Yo he tenido suerte porque nunca me han podido pegar un sobrenombre. Hasta donde recuerdo hubo dos intentos pero no duraron nada: cuando trabajaba en ZOFRI me pusieron el Lagarto Juancho, por lo flojo y lo que me gustaba estar todo el día al sol, en la universidad teníamos un compañero experto en poner apodos, tipo que bautizaba se quedaba pegado con el nombre de por vida y a mi me puso Boxitracio, seguramente por lo raro, pero no pasó nada y el sobrenombre -menos mal- nunca pegó.
En represalia a él le pusimos Saltillo y hasta el día de hoy lo recordamos por ese apodo, algunos célebres bautizados por el Saltillo fueron el Corcho Herrera, Cuajinai Araya, Pepe Cortisona Pérez, a un profesor muy bajo le puso Petete, en fin, tenía un talento especial para calzar a la gente con el sobrenombre perfecto. En la universidad la gente se dividía entre los que tenían sobrenombre y los que no: el Matute Sanhueza, el Cacerola, Adamo Hazard, el Piojo (chico, negro y de ojos saltones), el Guagua Carrió (enorme y pesado como un camión), un amigo que no voy a nombrar se puso a si mismo Bombero Loco, porque en sus días de furia entraba a inundar las piezas del pensionado con una manguera.
Loe hermanos Macana, Trancaman o Rucha Ortega, Fosforito (tenía la cabeza muy chica), el Pato Bilingue, el Pato Lucas, el Buche, el Perro Rivas, Gato Oliveros, el Fleto Ruiz, la Ricas Piernas, la Peta Zeta, la Tortuguita, Mandibulín, Arsenio Lupín Medalla y el mejor sobrenombre que he visto era el de un primo de Pablito Céspedes que le decían "Calambre", ¡uno lo miraba y veía un calambre, era igualito!. De mis amigos más viejos están el Jote Viera, el Pillo Gaete, Shorto Morales, el Tuna y tantos otros, no terminaría nunca de ponerlos. En fin, no sé de donde esa manía que tenemos de los sobrenombres pero en Chile casi la mitad de la gente tiene uno. A mi a veces me dicen Pelao y así como voy, en menos de un año, ese apodo va a estar plenamente justificado e instalado: el Pelao Bradanovic. Hay sobrenombres triviales porque se refieren a características evidentes: el chico, el negro, turco, pelao, guatón, cabezón, etc. Pero otros son más sofisticados porque encierran en una palabra lo esencial de las personas, Calambre era uno de esos, el Calambreca era un auténtico calambre, en su estado más puro.
En fin, hoy no tengo mucho tema porque ya son las 2:54 y tengo que estar a las 6 AM tomando el auto para Tacna, solo contarles que vengo de una comida de donde Pratti donde pusimos en el ahumador unas costillas de chancho que quedaron exquisitas, un verdadero tocino crocante con un sabor ahumado delicioso. Me comí unas 6 o 7 batiendo mi propio record, hace tiempo que no me daba una panzada de esas dimensiones pero el plato valía la pena. Las fotos del ahumador las pueden ver aquí. A ver si alcanzo a dormir un rato ahora o sino pasaré de largo. El deber me llama, nos vemos mañana.









Un día más de duro laburo, en fin, mañana descanso y no me levantaré en todo el día a menos que venga un tsunami o alguna fuerza mayor. Me sigue sorprendiendo lo barata que es la vida en el Perú, me fuí a almorzar donde el mecánico que me arregló el cardán de la camioneta hace algunos años que, como buen peruano, tiene un negocito anexo de almuerzos, por tres soles y medio me comí un caldo de pollo y un segundo plato con pechuga de pollo asada, arroz y papas, todo abundante y con el sabroso condimento típico de los peruanos, como si fuera poco me sirvieron un vaso de chicha de jora para bajar el almuerzo, fue como comer en el Restaurant Carola, donde uno entra flaaaaaco y sale como boooola.
Anoche me junté con mis amigos del glorioso Radio Club de Arica. Yo fuí radioaficionado en los años 80 (CE1-OFD) y aunque muy pocas veces hacía radio me gustaba ver como experimentaban con las antenas y equipos y -sobre todo- cuando nos juntábamos a conversar y tomar unas 
