolver a través de mecanismos
políticos, sean elecciones, consensos o revoluciones, donde los grupos de
interés luchan por imponer su voluntad.
Desde
el punto de vista liberal el bien común débil no existe, no es otra cosa que
intereses individuales agrupados, o como escribió mi amigo
Juan y Medio "la suma confluyente de todas las mezquindades" y
la forma de resolver los conflictos debiera ser a través de precios
asignados por mecanismos de mercado.
El estado no debería usar su aparato
represivo para defender ningún bien común débil atropellando libertades
individuales.
Como en democracia
las mayorías hacen gobierno para satisfacer sus intereses, el bien de las
mayorías y del gobierno son por definición inevitables. Claro que no
pueden ser ilimitados por los abusos a que se prestaría en contra de la
minoría.
Los sistemas de equilibrios entre poderes autónomos, de estado
mínimo, etc. son todas limitaciones para prevenir abusos contra las
libertades individuales de la minoría.
El bien común
que se arrogan grupos que no son demostradamente mayoritarios, o sea no
están respaldados por legitimidad electoral no debería existir en una
sociedad liberal. Las iglesias, fundaciones ecologistas, políticas,
sindicales, empresariales, etc. jamás deberían disfrazar sus peticiones en
nombre del bien común.
Contrariamente a lo que se piensa el bien común no es
superior a los bienes individuales. El bien individual es siempre superior
al bien común.
La gran falacia
consiste en disfrazar mi propio bien, o lo que yo considero bueno, como bien
común y luego pedir que el estado use su aparato represivo para que lo
defienda. Es una de las malas prácticas más comunes de la política.
Ah hay tantas
cosas más sobre esto como los impuestos al pecado, algunas restricciones
legales sobre drogas o salud pública, la educación obligatoria y tantas
otras cosas que invocan al bien común, pero no pienso seguir por ahora.
Lo
dejaré para una entrada en el futuro. Durante un tiempo prometo que volveré
a escribir sobre cosas importantes: copete, minas y el clima por
ejemplo.
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